¿Llegó la hora de decirle adiós a las corbatas?

images3.jpgPor ADAM GELLER
Había corbatas hermosas y corbatas horribles.
Delgadas corbatitas beatnik y corbatas anchas de la onda mod. Corbatas para niños con ganchos y corbatas estrambóticas de Jerry García.
Los armarios rebalsaban con corbatas, muchas de ellas regaladas.
Pero ahora da la impresión de que las corbatas -ese pedazo de tela cuyo uso representaba un paso importante en el crecimiento de un muchacho pero que realmente no sirve propósito alguno, a no ser por el aspecto estético- pueden haber entrado en el ocaso.
En una época en que la gente se presenta a entrevistas de trabajo en chancletas, el futuro de la corbata es poco alentador.
Si bien los hombres las han estado usando por siglos y fueron durante mucho tiempo símbolo de masculinidad, las corbatas ya no representan lo que antes. De todos modos, está claro que algunas situaciones todavía requieren una indumentaria formal a la antigua, por lo que tal vez sea un poco temprano para escribir el epitafio de la corbata.
«Uno piensa ‘pobre corbata, tan maltratada'», comentó Candace Corlett, presidente de la consultora WSL Strategic Retail.
Desde hace rato que se viene hablando de la desaparición de las corbatas. A mediados de la década de 1990, el diseñador Gianni Versace ofreció su visión del futuro en un libro titulado «Hombres sin corbatas». En la tapa había un Adonis color bronce que lucía únicamente unas pocas corbatas atadas a la cintura.
Los informales pantalones caqui y las camisas con el cuello abierto están reemplazando a los trajes y corbatas en los sitios de trabajo. El boom de la internet llenó las oficinas de veinteañeros que no sentían la necesidad de ponerse algo alrededor del cuello.
Una encuesta Gallup efectuada en Estados Unidos el año pasado indicó que apenas el 6% de los hombres se ponían corbatas para ir a trabajar, comparado con el 10% en el 2002. Más de dos tercios de los entrevistados aseguraron que jamás se pondrían una corbata para ir a trabajar, comparado con el 59% de cinco años atrás.
Las corbatas todavía tienen sus defensores, personas que experimentan una sensación especial cuando lucen esa pieza.
«Mucha gente me dice ‘El hombre de las corbatas'», comentó Bob Smith, vicerrector de la Universidad de Arkansas, con sede en Fayetteville.
Smith cuenta con una colección de más de 400 corbatas en sus armarios. Son componentes vitales de un trabajo que le exige dar numerosos discursos. Tiene una corbata para cada tema.
Una corbata con una jirafa implica que hablará de las cualidades necesarias para ser un buen supervisor. Una con un cuadro de Charles Rennie Mackintoch de una rosa dentro de una lágrima la reserva para los funerales.
«Cuando entro en un lugar, miran qué corbata llevo. Me preguntan ‘¿de qué vas a hablar hoy?’, y yo les digo, ‘ya se enterarán’. Uno crea cierta expectativa», comentó Smith.
Su colección no le hace sombra a la de Richard Arutunian, un fabricante de corbatas del sur de California que tiene más de mil.
Arutunian niega que la corbata vaya a desaparecer. Dice que es algo irremplazable, algo que contiene un mensaje para mujeres y hombres por igual.
«Para mí, revela más sobre una persona que un par de zapatos», dijo Arutunian. «¿Está tratando de impresionarme? ¿Usa una corbata porque tiene que hacerlo? ¿Cómo hace el nudo?».
Se dice que el origen de la corbata se remonta a comienzos del 1600, cuando combatientes croatas se colocaron telas alrededor del cuello antes de una batalla.
Por mucho que cueste creerlo, los hombres lucieron todo tipo de cosas alrededor del cuello por siglos. Hasta que a fines del siglo XIX comenzó a imponerse el traje hecho a medida. En la década de 1920 nació la corbata moderna y fue prontamente adoptada por los empleados de oficinas.
La corbata siguió ganando popularidad hasta los años 60 y 70, en que alcanzó su máximo esplendor.
Esos días han quedado en el olvido.
Cada vez hay menos fabricantes. En Estados Unidos quedan unas dos docenas, comparado con los más de 600 de hace medio siglo. El negocio está dominado por un puñado de firmas grandes y muchas de las corbatas que se venden en el país son hechas en el exterior. De hecho, en Estados Unidos dejó de existir hace poco la asociación de fabricantes de corbatas, la Men’s Dress Furnishings Association.
Su cierre es visto como una confirmación de que la corbata ha pasado a mejor vida.
Todavía hay campos en los que la corbata es de uso obligatorio, especialmente entre abogados y en el mundo de las finanzas.
«Cuando uno usa una corbata indica que se ha vestido especialmente para la ocasión», señaló Amy Klaris, de la firma consultora Kurt Salmon Associates.
Lee Terrill, presidente de la división de corbatas de Phillips-Van Heusen, la principal fabricante de esa pieza en Estados Unidos, sostiene que en una economía débil como la actual, cuando uno busca trabajo debe causar una buena impresión y ello impulsará el uso de corbatas, e incluso de trajes.
En los últimos 10 o 15 años, los códigos de vestimenta han cambiado y los hombres se alejaron de las corbatas. «Era una expresión de su individualidad. No usaba corbata porque no tenía que usar corbata», dijo Terrill. «Ahora que tanta gente ha dejado de usar corbata, es al revés: uno expresa su independencia usando una».
La consultora cree que Terrill vive en un mundo de ilusiones y que no se revertirá la tendencia.
«Es como decir que las mujeres volverán a usar medias largas. Cuando uno libera a su cuerpo de la corbata y las medias de nylon, tal vez las vuelva a usar de vez en cuando en ocasiones especiales, pero nadie volverá a usar una corbata los cinco días de la semana», sostuvo Corlet.

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