4.700 montículos construidos por los primeros pobladores del Amazonas fueron descubren

Islas forestales de la Amazonía vistas desde el aire – Umberto Lombardo

En estas «islas» artificiales cultivaron plantas silvestres como mandioca y calabaza desde hace 10.000 años

Por donde pasamos, dejamos huella, cambiamos el paisaje. Hasta lo que consideramos un paraíso prístino, los bosques del Amazonas aún no mancillados por intereses económicos, ya fueron transformados por los primeros humanos que los habitaron hace 10.000 años. Y de una forma formidable, según sugiere un estudio internacional en el que ha participado la Universidad Pompeu Fabra. Los investigadores han descubierto que esos primeros moradores crearon en medio de la sabana de la Amazonía boliviana 4.700 montículos artificiales en los que cultivaron plantas silvestres como mandioca y calabaza para su consumo. Los resultados aparecen publicados en la revista «Nature».

El hallazgo de estas «islas forestales» se ha producido en lo que ahora es Llanos de Moxos, en el norte de Bolivia, una zona de sabana que se inunda de diciembre a marzo y es extremadamente seca de julio a octubre. Sin embargo, los montículos se mantienen por encima del nivel del agua durante la temporada de lluvias y permiten que los árboles crezcan. ¿Fueron hechos así a propósito, para que los cultivos no se inundaran? Javier Ruiz-Pérez, del departamento de Humanidades de la Pompeu Fabra y coautor del artículo, cree que es una posibilidad, aunque reconoce que los motivos y el modo en que estas áreas artificiales se construyeron «todavía no se conocen con exactitud».

«Probablemente se formaron como resultado de la acumulación involuntaria de desechos (por ejemplo, restos de conchas de gasterópodos tras su consumo) y actividades que llevaban a cabo en el asentamiento, como la quema de materia orgánica», explica el investigador. «Pero tampoco podemos descartar la posibilidad de que amontonaran sedimentos intencionalmente o incluso que se trate de una combinación de ambos escenarios. Los montículos podían ofrecer protección frente a las inundaciones durante la estación húmeda y eran espacios ideales para cultivar al tiempo que practicaban caza y recolección fuera de las ‘islas’», argumenta.

El estudio consistió en un análisis regional sin precedentes, a gran escala, de 61 yacimientos arqueológicos, identificados previamente por satélite, ahora manchas de bosque rodeadas de sabana. Se recuperaron muestras de 30 islas forestales y se realizaron excavaciones arqueológicas en cuatro de ellas.

Mandioca, calabaza y maíz

Utilizando células silicificadas de plantas, llamadas fitolitos, que se encuentran bien conservados en los bosques tropicales, los expertos documentaron en los montículos las primeras evidencias encontradas en la Amazonía de mandioca (hace 10.350 años), calabaza (hace 10.250 años) y maíz (hace 6.850 años).

Los autores creen que esas plantas fueron escogidas porque eran ricas en hidratos de carbono y fáciles de cocinar, y probablemente proporcionaban una parte considerable de las calorías que consumían los primeros habitantes de la región, que también se alimentaban de pescado, un poco de carne y frutos obtenidos mediante recolección.

Muchos cultivos importantes como la mandioca, la calabaza, los cacahuetes, algunas variedades de guindilla (chili) y la judía llamada jackbean son genéticamente muy cercanos a plantas silvestres que viven en la Amazonía, por lo que los científicos ya sospechaban que esa zona podía ser uno de los primeros lugares del mundo donde se domesticaron las plantas. Sin embargo, hasta ahora esta teoría no había sido documentada con hallazgos arqueológicos.

Ahora, por fin, la nueva investigación sitúa a la Amazonía como la quinta área del mundo donde los humanos domesticaron vegetales por primera vez hace unos 11.000 años. Las otras cuatro se encuentran en China (mijo menor, arroz), Oriente Próximo (trigo, cebada), el sudoeste de México (maíz) y el noroeste de Sudamérica (calabaza).

Aunque se sabe poco sobre el origen de los primeros pobladores del sudoeste de la Amazonía, las evidencias encontradas muestran que formaban grupos itinerantes o semi-itinerantes que no eran solo cazadores y recolectores, sino colonizadores que modificaron considerablemente el paisaje construyendo montículos donde cultivaban plantas.