Los desconocidos síntomas del cáncer de ovario

Un simple análisis de sangre puede detectar un 86 % de los cánceres de ovarios

Algunos de los problemas que provoca pueden ser confundidos con patologías más habituales y suelen pasar desapercibidos

El cáncer de ovario es uno de los más difíciles de detectar porque los síntomas suelen confundirse con otras dolencias y sólo se pueden diagnosticar a través de analíticas de sangre o pruebas de diagnóstico por imagen.

El cáncer se origina cuando las células en el cuerpo comienzan a crecer en forma descontrolada. Las células de casi cualquier parte del cuerpo pueden convertirse en cáncer y propagarse. Hasta hace relativamente poco, se pensaba que el cáncer de ovario comenzaba solamente en los ovarios, pero la evidencia reciente sugiere que muchos casos de cáncer ovárico en realidad pueden originarse en las células del extremo más distante (distal) de las trompas de Falopio.

De hecho, científicos especializados en células madre del Centro Médico Cedars-Sinaí han publicado recientemente en la revista científica «Cell Reports» un estudio en el que han identificado una mutación genética que pone a las mujeres en alto riesgo de padecer este cáncer y que permite predecir muchos años antes si lo padecerán. El trabajo identifica cómo los tejidos creados, conocidos como organoides, tienen el potencial de predecir qué mujeres desarrollarán cáncer de ovario con años o incluso décadas de antelación, lo que permitiría estrategias de detección temprana y prevención.

El cáncer de ovario es uno de los tumores más dañinos a los que se puede enfrentar una mujer..

¿Qué son los ovarios?

Los ovarios son las glándulas reproductoras de las mujeres que producen óvulos para la reproducción. Estos óvulos se desplazan desde los ovarios a través de las trompas de Falopio hacia el útero donde el óvulo fertilizado se implanta y desarrolla en un feto. Además, los ovarios (ubicados uno en cada lado útero) son la fuente principal de las hormonas femeninas, el estrógeno y la progesterona.

Los ovarios están compuestos por tres tipos de células y cada una de ellas puede generar un tipo de tumor distinto, según explica la Sociedad Americana contra el Cáncer: Los epiteliales (benignos, de escasa malignidad y malignos) son los tumores ováricos más habituales y se forman en las células que cubren la superficie externa del ovario. Los tumores de células germinales (la mayoría benignos) se originan de las células que producen los óvulos y los tumores del estroma (representan el 1 por ciento del total, la mitad afectan a mujeres mayores de 50 años y suelen tener un buen pronóstico) tienen un origen en las células del tejido estructural que sostienen el ovario y producen las hormonas femeninas estrógeno y progesterona.

¿Qué son los quistes ováricos?

Un quiste ovárico es una acumulación de líquido dentro de un ovario. La mayoría forman parte de un proceso normal de ovulación (liberación de óvulos) y de ahí que se llaman quistes funcionales. Suelen desaparecer solos en unos meses. De todas formas, si detecta el médico la presencia de alguno puede sugerir la revisión periódica para ver si desaparece o aumenta de tamaño.

De hecho, suelen ser quistes que afecten de una manera más directa a las mujeres que no ovulan (niñas o mujeres que han pasado la menopausia. En la mayoría de las ocasiones suelen ser benignos, pero un porcentaje bajo son cancerosos. Los quistes benignos (calificados tras un estudio por imagen) deben ser controlados pero no suelen ser retirados mediante cirugía a no ser que presenten problemas de funcionalidad a la paciente (molestias al orinar o en el estómago o dolor abdominal). estas cirugías se suelen realizar cuando ya tienen un tamaño considerable y la recuperación suele ser de al menos un mes, por lo que se deja en manos del paciente y no se recomienda su extirpación porque se limita a una cuestión estética.

¿Cuáles son los síntomas?

El cáncer de ovario puede comenzar a manifestarse de una o de varias formas y algunas de ellas pasan desapercibidas porque suelen ser confundidas con otras molestias cotidianas. Es el caso de sensación de hinchazón, la sensación anormal de saciedad durante las comidas tener dificultar para comer. Otras más evidentes son el sangrado o secreción vaginal excesiva (sobre todo tras la menopausia), dolor o presión en el área pélvica, dolor abdominal o de espalda, cambios en los hábitos de ir al baño, como necesidad de orinar con mayor frecuencia o urgencia y/o estreñimiento. Además, de los síntomas citados anteriormente, la Clínica Mayo menciona otros a tener en cuenta como la pérdida inusual de peso, náuseas o la fatiga.

El mayor sistema de salud de Reino Unido, NHS, ha alertado de que sentirse hinchada de manera frecuente sin causa aparente es un posible síntoma de cáncer de ovario que debe alertar a las mujeres. Esta “sensación de hinchazón” puede percibirse desde la zona más baja del vientre hasta la región donde se encuentra localizado el estómago, y por lo general se debe a una acumulación de líquido dentro del abdomen, un síntoma conocido como ascitis.

Esta llamada de atención surge después de que la ONG Target Ovarian Cancer advirtiera de que la mayoría de las británicas desconocían que la hinchazón es un síntoma clave del cáncer del ovario. Según una encuesta realizada por la entidad no gubernamental entre 1.000 mujeres, el 79 por ciento no relacionaban el hinchazón con un posible síntoma de la enfermedad, mientras que el 68 por ciento no sabía que el dolor abdominal también podría ser un síntoma de cáncer ovárico y el nueve por ciento no sabía que sentirse llena es otro.

Además, la mayoría de las mujeres (99 por ciento) no sabían que la necesidad de orinar con más frecuencia también es un signo. La encuesta también refleja que los profesionales médicos también yerran en sus diagnósticos y en muchas ocasiones confunden los síntomas y les diagnostican síndrome del intestino irritable.

Nadie mejor que uno mismo para conocer cuando un síntoma es anormal o no. De todas formas, si algún síntoma de los menos evidentes se prolongara durante más de dos semanas, es recomendable acudir al médico para que le haga un reconocimiento y descarte que se trate de algo importante.

Factores que aumentan el riesgo

Envejecimiento. El riesgo aumenta con la edad. El cáncer de ovario es poco común entre las mujeres menores de 40 años y la mayoría de los casos se dan después de la menopausia (la mayoría afectan a mayores de 63 años).

Sobrepeso u obesidad. La obesidad es un factor clave para el desarrollo de muchos cánceres. Su vinculación con el cáncer de ovario no está claro, pero las mujeres con un índice de masa corporal superior a 30 tienen una mayor probabilidad de sufrirlo.

Maternidad tardía o no tener un embarazo a término. El cáncer de ovarios afecta en mayor medida a mujeres que se convierten en madres más allá de los 35 años o que no han sido madres.

También aumentan las probabilidades para las mujeres que se someten a una terapia hormonal con estrógenos después de la menopausia.

Antecedentes familiares de cáncer de ovario, de seno o cáncer colorrectal. La probabilidad de padecer cáncer de ovario aumenta si la madre, hermana o hija tienen o tuvieron un cáncer ovárico. El riesgo aumenta si son varios familiares los que lo han padecido y si proceden de la familia del padre.

Síndrome hereditario de cáncer de seno y ovario. Este síndrome es causado por mutaciones hereditarias en los genes BRCA1 o BRCA2, así como posiblemente por algunos otros genes que aún no han sido descubiertos. Este síndrome está vinculado a un mayor riesgo de cáncer de seno, ovario, trompa de Falopio, y cánceres peritoneales primarios. También aumenta el riesgo de algunos otros cánceres, como el cáncer pancreático y el cáncer de próstata.

Cáncer colorrectal hereditario sin poliposis. Las mujeres con este síndrome tienen un riesgo muy elevado de cáncer de colon y un mayor riesgo de cáncer de útero (cáncer endometrial) y cáncer de ovario. Muchos genes diferentes pueden causar este síndrome. El riesgo de cáncer de ovario en el transcurso de la vida de una mujer con cáncer de colon hereditario sin poliposis (HNPCC) es de aproximadamente 10%.

Síndrome Peutz-Jeghers. Este síndrome genético poco común provoca pólipos en el estómago y en el intestino durante la adolescencia y las personas que lo sufren tienen un alto riesgo de cáncer de tracto digestivo (esófago, estómago, intestino delgado, colon). En el caso de las mujeres, también afecta a los ovarios.

La poliposis asociada con la mutación del gen MUTYH provoca pólipos en el colon y en el intestino delgado. Además, las personas con esta mutación personas son más propensas a padecer otros cánceres, incluyendo el de ovario y vejiga.

El uso de tratamientos de fertilidad aumenta aumentar el riesgo de padecer tumores ováricos limítrofes o de escasa malignidad.

Antecedente por cáncer de mama. Si ha tenido cáncer de mama aumenta las posibilidades de padecer cáncer de ovarios en el futuro, sobre todo en las mujeres con antecedentes familiares.

Endometriosis. Esta enfermedad crónica debilitante que afecta a la salud de 1 de cada 9 mujeres en edad reproductiva provoca que un tejido similar al revestimiento del útero crece en otras partes del cuerpo, causando dolor e infertilidad. Diversos estudios han demostrado que los enfermos de endometriosis tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar cáncer de ovario epitelial. Investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) han demostrado la existencia de un vínculo genético entre los subtipos de endometriosis y cáncer de ovario, lo que les ha permitido identificar posibles dianas terapéuticas y aumentar el conocimiento de ambas enfermedades.

En este trabajo, publicado en la revista científica ‘Cell Reports Medicine’, estos investigadores realizaron un amplio estudio genético para identificar la base genética de este riesgo, con el fin de comprender mejor el solapamiento biológico entre estos trastornos reproductivos.

“Hacía falta más información sobre cómo se desarrollan, sus factores de riesgo asociados y las vías que comparten la endometriosis y los distintos tipos de cáncer de ovario”, explica la líder de la investigación, Sally Mortlock, que añade que, aunque las enfermedades están vinculadas genéticamente, el riesgo de cáncer de ovario para quienes padecen endometriosis no es sustancialmente mayor.

¿Polvos de talco? Muchos estudios han vinculado la relación entre el uso de los polvos de talco y el cáncer de ovario pero ninguno ha sido totalmente concluyente, aunque puede haber cierta relación.

Lo mismo ocurre con la alimentación. Algunos estudios han mostrado que las mujeres con una dieta rica en verduras o baja en grasa tienen menos probabilidades de padecer la enfermedad.

La Sociedad Americana Contra El Cáncer recomienda para prevenir cualquier tipo de cáncer y otras enfermedades llevar una alimentación saludable que incluya suficientes frutas, verduras y cereales integrales, y que limite o evite el consumo de carnes rojas, bebidas con azúcar y alimentos procesados.

Factores que pueden reducir el riesgo de cáncer de ovario

Embarazo y lactancia. La maternidad protege del cáncer de ovario. El riesgo se reduce con cada embarazo a término. Además, la lactancia materna reduce aún más las posibilidades.

Control de la natalidad. Las mujeres que han usado anticonceptivos orales también tienen menos probabilidades de sufrir la enfermedad. Cuanto más tiempo usen la píldora menor riesgo tendrán. Otras formas de regulación de la natalidad como la ligadura de trompas o el uso de dispositivos intrauterinos también “protegen”.

Formas para detectarlo de forma temprana

Las dos pruebas que se usan con más frecuencia para detectar el cáncer de ovario son la ecografía transvaginal (TVUS) y la prueba de sangre CA-125. La ecografía transvaginal es un estudio que usa ondas sonoras para examinar el útero, las trompas de Falopio, y los ovarios mediante la colocación de una sonda o transductor de ecografía en la vagina. Este examen puede ayudar a encontrar una masa (tumor) en el ovario, pero no puede indicar con precisión si una masa es cancerosa o benigna. Cuando se usa como prueba de detección, la mayoría de las masas encontradas no son cáncer.

La prueba de sangre mide la cantidad de una proteína llamada CA-125 en la sangre. Muchas mujeres con cáncer de ovario tienen altos niveles de CA-125. Esta prueba puede ser útil como un marcador tumoral para ayudar a guiar el tratamiento en mujeres que se sabe tienen cáncer de ovario, ya que un nivel alto a menudo desciende si el tratamiento está surtiendo efecto. El problema con el uso de esta prueba es que otras afecciones comunes como la endometriosis o la enfermedad inflamatoria pélvica también disparan los valores de esta proteína.

Tasas de supervivencia del cáncer de ovario

El cáncer de ovario es la la primera causa de muerte ginecológica en mujeres porque su detección no suele ser en estadios tempranos y suelen estar extendidos en ganglios y otros órganos. Así, se dice que el cáncer está localizado cuando no hay signos de que el cáncer se haya propagado fuera del ovario. Se habla de cáncer regional si se ha propagado fuera de los ovarios hacia estructuras o ganglios linfáticos cercanos. Y el distante es el cáncer que se ha propagado a partes distantes del cuerpo, como al hígado o a los pulmones.

Por ello, la tasa de supervivencia es muy distinta en función de el estadio. En el caso del localizado, el 92 por ciento de las mujeres sobrevive a los cinco primeros años, cifra que cae al 75 por ciento en el caso del cáncer regional y al 30 por ciento en el distante.

Avances científicos esperanzadores

Sin embargo, el avance de la ciencia hace que cada vez más casos de cáncer sean potencialmente curados. Así, un grupo de bioingenieros de la Universidad de Rice, en Texas (EE.UU.) han demostrado que pueden eliminar el cáncer de ovario y colorrectal en etapa avanzada en ratones en seis días con un revolucionario tratamiento implantable de perlas productoras de fármacos, que podría estar listo para ensayos clínicos en humanos a finales de este año.

Los investigadores utilizaron “fábricas de medicamentos” implantables del tamaño de la cabeza de un alfiler para administrar altas dosis continuas de interleucina-2, un compuesto natural que activa los glóbulos blancos para combatir el cáncer.

Cada una de las perlas productoras de fármacos alberga células diseñadas para producir interleucina-2 y se pueden implantar con una sencilla cirugía.

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