50 años sin la presencia de Ernest Hemingway

El Premio Nobel de Literatura estadunidense fue un personaje polémico, que brilló igual por su obra que por sus excentricidades

“Ernest Hemingway sobrevive como escritor, pero sobre todo como leyenda, como mito”, coinciden los escritores y catedráticos Gerardo de la Torre y Guillermo Samperio sobre el autor de El viejo y el mar, quien se quitó la vida el 2 de julio de hace 50 años disparándose en la boca con una escopeta.

El escritor estadunidense nacido en Oak Park en 1899, cuya obra, afirman, sigue viva en Estados Unidos, pero muy poco en México, es recordado más bien como el hombre de acción, el aventurero, el cazador, el reportero de guerra, el boxeador, el amante de los toros y los deportes, el que participó en la Guerra Civil española y en las dos guerras mundiales.

“Hay que separar a la leyenda del escritor. Tenía, como literato, una virtud muy grande, que es esa escritura casi telegráfica, que no perdía el tiempo en narrarnos las cosas, porque éstas tenían una significación en la vida”, comenta De la Torre sobre el Nobel de Literatura 1954.

“Y de la gran leyenda, ahí están sus fotos con el presidente cubano Fidel Castro y con diversos directores y actores de cine, como Ingrid Bergman y Marlene Dietrich. O de él en las trincheras, con uniforme parecido al de los soldados y granadas colgándole del cinturón, con pistola y casco. Todo esto sirvió para hacerle publicidad al escritor que estaba detrás de la leyenda”, agrega.

El profesor de la Escuela de Escritores de la Sogem piensa que el autor de reconocidas novelas como Adiós a las armas (1929) y Por quién doblan las campanas (1940) era mejor como cuentista.

“En todo anduvo, menos en el cine. Alguna vez Alfred Hitchcock lo invitó a participar como guionista en algunos de sus filmes y fue a lo único que se resistió. Jamás escribió una línea de un guión cinematográfico; sin embargo, hay muchas películas sobre su obra”, añade. “En México quedamos pocos, pero sigue teniendo sus fieles”.

Samperio, por su parte, está de acuerdo en que los cuentos fueron el gran legado del Premio Pulitzer 1953. “En ellos partía de ‘la teoría del iceberg’, es decir, que sólo se debe mostrar al lector la punta y éste debe descubrir la mole temática que está debajo. Hace falta reeditar en español uno o dos tomos con todos su cuentos”, dice.

Pero el narrador mexicano confiesa que Hemingway es un autor que nunca le gustó, ni en la época que tuvo su auge. “Sus novelas son carcamanes. El viejo y el mar es más cursi que Corín Tellado. Se ganó el Nobel con base en puras grillas en Europa. Traicionó a su maestro Sher-wood Anderson. No sé por qué la intelectualidad lo ha sobrevalorado”, señala.

Agrega que ya viejo, en Cuba, donde pasó 20 años de forma interrumpida y ahí escribió El viejo y el mar. “Estaba lleno de remordimientos de todos sus actos malignos, hizo una revisión de su vida, de sus traiciones y no le quedó otra que meterse un escopetazo. Pero éste no sólo acabó con su vida sino con su obra: todo se derrumbó”, piensa.

Ninguno de los dos escritores tiene claro si Hemingway visitó México, “al menos no en una visita sonada”. Y recomiendan que se reediten sus cuentos, “porque vale la pena que la conozcan los jóvenes de preparatoria”.

Siempre envuelto en la polémica, el autor de Las nieves del Kilimanjaro(1936) es considerado uno de los escritores más importantes entre las dos guerras mundiales.

“La mayor parte de su obra plantea a un héroe enfrentado a la muerte y que cumple una suerte de código de honor, de ahí que sean matones, toreros, boxeadores, soldados, cazadores y otros seres sometidos a presión”, apunta De la Torre.

Su última obra publicada en vida fue Poemas completos (1960) y dejó mucho material inédito.

Para conmemorar su 50 aniversario luctuoso serán publicadas, en octubre próximo, las cartas que el escritor enviaba a su madre, compañeros del colegio y amigos en Kansas.

El Cambridge University Press de Pensilvania editará el primero de 18 volúmenes con la correspondencia completa del escritor, que abarca desde 1907 hasta 1922, de las cuales, el 90 por ciento son inéditas y contienen la experiencia de Hemingway en la Primera Guerra Mundial.

La académica Sandra Spanier, de la Universidad Estatal de Pensilvania, fue la encargada de dirigir esta investigación que tardó nueve años en concretarse. El trabajo revela facetas desconocidas de la personalidad del autor presentada en seis mil cartas.

 

 

 

 

 

 

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