Así es cómo ha evolucionado el tratamiento de la salud mental en la historia

La evolución de los tratamientos de salud mental dejan ver algunas falencias en el pasado.

En algún momento de la historia, las personas llamadas “locas” dejaron de ser consideradas como tales para pasar a ser reconocidas como poseedoras de una enfermedad.

Mucho antes de que eso suceda, la situación era muy diferente. Para que empezaran a aparecer tratamientos de salud mental debió pasar mucho tiempo, aquí presentamos cómo fue esa evolución a través de los años.

En buena parte de la historia las enfermedades mentales rozaban los límites sobrenaturales y científicos. Si nos retrotraemos a la época precolombina encontraremos que dichos padecimientos se trataban por medio de rituales para expulsar a los espíritus malignos. En las culturas occidentales, mientras tanto, la situación no era distinta. El cristianismo acentuó la creencia de que las personas con trastornos mentales en realidad estaban poseídas por demonios.

En la Edad Media la situación fue más extremista al punto de asociar a la locura y otros padecimientos con una piedra en el cerebro que era necesario extirpar.

Es en la Edad Moderna donde empezaron a aparecer en escena los primeros profesionales que se enfocaron en la salud mental. El médico Thomas Willis fue el primero que halló un vínculo entre los problemas mentales y las conexiones cerebrales. Mientras que el filósofo John Locke encontró que el cerebro influye sobre los sentidos y la experiencia.

En este contexto nació la psiquiatría, una especialidad médica que determina si el origen de los trastornos mentales es genético o neurológico. Aquí aparecen las teorías de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. Freud creó un método terapéutico para las personas con enfermedades o trastornos mentales. En su método, Freud propuso evaluar al inconsciente para encontrar las causas de esos trastornos que, según su teoría, estarían ligados a las experiencias traumáticas en la infancia.

La salud mental en el siglo XX

La evolución de los tratamientos de la salud mental se vio estancados en la primera mitad del siglo XX. En ese periodo tomaron protagonismo los hospitales psiquiátricos, muy cuestionados por la manera en que trataban a las personas con enfermedades mentales. El objetivo de estos centros era mantener a las personas encerradas para que no se hagan daño y tampoco hagan daño a los demás.

El modelo de tratamiento fue muy cuestionado por violar muchos derechos humanos y generar estigmatización, segregación social y discriminación. El aislamiento solo demostró con el pasar de los años que no mejoraba la condición de los pacientes.

La eliminación de los centros psiquiátricos se dio a mediados del siglo XX así como el rechazo a métodos invasivos como la lobotomía. Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, el rechazo a estos tratamientos se intensificó.

La Segunda Guerra Mundial marcó el antes y el después en la concepción de la salud mental. Antes de ello, algunos trastornos y enfermedades no formaban parte de la agenda de los sistemas de salud. Recién a fines de 1940 se pergeñó el concepto de salud mental como lo conocemos ahora. Fue definido por la OMS como el estado de bienestar con ausencia de cualquier tipo de trastorno.

En ese periodo de guerra se proyectaron políticas que buscaban el bienestar tanto del cuerpo como de la mente de las personas. Asimismo, se abogó por la inclusión de las personas con trastornos o enfermedades mentales en los sistemas de salud.

Evolución de los tratamientos en salud mental

Las enfermedades mentales en el siglo XIX se clasificaban según dos bases, la de Esquirol y la de Morel. La primera reunía a los trastornos mentales en torno a cuestiones sintomáticas y psicológicas. Mientras que la clasificación de Morel seguía los lineamientos de la involución biológica, es decir que considera al paciente como un humano en etapas atrasadas de la evolución.

Las terapias de esta época intentaban desarrollar ambientes adecuados para que los enfermos se recuperen naturalmente. En los centros donde se los trataba, realizaban actividades de entretenimiento como el teatro, laborterapia, etc.

En cuanto a la medicación que recibían los enfermos, consistían en hipnóticos como el bromuro, el coral o el opio que se empleaban para combatir el insomnio. También existían los sedantes para tratar la ansiedad, entre ellos el hachís, el opio, belladona, o la escopolamina.

La narcosis prolongada fue muy popular en ese periodo pues con ella se conseguía que los pacientes pasaran los días bajo estados hipnóticos. Otra técnica que también fue muy utilizada fue la piretoterapia que vio la luz en 1917, la cual consistía en inducir fiebre a los pacientes. Lo conseguían por diferentes medios, por ejemplo, con nucleinato sódico o lítico o con suspensiones oleosas de azufre, oro o plata.

También se recurría a la hidroterapia para calmar a los enfermos en estado de agitación o postración. El método consistía en utilizar temperaturas diferentes durante el baño, para sedar o reanimar a los pacientes.

Tratamientos en el siglo XX

Como habíamos dicho previamente, la Segunda Guerra Mundial marcó la diferencia en la manera en que se afrontaba la salud mental. Los soldados que volvían de las trincheras desarrollaron muchos traumas que debieron tratarse en los sistemas de salud. La demanda fue mucha, pero se determinó que no era adecuado aislarlos en hospitales psiquiátricos. Es entonces que surge la psicofarmacología para mejorar la calidad de vida de esos pacientes y todos los que la requieran.

En la década del 50, los pacientes empezaron a recibir tratamientos con Clorpromazina. Este fármaco neuroléptico permitió tratar las conductas traumáticas y la consecuente recuperación de muchas personas. En este periodo también se empezaba a hablar de la “comunidad terapéutica” y de la “Psiquiatría comunitaria”. Conceptos acuñados por Maxwell Jones, que darían paso a una nueva era en el tratamiento de trastornos mentales. También se empezó a abogar por la rehabilitación y la resocialización de los pacientes psiquiátricos.

Los trastornos mentales en la actualidad tienen tratamiento farmacológico junto con terapia. Todo ello con la finalidad de terminar con la estigmatización de los pacientes psiquiátricos que se prolongó a lo largo de la historia.

Desde la década de los 90 se empezó a implementar el modelo ambulatorio/comunitario, un modelo que apunta a la progresiva inserción social de las personas.

De cara hacia el futuro

La salud mental ha sido un tema de debate en los últimos años. Muchos países la consideran un problema de salud pública que deberá afrontarse desde una perspectiva multidisciplinar.

Con el advenimiento de la pandemia, los sistemas de salud a nivel mundial mostraron sus carencias también en la manera de encarar la salud mental.

La pandemia produjo graves consecuencias en la mente de las personas en todo el globo. El estrés, la ansiedad, las fobias y los trastornos de conducta alimentaria son los trastornos que más aumentaron.

La cifra que maneja la OMS respecto a las personas que sufren algún trastorno mental en el mundo es de 450 millones. En cuanto al suicidio, alrededor de 1 millón de personas lo comenten cada año.

Además, luego de la pandemia, los trastornos neuropsiquiátricos pasaron a ser la principal causa de discapacidad a nivel mundial.

Las propuestas que provienen de los profesionales de salud mental sugieren que el camino de los sistemas de salud es el de garantizar bienestar emocional. Los expertos abogan por el trabajo interdisciplinario y el acompañamiento de los pacientes hacia su autonomía.

Otras acciones que proponen los especialistas es la mejora de los diagnósticos preventivos y la detección temprana.

También sería conveniente que la atención psicológica esté al alcance de todos. Con la pandemia, la necesidad de consulta psicológica creció en un 200 %.

El modelo de terapia online llega a muchos sectores vulnerables de la sociedad que necesitan un apoyo psicológico, por lo que es una alternativa válida para afrontar una parte del problema.

Por Lorena Figueredo