Pese a la creencia generalizada, la raza no condiciona el comportamiento de los perros

El perro Jakane O’Donnell

Un equipo científico asegura que las diferencias entre razas caninas sólo explican el 9% del comportamiento. La educación, el entorno y el estilo de vida desempeñan un papel mucho más importante en el desarrollo de cada animal

La Real Sociedad Canina de España explica en su web que el mastín del pirineo es «cariñoso, manso, noble y particularmente inteligente», que el perro leonés de pastor tiene «gran capacidad de atención y aprendizaje» y que el perdiguero de Burgos «es una raza de excelente carácter, docilidad e inteligencia». Estas descripciones cristalizan una creencia generalizada entre los expertos, que dice que la raza de un perro determina en gran medida su carácter. Una idea que se utiliza para explicar por qué algunas son más agresivas, obedientes o afectuosas que otras. Sin embargo, un nuevo estudio, publicado este jueves en la revista Science, sugiere que la raza por sí sola no es un buen indicador para predecir el comportamiento de cada animal.

Los autores han realizado un gran estudio genómico en el que han participado más de 2.000 perros -tanto de pura raza como mestizos- y han combinado esos datos con 18.385 encuestas a propietarios. Así, los parámetros se analizaron en función de las descripciones de los dueños sobre rasgos y comportamientos caninos -obtenidas de Darwin’s Ark, una base de datos de código abierto- y del análisis de las líneas genéticas detectadas.

Los resultados desmienten en gran medida los estereotipos caninos: según los científicos la raza sólo explica el 9% de la variación del comportamiento. Asimismo, no identificaron rasgos comportamentales que se puedan identificar con ninguna raza en particular. Los investigadores señalan que factores como la edad o el sexo del perro son más útiles para predecir el comportamiento.

Este análisis ha incluido datos de 78 razas y ha permitido identificar 11 loci (posiciones fijas en los cromosomas que determinan la posición de un gen o de un marcador genéticos) que se asocian específicamente al comportamiento. Sin embargo, todos esos marcadores fueron observados en distintas razas. Eso implica que la educación y el entorno juegan un papel crucial en el desarrollo del animal.

«Si hablas con una persona que ha tenido varios perros de la misma raza, probablemente te diga que todos ellos tenían comportamientos bastante distintos», señala Elinor Karlsson directora del Broad Institute, un laboratorio conjunto del MIT y la Universidad de Harvard, y autora principal del estudio. «Para muchos de los comportamientos que hemos analizado no encontramos apenas diferencias y para los que sí (hay razas ligeramente más propensas a aullar o razas que son mejores trayendo cosas) la diversidad dentro de una misma raza es tan amplia que una persona no puede asumir cómo va a ser el comportamiento de un perro cuando se lleva un cachorro a casa».

EVOLUCIÓN

El perro fue el primer animal en ser domesticado por el ser humano, hace más de 15.000 años. Sin embargo, la mayoría de las razas como las conocemos hoy no aparecen hasta los últimos 200. «Las razas modernas, definidas por sus rasgos físicos y estéticos comienzan en la era victoriana, antes de eso los perros eran elegidos por cuestiones funcionales», explica Karlsson. Es decir, que se seleccionaban en base a su habilidad para realizar las tareas que se requerían de ellos: caza, vigilancia o pastoreo.

«Ahora bien, la selección de rasgos genéticos complejos requiere mucho tiempo; la idea de que se hayan creado en los últimos 160 años no tiene sentido», asegura la investigadora. «La mayoría de los comportamientos específicos que se asumen como características de las razas caninas modernas han surgido, muy probablemente, de miles de años de evolución desde el lobo hasta el can salvaje, pasando por el perro domesticado y, finalmente, por razas modernas. Pero esos rasgos hereditarios son muy anteriores a la aparición de nuestro concepto de razas caninas modernas».

Lo cierto es que a la mayoría de las razas caninas se les atribuyen temperamentos característicos asociados a su función ancestral. Los perros pastores se asocian con inteligencia y los de presa con agresividad, por ejemplo. «Nosotros proponemos que los comportamientos percibidos como característicos de las razas modernas derivan de miles de años de adaptación poligénica anteriores a la formación de la raza», escriben los autores, «mientras que las razas modernas se distinguen principalmente por sus rasgos estéticos».

Se da la circunstancia de que, en 2009, investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO) publicaron un artículo en la revista Journal of Animal and Veterinary Advances, que apuntaba las mismas conclusiones. Realizado a partir del estudio de 700 animales y sus dueños, en el texto los investigadores españoles ya apuntaban que la raza tiene menor peso que otros factores externos, modificables, y que dependen del dueño.