A sus 27 años Katie Johnson es la secretaria personal del presidente de EE UU y es quien maneja la agenda del Despacho Oval

Cuando es visible está en un segundo o tercer plano. Aunque la mayoría de las veces ni siquiera aparece en la foto, si lo hace, no es posando. Se limita a entregar información al presidente o a susurrarle algo al oído. Sabe dónde; a qué hora; y con quién está Barack Obama cada minuto del día, siete días por semana, todos y cada uno de los días del año.

Es la otra mujer del presidente. Su secretaria personal, la que hace que Obama no pierda un solo segundo del día y todos estén bien empleados. Katie Johnson, 27 años, maneja la agenda del hombre más ocupado del mundo con seguridad y destreza. Lo dicen dos de sus anteriores jefes -y no son cualquier jefe-: David Plouffe, director de la campaña electoral que llevó al poder al primer presidente negro de EE UU, y Rahm Emanuel, jefe de Gabinete de Obama. «Altamente cualificada», esa es la expresión que usaron cuando se hizo cargo del puesto, ya hace más de un año.

Para los más cercanos es KJ. Así es como se refiere a ella la guardia pretoriana del presidente, esa que se compone por Emanuel y Plouffe pero también por los asesores personales David Axelrod o Valerie Jarrett. Johnson es una washingtoniana entre los chicos de Chicago, ya que todos los anteriores, a excepción de K J, crecieron profesional y políticamente en la ciudad de Illinois, Estado que aportó al Senado a un joven Obama.

Un día de enero de 2007, Johnson hizo las maletas y dejó el enjambre de Washington para asentarse en Chicago y ayudar en la campaña de quien todavía era una promesa. Inspirada por su oratoria y su llamada al cambio, KJ fue una de las primeras personas que el hoy presidente contrató para su campaña electoral. Y el presidente la mantiene a su lado.

Originaria de Bethesda (Maryland, a las afueras de Washington), Johnson pertenece a la promoción de 2003 del prestigioso -aunque sólo para mujeres- Wellesley College (Massachusetts). Otras tres alumnas de ese centro, situado entre los 10 mejores de EE UU y al que el año pasado la revista Forbes valoró por delante de Stanford y Yale, han ocupado importantes puestos dentro de la Administración norteamericana. Hillary Clinton, actual secretaria de Estado, pertenece a la promoción de 1969; Clinton es la segunda alumna de Wellesley en ocupar ese cargo, antes lo hizo Madeleine Albright bajo la presidencia del marido de Hillary quien se graduó en 1959.

Las secretarias personales de los presidentes suelen cuadrar los círculos de sus jefes. Son una pieza fundamental dentro del complicado engranaje que mueve la Casa Blanca. En general, y a ser posible, suelen mantener un perfil bajo, determinante pero bajo. Siempre hay excepciones y tienen que ver con sonoros escándalos.

Betty Currie, asistente personal de Bill Clinton, fue la mujer que entregó al Gran Jurado los regalos que el presidente demócrata hizo a la becaria Mónica Lewinski. No se sabe si los Clinton acabaron bien o mal con Currie pero estos le dejaron el gato Socks cuando salieron de la Casa Blanca. Dicen que fue un regalo envenenado. Famoso es también el nombre de Rose Mary Woods, la secretaria de Richard Nixon, que confesó haber borrado hasta cinco minutos del intervalo de silencio de 18,5 minutos que existe en las cintas de la Casa Blanca en una conversación entre el presidente republicano y su jefe de Gabinete, H. R. Hadelman, tres días después de que estallase el caso Watergate que acabaría con su presidencia.

La historia dirá qué categoría ocupa KJ en la historia de Barack Obama. De momento alrededor de ella se ha creado una legión de seguidores en el canal fotográfico de la Casa Blanca en Flickr. La primera imagen que se colgó de ella cuenta con más de 38.000 visitas.

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