Algunas obras maestras de Gustave Eiffel que todavía asombran al mundo

Llega a los cines ‘Eiffel’, una película francesa dirigida por Martin Bourboulon que cuenta la épica quizá poco conocida de la construcción de la Torre Eiffel, en París, inaugurada oficialmente el 31 de marzo de 1889 para la Exposición Universal de 1889.

Pero, como se sabe, el ingeniero Gustave Eiffel (1832-1923) adquirió fama mundial con infinidad de construcciones repartidas por todo el mundo que tenían (y conservan) un sello especial.

Esta es pequeña muestra de su trabajo:

Torre Eiffel (París)

«Baste imaginarse una torre vertiginosamente ridícula dominando París, como una negra y gigantesca chimenea de fábrica, borrando con su masa bárbara Notre Dame, la Sainte Chapelle, la Torre Saint Jacques, el Louvre, la cúpula de Los Inválidos, el Arco del Triunfo, todos nuestros monumentos humillados, todas nuestras arquitecturas disminuidas, desapareciendo en ese sueño paralizante. Y durante veinte años, veremos extenderse sobre toda la ciudad, como una mancha de tinta, la odiosa sombra de la odiosa columna de hierro remachado».

Eso decía, durante la construcción de la Torre Eiffel, un manifiesto firmado por algunos de los principales artistas franceses de la época: Émile Zola, Alejandro Dumas hijo, Guy de Maupassant, Charles Gounod, Jules Massenet… Seguramente se habrían quedado estupefactos si hubieran sabido que el monumento diseñado por Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889 no solo se mantendría en pie mucho más allá de los 20 años inicialmente previstos, sino que se convertiría en sinónimo de París, en su imagen más conocida y querida en todo el mundo (hay que decir que algunos de los firmantes del manifiesto se retractaron cuando vieron la torre construida; otros no: dicen que Maupassant cogió la costumbre de comer todos los días en el restaurante de la Torre… porque desde allí al menos no tenía que verla dominando el paisaje).

La Torre Eiffel no es tan solo la obra más famosa del genial ingeniero francés (nacido en Dijón en 1832), sino que ejemplifica varias de las características más propias de su obra. En primer lugar, es un ejemplo magnífico de las posibilidades del metal como material de construcción, algo de lo que Eiffel puso las bases, tanto con sus obras como con sus trabajos científicos sobre temas como los módulos elásticos del hierro forjado. En segundo lugar, fue un triunfo del diseño para resolver retos técnicos: en su momento, la Torre fue la estructura más alta del mundo, y Eiffel tuvo especial cuidado en calcular los efectos que el viento tendría sobre ella. Y, en tercer lugar, su autoría es más complicada de lo que se piensa, ya que Eiffel dirigía una compañía en la que trabajaban algunos de los principales ingenieros del momento y suele ser difícil discernir qué obras salieron directamente de la mente de Eiffel y cuáles fueron diseñadas por alguno de sus discípulos; la propia Torre fue inicialmente una idea de Maurice Koechlin y Émile Nouguier y, al parecer, Eiffel no estaba nada convencido hasta que vio los aportes del arquitecto Stephen Sauvestre al proyecto, momento en el que decidió comprarles los derechos del diseño y ocuparse personalmente de su desarrollo.

Estatua de la Libertad (Nueva York)

Tan famosa como la Torre Eiffel es la estatua terminada en 1886 en Nueva York, si bien no se la asocia tan inmediatamente al ingeniero francés, ya que su trabajo en ella está oculto. La figura que todos conocemos fue creada por el escultor Frédéric Bartholdi, quien fue el gran impulsor de la idea y quien convenció al gobierno estadounidense de erigirla, mientras que Eiffel fue quien se encargó de crear la estructura interior. Los ‘huesos’ de la Libertad son fruto de Eiffel.

Curiosamente, quien inició el diseño de la estructura no fue él, sino otro ingeniero casi diametralmente opuesto: Eugène Viollet-le-Duc, quien falleció cuando la estatua apenas había comenzado a construirse. Si Eiffel encarna el diseño de la Revolución Industrial, las grandes estructuras de metal a la vanguardia de la modernidad de su era, Viollet-le-Duc era el rey de la reconstrucción histórica -o falsamente histórica-, el gran ideólogo de la restauración de edificios medievales (como Notre Dame o la catedral de Amiens) basándose en una imagen idealizada de cómo hubieran sido en su época de esplendor. Y, efectivamente, sus enfoques para la Estatua de la Libertad eran totalmente distintos. Viollet-le Duc había propuesto una base de ladrillo a la que iría unida la ‘piel’ de cobre de la estatua, mientras que Eiffel optó por una estructura metálica menos rígida, que permite que la estatua oscile levemente con el viento y se dilate con el calor del verano sin que por ello la piel de cobre se raje. De hecho, el exterior de la estatua es uno de los primeros ejemplos construidos de lo que en arquitectura se conoce como un “muro cortina”, que no soporta carga, sino que está sustentado por una estructura interior. Eiffel no sólo ayudó a levantar la Libertad, sino que la hizo innovadora.

Puente de Doña María Pía (Oporto)

Si van a Oporto y le preguntan a la gente cuál de los puentes que cruzan el Duero entre el centro de la ciudad y Vila Nova de Gaia -donde están la mayor parte de las famosas bodegas- es el diseñado por Gustave Eiffel, muchos señalarán al puente de Don Luis I, el más espectacular y que, en el momento de su construcción, fue el puente más largo del mundo. Pero, en realidad, ese puente no es obra de Eiffel, sino de uno de principales colaboradores, Théophile Seyrig.

Eso sí, las ideas que Seyrig aplica en el puente de Don Luis I las aprendió del puente que realmente construyó Eiffel en Oporto unos cuantos años antes, el de Doña María Pía, situado apenas un kilómetro más al este y que también batió en su momento un récord mundial, el de puente más largo de un solo arco. Al parecer gran parte de los cálculos estructurales de este puente también los realizó Seyrig -junto con Henry de Dion-, bajo la supervisión de Eiffel. La importancia de este puente reside en que fue el primer gran puente de ferrocarril creado por la empresa de Eiffel, si bien el propio Gustave ya había diseñado varios mientras trabajaba para otros ingenieros. De hecho, un puente de ferrocarril fue el primer diseño de Eiffel y el que le convirtió en ingeniero. Un trabajo que tomó casi de casualidad, ya que su primera intención había sido dedicarse a químico en la empresa de su tío Jean-Baptiste Mollerat hasta que una riña familiar la que le obligó a cambiar de planes y pedirle trabajo a un ingeniero de ferrocarriles local, Charles Nepveu. Quién sabe qué habría inventado Eiffel de haberse dedicado a la química…

Puente del Hacho (Guadahortuna, Granada)

Después del de Doña María Pía, los puentes de todo tipo siguieron siendo uno de los principales negocios de Eiffel. Sus estructuras metálicas pueden encontrarse literalmente por todo el mundo: Hungría, Georgia, Egipto, Vietnam, Moldavia, Bosnia, Perú, Chile, Bélgica… Y en España tenemos un buen puñado de ejemplos en Gerona, Cáceres, Cantabria, Córdoba, Galicia o la ruta ferroviaria entre Asturias y León, donde Eiffel fue en varias ocasiones para estudiar formas de salvar los obstáculos de la línea en el puerto de Pajares, que aún hoy son un quebradero de cabeza para el paso de los trenes.

Por quedarnos solo con uno de los puentes que Eiffel diseñó en España, nos centraremos en el del Hacho, en la línea Linares-Almería, que aún hoy es el puente de hierro más largo de nuestro país, con una longitud de casi 625 metros que salvan un barranco de casi 50 metros de altura. Sin embargo, esta joya de la ingeniería ferroviaria estuvo a un pelo de ser literalmente borrada del mapa: tras caer en desuso debido a que su estructura no podía soportar los nuevos y más pesados trenes que se empezaron a usar a mediados del siglo XX, Renfe decidió venderlo como chatarra. Fue por pura casualidad que un trabajador de una compañía eléctrica empezase a charlar en un bar con los operarios que iban a derribarlo; conocedor de la importancia del puente, avisó al alcalde del vecino pueblo de Alamedilla, quien a su vez alertó a las autoridades provinciales granadinas, las cuales iniciaron urgentemente la tramitación para declarar bien protegido a la obra de Eiffel. Para cuando la Guardia Civil fue enviada a paralizar la demolición del puente, los operarios ya habían colocado cargas de dinamita en los pilares.

Estación Nyugati (Budapest)

Los puentes no fueron las únicas obras ferroviarias en las que destacó Eiffel. También diseñó un buen número de estaciones y también en ellas fue un pionero. En 1875, cuando su empresa recibió el encargo de la nueva estación término de la línea entre Viena y Budapest, lo habitual era que las estaciones tuviesen fachadas monumentales de piedra tapando la estructura de hierro que cubría los andenes. Eiffel -con la colaboración de August de Serres- decidió prescindir de ese elemento y hacer de la estructura de acero y cristal el centro visual de Nyugati, dejando los edificios de piedra y ladrillo que albergaban las oficinas y otros servicios como elementos laterales. Fue una idea sumamente exitosa y que influyó en el diseño de muchas otras estaciones de finales del siglo XIX y principios del XX, como la de Atocha, en Madrid.

La estación sigue estando muy concurrida hoy en día y mantiene su elegancia decimonónica, lo que la ha convertido en un escenario bastante habitual de rodajes cinematográficos. Tan elegante resulta, que hasta los restaurantes de comida rápida inevitables en cualquier estación hoy en día resultan imponentes: el de Budapest-Nyugati tal vez sea el McDonalds más bonito del mundo, ya que mantiene las lámparas art-decó que tenía originalmente el restaurante de la estación.

Catedral de San Marcos (Arica, Chile)

Gustave Eiffel tuvo mucho éxito en América Latina. Era una época en la que los gobiernos de la región estaban empeñados en demostrar que sus países podían ser tan modernos y cosmopolitas como el que más. Y no había nada más moderno ni más cosmopolita que un edificio de Eiffel. Así que empezaron a surgir por todo el subcontinente construcciones que tenían la firma del francés (o que, al menos, podían pasar por ser suyas, aunque realmente fuesen obra de autores menos distinguidos): el mercado Adolpho Lisboa en Manaus, la estación de Alameda en Santiago de Chile, la catedral y la fábrica de gas de Tacna, otra fábrica de gas y la estación de tren en La Paz, la fuente de las Tres Gracias en Moquegua, el Teatro Fénix y el mercado de San Camilo en Arequipa…

Pero ninguno resulta más singular que la Catedral de San Marcos de Arica. En primer lugar, porque seguramente fuese la primera catedral prefabricada que se construyó en el mundo: su estructura metálica, de estilo neogótico, fue hecha en Francia y enviada a Sudamérica en barco para ser montada in situ. Además, las vicisitudes históricas hicieron que esta iglesia cambiase de ubicación y hasta de país. Originalmente, la iglesia había sido encargada por el gobierno peruano para erigirla en la ciudad de Ancón, un balneario de moda. Pero, poco después del encargo, un terremoto derribó la antigua catedral de Arica y un comité de damas de la ciudad pidió al presidente José Balta que les cediese la moderna iglesia de Eiffel para reemplazarla. Balta accedió, pero a Perú le duró poco el presumir de obra de Eiffel, ya que en 1880 (sólo cuatro años después de que se consagrase la catedral) las tropas chilenas tomaron Arica durante la Guerra del Pacífico, y la ciudad acabó pasando definitivamente a formar parte de Chile tras los acuerdos de paz.

Observatorio (Niza)

A finales del siglo XIX, la promoción de la ciencia era casi una obligación para cualquier filántropo que se preciase. Ese era el caso de Raphaël-Louis Bischoffsheim, banquero y apasionado de la astronomía, que se ganó la Legión de Honor, un par de medallas en la Exposición Universal de 1889 y un asiento en la Academia Francesa de las Ciencias a base de financiar la construcción de observatorios astronómicos en París, Montsouris, el Pic du Midi y Niza.

Para este último, Bischoffsheim echó el resto, dotándolo de uno de los mejores telescopios de la época y contratando al arquitecto Charles Garnier para diseñar el edificio y a Gustave Eiffel para que se encargase del mecanismo de la cúpula. Esta suponía un reto, ya que era la cúpula de observatorio más grande del mundo en aquel momento (22,4 metros de diámetro). Para solucionar el problema de abrirla y cerrarla de forma cómoda, Eiffel echó mano de un sistema que había patentado algunos años antes y que -en lugar de usar un mecanismo con ruedas o rodillos, que era lo habitual- giraba sobre una ranura llena de una solución de cloruro magnésico.

Muelle de Konak (Esmirna, Turquía)

El siempre versátil Eiffel también aceptó encargos para realizar edificios portuarios, de los que tenemos varios ejemplos en España, como el embarcadero del Hornillo en Águilas (Murcia) o el ‘cable inglés’ de Almería. Pero el ejemplo más importante se encuentra en Turquía, en Esmirna, una ciudad cargada de historia (fue una de las principales polis griegas en el Asia Menor y se dice que Homero nació allí) y un importante puerto comercial durante siglos.

El edificio, con una característica estructura metálica y claraboyas de cristal en el tejado, se diseñó originalmente como aduana y para almacenar los productos que llegaban al puerto mientras eran inspeccionados. Posteriormente se convirtió en lonja de pescado y hoy en día -tras una reforma en 2003 que modificó un tanto su aspecto- es uno de los principales centros comerciales de la ciudad.

Liceo Carnot (París)

Este instituto de secundaria situado al noroeste de París, en el Boulevard Malesherbes, puede presumir de tener un pabellón central diseñado por Eiffel. La gran estructura de 80 por 30 metros recuerda a un mercado o una estación de la época: es un espacio diáfano, con una cubierta de hierro y cristal, rodeado por dos plantas de aulas. Además de servir de patio para los alumnos, para hacer deporte o para las ceremonias escolares, se ha usado como escenario de series y películas y ha albergado desfiles de la Semana de la Moda parisina.

Y en ese patio tan singular han jugado personajes de lo más variado que fueron alumnos del Liceo Carnot. Por ejemplo, el expresidente francés Jacques Chirac, el exdirector del FMI Dominique Strauss-Kahn, el poeta Louis Aragon, el filósofo Gilles Deleuze, el actor Jean Reno, o los componentes del dúo de música electrónica Daft Punk.

Palacio de Ferro (Luanda, Angola)

El estilo de Eiffel fue tan influyente que es común que popularmente se le atribuya cualquier edificio decimonónico con estructuras metálicas. En algunos casos es fácil desmentir esas atribuciones, pero en otros casos resulta imposible saber si un edificio concreto fue diseñado por él, por alguno de sus discípulos o por uno de sus imitadores. Un caso muy peculiar es el del Palacio de Ferro, un edificio (hoy afortunadamente restaurado, después de pasar por épocas de abandono) que se alza cerca del puerto de Luanda, la capital de Angola… aunque no se sabe muy bien cómo llegó allí. Cuenta la leyenda local que era un edificio prefabricado en Francia, por la compañía de Eiffel, y destinado a la colonia francesa de Madagascar. Pero el barco que lo transportaba encalló en la costa angoleña debido a las traicioneras corrientes y las autoridades coloniales portuguesas aprovecharon para incautar toda su carga, incluyendo las piezas del palacio. De ser así, sería seguramente la forma más barata en la que nadie haya conseguido un edificio -tal vez- de Eiffel. No se conserva ningún documento que pruebe su origen, así que el misterio continuará. Pero, por lo que pueda valer, en 2015 la embajada francesa en Angola lo clasificó como obra de Eiffel.

En España hay algún caso de edificios que la sabiduría popular atribuye a Eiffel, pero no hay forma de probarlo. En el pueblo murciano de Ulea está la Casa Parisina o Casa del Cura, una construcción de lo más curiosa. En principio, su aspecto no es muy “eiffelesco”, pero se sabe que su primer dueño -un exportador de fruta llamado José Ríos- se hizo amigo del ingeniero durante un viaje a Francia. Y también que Eiffel visitó varias veces el cercano Balneario de Archena. Así que… ¿quién sabe?

Por: José Infante Ferrucho