¿Quién es Carla Bruni, novia del presidente Sarkozy?

images1.jpgPor: Alberto Duque López
Mientras el mundo seguía  con expectativa el proceso de liberación de tres rehenes en manos de la guerrilla colombiana, y se estremecía con los estragos del fundamentalismo que se cobraba la vida de la ex primer ministra pakistaní Benazir Bhutto, millones de franceses seguían divididos alrededor de una historia de amor, protagonizada por su presidente Nicolas Sarkozy y una hermosa y polémica mujer que lleva muchos años ocupando las carátulas de las revistas del corazón, Carla Bruni.
En un país donde, por tradición, la vida privada de sus gobernantes y altos funcionarios es respetada por los medios (nadie dijo nada sobre la otra hija de Francois Mitterand, hasta su aparición en el sepelio, ni sobre las escapadas eróticas de Jacques Chirac que le valieron el apodo irónico de “cinco minutos”, ni sobre las amistades hollywoodenses del super ministro Jack Lang, entre otros), provoca irritación que Sarkozy haya aireado en público sus sábanas, desde cuando convirtió el divorcio de su esposa Cecilia, en pleno debate electoral, en tema cotidiano hasta ahora, cuando aparece en revistas y periódicos del mundo con la camisa abierta, gafas Ray Ban, ropa deportiva, piel tostada y un aire de satisfacción envidiable, recorriendo con Bruni, como turistas ocasionales, los sitios más atractivos de Egipto. Han navegado por el Nilo, han visitado las pirámides, han almorzado a bordo de un yate privado y han resistido el asedio de centenares de fotógrafos que no pierden un solo gesto de los enamorados.
Los franceses están divididos en grupos irreconciliables. Los que sostienen que Sarkozy, maestro indiscutible de la imagen y las relaciones públicos, se fabricó esta historia de amor para restarle notoriedad a los graves problemas que afronta su gobierno, sobre todo con los sindicatos, y por la excesiva cordialidad que mostró durante la visita de Muamar Gadafi, un personaje a quien los franceses no aman lo suficiente. Los otros dicen que sí, que están enamorados y que tienen derecho a ser felices. Otro grupo, moralista, una flor rara en un país como Francia, sostiene que la dignidad del poder no puede compartir sábanas con una mujer que en el pasado ya lo hizo con muchos famosos. Mick Jagger, entre otros, y el ex primer ministro francés Laurent Fabius.
Todo comenzó en Eurodisney, el parque temático donde fueron vistos y retratados de la mano, tranquilos, sin saber la avalancha de noticias y rumores que se avecinaba. El novio le lleva 13 años a la doncella y es 13 centímetros más bajo que ella. No importa. En esa ocasión no hicieron comentarios pero durante su travesía por Egipto, acompañados de amigos y familiares, la discreción saltó todos los límites, y eso es lo que molesta a millones de franceses, que no tenga un poco de pudor y reserva. Sobre todo cuando la muchacha repite en todos los tonos: “Aunque tenga novio, nunca me siento emparejada…Soy como una kamikaze con una sola obsesión: vivir, vivir y vivir”. Coincide fugazmente con su novio quien, durante la última campaña electoral expresó: “El amor es lo más importante para mí”.
El viernes, antes de Navidad, un 56% de los franceses, según un sondeo publicado por Le Figaro, lo apoyaba en esta aventura romántica. Sarkozy debe estar tranquilo mientras finaliza su viaje al Nilo. Como sostiene un analista, a propósito de los alcances de la maquinaria política que sostiene al presidente, en su engranaje no existe el azar, todo está calculado y este romance no escapa a esa concepción del poder. Además, sostiene relaciones profundas con los principales medios informativos, los que moldean la opinión de los ciudadanos de la calle. Sus electores.
Por supuesto, una mujer con una vida tan agitada como Carla Bruni, es objeto ahora de un escrutinio feroz por parte de una prensa que no entiende qué le encuentra de atractivo su enamorado presidente. Repiten y reeditan sus entrevistas en las que afirma: “Yo soy fiel conmigo misma. Me aburro como una ostra con la monogamia. Soy monógama de vez en cuando, pero prefiero la poligamia y la poliandria… El amor dura mucho tiempo, pero el deseo ardiente, de dos a tres semanas”
En los círculos de la farándula europea le dicen Terminator, porque arrasa con todo y repiten una historia que la pinta de cuerpo entero. Ocurrió en casa del editor Jean Paul Enthoven, donde se reunían varios intelectuales a criticar a Sarkozy.
Enthoven y Bruni, eran pareja. A las reuniones asistían el hijo del editor, Raphel y su esposa  Justine Lévy, hija del  filósofo Bernard Henri-Lévy. La tranquilidad del grupo se volvió astillas cuando Bruni se encaprichó con Raphël, hijo de su novio, se casaron, tuvieron un hijo y hundieron  a Justine en la depresión, los psicofármacos y la
escritura de un libro desgarrador que reconstruye todo ese drama, “Rien de grave” (Nada grave), en el que se detalla cómo la pérfida Paula (nombre atribuido a Bruni) le hundió un matrimonio feliz.
Carla Bruni Tedeschi, su nombre completo, cumplió  39 años el domingo 23. Nació en   Turín y la abandonó con la familia a los cinco años cuando el abuelo, el industrial Alberto Bruni-Tedeschi, fue amenazado por las Brigadas Rojas. Se instalaron  en París en 1973 y Carla, empujada por su padre que componía óperas y  su madre,  concertista de piano estudió canto, piano y guitarra. Su hermana Valeria, es hoy una de las actrices y directoras de cine más reconocidas de Europa.
Abandonó los estudios de Arquitectura y entró al modelaje, con  “su perfil de cariátide, su mirada felina y su gélida belleza que le proporcionaron los primeros contratos. Al poco tiempo, ya se cambiaba los tacones entre Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Cindy Crawford”.
Diez años después, se dedicó a la guitarra y la composición, abandonó el modelaje. Escribió canciones  para otros autores, lanzó un álbum, Quelqu’un m’a dit (Alguien me ha dicho), que vendió dos millones de ejemplares con su voz rasgada y un tema titulado “Soy excesiva” que la retrata bien. Su segundo disco, “No promises”, lanzado en enero de este año, con versiones de poetas como William Butler Yeats o Emily Dickinson, fue un fracaso. No era lo suyo.
Dicen los chistosos que el  28 de enero, cuando Sarkozy apague  53 velas, ella le cante como Marylin lo hizo con John F. Kennedy. Es posible. Mientras algunas publicaciones insisten en algunas de sus frases pertinentes: “El sexo es una de las ventajas de envejecer. La edad aumenta la sensualidad y el placer”; “No hay nada más injusto que el capitalismo. No es posible acumular con tanto desenfreno. Aunque cómo puedo decir yo esto, cuando me aprovecho de ello de forma tan desastrosa”; “Mis padres siempre han votado a la izquierda. Jamás votaré a la derecha”.
Lo curioso es que muchos coinciden con su rival en las elecciones pasadas, la socialista Ségolène Royal: “Cuando se baje del tiovivo, a lo mejor se ocupa de los problemas de los franceses”. Otro personaje, Laurent Joffrin, director de Liberation, comenta: “Sarkozy ha pulverizado al presidente institucional para coronar una sociedad política del espectáculo. Del General de Gaulle a Sarkozy, hemos pasado de la Gran Historia a Gran Hermano”.
El toque pintoresco a esta telenovela lo suministran las suegras. La madre de Bruni asegura que se casan pronto. En cambio, la madre del presidente soltó una frase lapidaria: “Espero que no vuelva a casarse”.
Mientras, ¿qué hace Cecilia, la ex esposa? Está en Londres, con un escritor. FIN de la telenovela, por ahora. Ya emitieron el primer capítulo sobre la pareja que se conoció el 23 de noviembre, durante una cena, en la que ella cantó y él, quedó encantado.

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