¿Es normal que prefiera a uno de sus hijos?

A cuál de los niños sería realmente peor perder… si lo obligaran a elegir. Son pensamientos que no sólo pasan por su mente

Puede ser que usted sea padre y alguna vez se haya preguntado ¿Es normal preferir a uno de mis hijos? O bien que como hijo se haya preguntado si alguna vez sus padres lo han preferido por sobre sus hermanos.

Según la bloguera estadunidense Kate Tietje, en algunas teorías, lo normal es preferir a uno de tus hijos.

La explicación evolutiva apunta a que se trata de una estratagema en nuestros genes usada para sobrevivir.

Nuestros antepasados, dice Tietje, no podían mantener a todos sus descendientes, por ello establecían una escala de preferencias basada en sus instintos, privilegiaban a quienes creían tenían más posibilidades de seguir adelante. En muchos casos, se tendía a preferir a los varones, por tener más posibilidad de esparcir su semilla, dice elpais.com.

Actualmente, esa práctica ha quedado rebasada, pues en la sociedad industrializada, con pocos hijos por pareja y la mayor posibilidad de criarlos con calidad, ese instinto fue desechado, sin embargo, en algunas situaciones vuelve a ser usado.

Las preferencias pueden variar pues puede que haya épocas en las que se cuide más del hijo menor, porque lo necesita, y se deje al mayor porque ya sabe más.

Asimismo, dice, no significa que el hijo favorito sea tratado con más cariño, pues hay personas que son más rígidas con el preferido. O bien, padres que se vuelvan con un niño discapacitado, aunque según la teoría evolutiva dura tenga menos posibilidades de tener descendencia.

El artículo de Tietje se titula Confesión de una mamá: creo que quiero a mi hijo un poquito más.

La autora tiene dos niños, la mayor, de 3 años, y el pequeño, de 2, y está embarazada.

Y según la traducción proporcionada por elpais.com su artículo dice lo siguiente:

De acuerdo. Este post es serio. Es algo en lo que he estado pensando durante mucho tiempo, pero he tenido demasiado miedo para decirlo. Aunque no puedo ser la única que se siente así. Porque las madres no son perfectas. (…) Así que he inspirado fuerte, y voy a compartirlo.

Creo que quiero a mi hijo solo un poquito más que a mi hija.

Hay momentos -en mis pensamientos tipo La decisión de Sophie- en que me pregunto a cuál de los niños sería realmente peor perder… si me obligaran a elegir. Inmediatamente me siento horrible y quiero ir y abrazarlos a los dos y no dejarlos marchar (…).

Entonces me siento fatal y avergonzada por haber pensado algo así, porque realmente quiero a mi hija y nunca querría perderla. Cuando no es desafiante, es una pequeña niña adorable que me hace reír y maravillarme de todas las historias que cuenta y las cosas que sabe hacer (…).

La cosa es que, en el día a día, encuentro más fácil gravitar hacia mi hijo. Soy más paciente con él. Es menos probable que me enfade con él (aunque lo hago, si hace algo que no debe). Es más probable que le coja y le achuche, o que le dé algo que pida más rápidamente. Soy menos paciente con mi hija, es más probable que pelee con ella o que le niegue algo sin una buena razón. Esto en mis días peores… En los mejores, en los normales, hago un esfuerzo mayor para intentar ser justa con los dos.

Sé que si no hago algo, e intento superar mis extraños rechazos y ser realmente una madre, crecerá para acusarme de estas cosas: «¿Por qué fuiste tan dura conmigo? ¿Por qué fuiste tan impaciente? ¿Por qué no me abrazaste y me quisiste como hiciste con él? Y podría responderla de mil formas… porque él quería que le abrazara más, porque él es más sensible, porque él es más pequeño… porque él me necesitaba más…

No es suficiente. Porque ella tendría razón, y yo no tendría nada que decir. Acepto completamente que lo peor de su comportamiento es totalmente culpa mía. Es culpa mía por preferir silenciosamente a su hermano, por ignorar sus necesidades, por darla de lado y exigirla demasiado.

Tengo la secreta esperanza de que el nuevo bebé sea una niña. Quiero empezar de nuevo con una pequeña niña ahora que tengo salud y soy una madre con experiencia. Quiero amarla y apreciarla como se merece. Y quizá… pueda aprender a amar y criar una niña de la forma adecuada, y pueda usarlo para cambiar y criar mejor a mi hija mayor. Quizá pueda salvarnos a todos antes de que sea demasiado tarde.

Solo espero que pueda ser una madre mejor. Que no lo haya estropeado ya. Porque no es justo querer más a mi hijo… porque mi hija es quién es y necesita mi amor, respeto y aprecio tanto como él. Quizá más ya que es tan independiente y deseosa de apartar a la gente. Espero que pueda dárselo, que pueda ser la madre que ella -y todos mis futuros hijos- merecen».

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