El color de la piel: por qué blancos y negros

El trabajo de la investigadora Nina Jablonski se centra en el estudio de la piel de los humanos desde la paleontología, la evolución, la antropología, la genética.

El color oscuro, apunta ella, ya estaba presente cuando nuestros ancestros de hace un millón y medio de años habían perdido su capa de pelo. Eso los habría dejado expuestos a la inclemencia del sol, pero no, ya tenían su propio protector solar en la forma de la melanina, el pigmento que produce el color oscuro de la piel.

Pero antes que eso. ¿Por qué se perdió el pelo? Bueno, no todo pues algunas zonas de nuestro cuerpo lo mantienen, aunque en esencia estamos desnudos. Ocurrió por la necesidad de mantener nuestra temperatura corporal baja porque ya estábamos moviéndonos de manera vigorosa en un ambiente muy caliente. Alrededor de unos dos millones de años nuestros ancestros, los primeros miembros del género Homo ya eran unos caminadores fuertes, corrían mucho y toda esa actividad bajo el sol ecuatorial generaba muchísimo calor. El calor se disipa por la superficie de la piel. La salida mejor fue sudar sin el estorbo de todo ese pelo.

El sol es fantástico, pero tiene una enorme cantidad de rayos peligrosos, en especial los ultravioleta. La mayoría de los animales se protege con sus pelambres. Para el Homo sin esa protección el recurso fue aumentar la producción del pigmento, para lo cual las células especializadas en producirlo se dieron a la tarea. Esto fue una revolución muy importante en la historia humana porque nos permitió no solo vivir en climas cálidos sino seguir en nuestro camino evolutivo hacia el Homo sapiens.

La melanina no solo nos protegió del sol, sino que nos dotó de una capacidad enorme de preservar una cadena de reacciones químicas relacionadas con la reproducción exitosa: el folato se mantuvo y con ello no nos privó de sus beneficios, entre ellos la generación de células nuevas y la fabricación de ADN.

Pero si eso es así, ¿por qué no todos tenemos hoy en día la piel oscura?

Así lo fue durante la mayor parte de la historia evolutiva de la humanidad. Pero lo que vemos ahora es el producto de eventos evolutivos que se dieron cuando pequeños grupos humanos iniciaron su salida de África. Nuestra especie se originó hace unos 200.000 años y sufrió una diversificación enorme, en la cultura, la tecnología, la lingüística, antes de su salida para colonizar diversas partes del mundo. Eso venía acompañado de la posibilidad de entrar en zonas donde el sol era mucho menos fuerte, se tenían estaciones y los niveles de ultravioleta eran menores. Ahí es cuando se ven patrones genéticos diversos para la producción de la melanina. Una piel oscura habría sido un problema en esas condiciones pues la poca luz solar necesitaba ser optimizada, debía pasar porque algunos de sus rayos son esenciales para la fabricación de vitamina D.

Los humanos terminaron dotados de una gama genética enorme para los colores de la piel. Una diversidad tan grande que no existen cortes claros entre las distintas poblaciones. Los individuos tienen diferentes grupos de genes, que de alguna manera permiten separaciones biológicas entre ellos, pero ellas se sobreponen. No existe una línea clara de demarcación de las diferencias. Esta es una de las razones, tal vez la primaria, para que los genetistas afirmen que, desde la biología, no existen las razas humanas.

Cada población humana es única, y viene acompañada de patrones geográficos que marcan las diversidades. Pero lo más importante es que todas las variantes vienen del origen africano de nuestra especie. Lo interesante es que dentro de un único grupo humano existen entre sus miembros muchas variaciones que incluso son más que con otras poblaciones. De ahí que los intentos para identificar razas en humanos han fallado.

Por eso la raza sigue confinada al concepto de construcción social. No quiere decir esto que todos los factores que definen a los diversos grupos humanos como la cultura y los rasgos físicos no sean importantes. Tal vez lo mejor sea considerarlos como el ejemplo más nítido y hermoso de que los humanos vienen en un casi infinito número de presentaciones.

Y si nuestra evolución en los colores de la piel fue una interacción con las condiciones del entorno ¿ocurrió igual con la evolución de nuestros cerebros? No existen argumentos biológicos para afirmar tal cosa pues la mayoría de las especializaciones del cerebro humano ya habían sido establecidas antes de que los humanos iniciaron su salida de África. Y si ocurren son menores. Lo que se sigue dando son adaptaciones, respuestas diferenciales a los diversos entornos y desafíos culturales. Y lo más importante, si se dan, lo hacen por igual en todos los grupos humanos. De ahí que el alegato de que existen diferencias cognitivas que se puedan asignar a determinados grupos (los intentos son muchos, encaminados a asignar mayor inteligencia a los blancos, todos fallidos) no se sostiene desde la biología y la genética.

Pero volviendo al color de la piel, en qué momento histórico el color oscuro se estigmatizó y se asoció a inferioridad social. Jablonski nos trae una respuesta venida de sus copiosos estudios. “Podemos saber de ese momento. En el registro de las primeras interacciones entre personas de diferentes colores de piel —en el antiguo Egipto hace unos cuatro a siete mil años— vemos una historia de interacciones armoniosas a lo largo del Nilo, personas de piel oscura, personas de piel clara, interactuando con respeto mutuo hacia las diferentes culturas. No se ven indicios de algún prejuicio, solo un reconocimiento de la diferencia”

“Además”, continúa la investigadora y ya hablando de la desgraciada invención social de la esclavitud, “en las culturas griegas y romanas los esclavos venían en todos los colores. Pero tristemente y para mayor oprobio, los venidos de África fueron tomados como los mejores esclavos porque se conseguían en grandes cantidades del África ecuatorial a través de las redes de intercambio. Ahí empezaron a asignarles rasgos negativos a su personalidad”.

El prejuicio se regó y potenció en Europa en los siglos XVI y XVII. La necesidad de mano de obra regalada para el mercantilismo colonial hizo que ante la escasez se iniciara un movimiento tan ignominioso y canallesco que clamaba por “consigamos más esclavos”. Para lograrlo fue importante que se criara al esclavo como perteneciente a una clase humana inferior. Se lo redujera a la categoría de sub-humano. Libertad total para comerciar con individuos que no merecen respeto alguno. Y si a esto le añadimos que figuras importantes de la historia lo avalaron en su momento, Linneo, Kant, Jefferson, y muchos otros que hoy siguen declarando la superioridad de los blancos, difícil romper con los prejuicios.

Aunque ahora la piel bronceada se valora tanto entre los blancos como sinónimo de salud y bienestar, aún a costillas de ganarse un cáncer de piel, y el blanco en algunas culturas (lo vimos entre las bellas pieles marfil de las muchachas orientales), se aprecia tanto que se blinda el cuerpo al sol, al final el intercambio del descontento solo es posible porque la evolución nos dotó de una gama infinita de intensidades y tonos en el color de la piel.

Lo mejor tendrá que ser disfrutar de lo que se nos ha dado y como siempre, celebrar la diversidad, lejos de prejuicios y de ideas odiosas y perniciosas de superioridad alguna de cualquier grupo humano sobre otro.

Por: Josefina Cano Bióloga y Genetista