Algunas parejas de hermanos inventores y científicos que cambiaron el mundo

Los hermanos Wright, en una imagen de 1903, el mismo año en que hicieron volar por primera vez en la historia un aeroplano

Además de los famosos Wright, pioneros del vuelo, otros genios con el mismo código genético han trabajado juntos

Grandes inventores de la talla de Alexander Graham Bell, Nikola Tesla o Thomas Alba Edison patentaron la mayoría de sus inventos en soledad. Son pocos los afortunados que han unido su talento con alguien que comparte su código genético para cambiar el mundo.

En el campo de la ficción los más conocidos son, sin duda, Phineas y Ferb, dos divertidos y ocurrentes hermanos que tienen por mascota a Perry el ornitorrinco. Estos personajes de Disney diseñan los artilugios más alocados que van desde un perro robot hasta una máquina para hacer helados.

Un vuelo de veintiséis metros

En el terreno de la no-ficción los hermanos inventores más célebres de toda la Historia de la Ciencia son, posiblemente, Wilbur y Orville, dos estadounidenses de apellido Wright.

Estos emprendedores fundaron una compañía de bicicletas – «Wrighte Cicle Co»- a finales del siglo diecinueve. Poco tiempo después su afición por los artefactos voladores les llevó a esbozar uno de los primeros prototipos de planeadores biplanos.

En 1903 adaptaron un motor de combustión interna a un aeroplano y, en presencia de cuatro testigos, los hermanos Wright realizaron el primer vuelo tripulado. Aquel momento de gloria fue muy breve, tan sólo duró un minuto y sobrevolaron poco más de veintiséis metros.

La «W» española

En España hay dos hermanos que brillan con luz propia, son Fausto y Juan José Elhuyar, los descubridores del wolframio o tungsteno, el único elemento químico aislado en España.

La gesta tuvo lugar en la localidad guipuzcoana de Vergara, en los laboratorios del Seminario. Tras el hallazgo el descubrimiento quedó arrinconado hasta que durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes probaron que era un material excelente para fabricar proyectiles capaces de atravesar vehículos blindados.

En reconocimiento y recuerdo a este descubrimiento en una de las rotondas de Vergara hay una escultura metálica con un átomo esquemático y una «W» -el símbolo del elemento-.

El séptimo arte

Los franceses Joseph-Michel y Jacques-Etienne Montgolfier han pasado a los anales de la ciencia por inventar el primer globo aerostático, conocido como la Mongolfiera. Este artilugio consistía, básicamente, en un globo enorme fabricado de lino y forrado de piel con once metros de diámetro.

En el país vecino los Montgolfier comparten popularidad con los Lumiére -Auguste y Louis-. Hasta el 28 de marzo de 1895 las «artes» eran seis: arquitectura, escultura, pintura, música, poesía y danza. Ese día, gracias a la inquietud de los Lumiére, floreció la séptima, el cine.

En sus inicios la «gran pantalla» fue testigo de la cotidianeidad, por ello las primeras películas que vieron la luz fueron «La salida de los obreros de la fábrica Lumiére en Lyon» y «La llegada de un tren a la estación».

El Nobel del fútbol

Dinamarca también tiene sus hermanos científicos, si bien es cierto es que no llegaron a trabajar juntos. La pareja danesa más famosa dentro del campo de la ciencia son Niels y Herrald Bohr.

El primero obtuvo el Premio Nobel de Física en 1922 y colaboró con Albert Einstein en el proyecto Manhattan. Por su parte, Harald enfocó su trabajo hacia el análisis matemático y desarrolló el famoso teorema de Bohr-Landau.

Además del interés por la ciencia, los Bohr fueron grandes deportistas. Combinaron talento y habilidad futbolística, ambos jugaron en el AB Copenhague. Niels bajo los palos y Harald, con más habilidad, en el medio del campo. El pequeño de los Bohr fue titular de la mayor goleada de la historia en unos Juegos Olímpicos: 17-1 frente a Francia, en semifinales.

 Por: Pedro Gargantilla M.D.