Así es como se clasifican los seres vivos

A lo largo de la Historia se han empleado diferentes esquemas taxonómicos para categorizar a los organismos biológicos

Los seres humanos pertenecemos al reino animal, al filo de los cordados, al subfilo de los vertebrados, a la clase de los mamíferos, al orden de los primates, a la familia de los homínidos, al género Homo y a la especie sapiens. Un sistema de orden jerárquico que nos permite organizar a los seres vivos en categorías progresivamente más restrictivas y que, en el otro extremo, se encuentran los reinos.

En 1990 Carl Woese (1928-2002) postuló que en el árbol de la vida hay tres reinos diferentes: Bacteria, Arquea y Eukarya. Este sistema -el de los tres dominios- es el que tiene una mayor aceptación en la actualidad, pero hasta llegar a él hemos sufrido una gran travesía.

Entran en escena los protistas

La clasificación de Woese sustituyó al llamado “sistema de los dos imperios” según el cual la clasificación taxonómica estaba formada por dos superreinos: Prokaryota y Eukariota.

Muy lejana quedaba la concepción aristotélica en tres categorías: plantas, animales y humanos. El filósofo griego, allá por el siglo IV a. de C, argumentó esta clasificación señalando que las plantas tenían capacidades nutricionales y reproductivas; que los animales disponían además de capacidad de movimiento y sensaciones; y que los humanos se distinguían por su raciocinio y pensamiento.

De forma paralela a las tres categorías taxonómicas Aristóteles distinguía tres tipos de almas: vegetativa para las plantas, sensorial para los animales y racional para los humanos.

En el siglo XVIII el naturalista sueco Carl von Linneo (1707-1778) clasificó a los seres vivos en plantas (Vegetabilia), animales (Animalia) y minerales, un reino que rápidamente fue eliminado.

En 1858 el científico Richard Owen (1804-1892) observó la dificultad para clasificar los seres microbianos en animales y vegetales, por lo que propuso crear el reino de los Protozoa, y los definió como los seres, en su mayoría de pequeño tamaño, que están formados por células nucleadas.

Una clasificación que fue modificada en 1866 por Ernst Haeckel (1834-1919) que acuñó un nuevo reino, el de los protistas –los ‘primeros’-. Este reino estaba reservado a los organismos que tan sólo se podían ver con la ayuda del microscopio óptico. Haeckel fue el primero en distinguir entre organismos unicelulares (prostistas) y pluricelulares (animales y plantas).

En el siglo XX, con la ayuda del microscopio electrónico, se descubrió que algunos microbios tenían núcleo celular en donde el ADN estaba encapsulado mientras que otros tenían el ADN distribuido por toda la célula. Por este motivo, se distinguió un reino para los organismos unicelulares –en donde estaban incluidos amebas, paramecios y algas-, otro para los que carecían de núcleo (moneras), a los que había que añadir el de los animales y el de las plantas.

El sistema de los cinco reinos

El reino moneras estaba reservado para todos los seres vivos unicelulares, formados por una única célula procariota, que a veces podía formar colonias. Dentro de él se incluían dos grandes grupos de organismos microscópicos: Arqueobacterias (bacterias que viven en ambientes de características extremas) y Eubacterias.

En 1959 Robert Whittaker (1920-1980) reconoció la existencia del reino de los fungi, lo que provocó que apenas una década después se planteara una nueva clasificación taxonómica en cinco reinos: plantas, animales, fungi, protista y monera.

A finales de los setenta en los libros educativos y de divulgación el árbol de la vida fue dividido en seis reinos: animales, plantas, fungi, protista, eubacteria y archeabacteria (las arqueas), un sistema taxonómico que sería reducido poco más de una década después al actual. ¿Para cuándo la próxima redefinición?

Por: Pedro Gargantilla M.D.