Aumento de bióxido de carbono en los océanos los hacen más ácidos

oceano.jpgCambio químico gradual podría estar afectando ecosistemas marinos

La alta concentración en la atmósfera de bióxido de carbono derivado de las actividades humanas hace más que calentar el sistema climático del planeta: Los océanos lo están absorbiendo y la química del agua del mar está cambiando y gradualmente podría transformar los ecosistemas del océano.
Este proceso llamado acidificación del océano afectará más visiblemente – y según algunos científicos ya afecta —  a los animales marinos, pequeños y grandes, que forman su corteza de calcio carbonatado, y de otras partes duras de sustancias químicas que hasta ahora se encontraban ampliamente en el océano y que han existido durante millones de años.
La acidificación del océano podría reducir la cantidad de estos químicos, lo que hace más difícil para los animales secretar sus cubiertas, e incluso podría, en las altas condiciones de acidez del futuro, disolver las caracolas.
Al utilizar datos recaudados por actividades como el Programa de Variabilidad y Pronóstico del clima, el Experimento de Circulación Oceánica Mundial y los modelos de computadora de circulación oceánica, los científicos han confirmado que la composición química del océano viene cambiando al  absorber la superficie del mar el CO2 generado por los humanos.
Todavía no se comprende ni se ha estudiado bien el efecto que este proceso de acidificación tendrá en las plantas y animales que habitan el mar.
“La acidificación del océano tiene potencial para reorganizarlo todo: el océano, la cadena alimenticia”, dijo a America.gov Victoria Fabry, oceanógrafa biológica del Departamento de Ciencias Biológicas en la Universidad del Estado de California en San Marcos.
“La estructura del ecosistema marino podría terminar de forma muy distinta a la que tiene ahora”, agregó. “Definitivamente va a cambiar, no sabemos como, es un experimento que no quisiéramos hacer si pudiéramos no estarlo haciendo, pero ya está en curso”.
EL AGUA DEL MAR ES BÁSICA
La vida humana y oceánica tienen muchas cosas en común y una de estas es el pH, una escala que indica si una solución es ácida, como el ácido sulfúrico (un componente de la lluvia ácida), el jugo de los frutos cítricos y las bebidas gaseosas, o básica o alcalina como los jabones, la levadura de hornear y el agua del mar.
La escala pH va del 0 al 14. El agua tiene un pH de 7, que es neutro. Las soluciones de menos de 7 pH se consideran ácidas y las de más de 7, básicas o alcalinas.
La escala pH de la sangre humana en el cuerpo cubre solo una unidad de 0,1 pH ? de 7,35 a 7,45. Si la sangre sube o baja de tal nivel de acidez se produce la enfermedad. El agua del mar, que como la sangre es moderadamente básico, también tiene un margen estrecho de pH, de entre 8 y 8,3. Cualquier nivel más alto o más bajo podría ser dañino.
El pH del océano se consideró en 1990 cuando los científicos de 30 países emprendieron el Experimento de circulación oceánica mundial, un ambicioso esfuerzo de ocho años de duración que intentaba establecer el papel de los océanos en el clima de la Tierra y obtener datos de base para utilizar en la evaluación de futuros cambios.
Como parte de ese programa, los científicos Richard Feely y Christopher Sabine del Laboratorio Marino Ambiental del Pacífico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica en Seattle dirigieron un esfuerzo para estudiar la distribución del CO2 producido por el hombre en los océanos en todo el mundo.
“Ocho países se reunieron en 99 cruceros, y recolectaron alrededor de 72.000 muestras de todo el mundo”, dijo el científico principal Feely a America.gov. “Reunimos una colección mundial detallada por primera vez de la distribución del bióxido de carbono y químicos relacionados con el carbono en los océanos del mundo, y al hacerlo, Chris pudo elaborar un mapa de la cantidad de CO2 producido por el ser humano que existe en los océanos”.
“Como conclusión, hallamos que los océanos habían absorbido 118 petagramos de bióxido de carbono, mil millones de toneladas métricas” dijo a America.gov Sabine, que es supervisor de oceanógrafos. Una tonelada métrica tiene más o menos el tamaño de un auto pequeño, por lo que el océano ha absorbido el equivalente de 118.000 millones de autos pequeños.
“Durante los últimos 200 años, esos 118 petagramos de carbono han rebajado el pH en una unidad 0,1”, dijo Sabine. “No suena como gran cosa pero es mucho si lo que representa es un incremento del 30 por ciento en la acidez del océano, y si continuamos agregando CO2 a la atmósfera a la tasa actual [el océano absorbe 22 millones de toneladas métricas al día], para finales de este siglo, el pH podría bajar otras 0,3 unidades de pH”, lo que significaría un aumento de la acidez del 150 por ciento.
“Ya tenemos un efecto significativo y mensurable en el océano”, dijo, “pero las proyecciones del futuro indican que la situación es muy extrema”.
Hoy día, dijo Feely, en cualquier parte de la superficie del océano, desde 200 metros de profundidad hacia la superficie, hay un exceso de sustancias químicas necesarias para que los animales marinos elaboren su corteza de calcio carbonatado, el agua esta supersaturada. En las profundidades del océano Pacífico Norte, por debajo de los 200 metros, hay una deficiencia de estos químicos, el agua esta infrasaturada y las cortezas de calcio carbonatado se disuelven en estas aguas corrosivas.
Los modelos de computadora de mar abierto sugieren que a menos que se reduzca drásticamente el CO2 en la atmósfera, la acidificación podría hacer que el agua de la superficie se vuelva corrosiva para estas cortezas para los años 2020 a 2030 en el océano Ártico, para 2040 en el océano Antártico y para alrededor de 2090 en el océano Pacífico Norte.
Nadie había observado estas condiciones en los océanos con costas hasta 2007, cuando Feely y Sabine dirigieron el Programa de Carbono de América del Norte Crucero de la Costa Oeste en el buque de investigación Wecoma, que navegó a lo largo de la corteza continental desde Queen Charlotte Sound en Canadá, pasando por los estados de Washington, Oregón y California hasta Baja California en México.
El equipo halló que los vientos estivales empujaban las aguas supersaturadas de la superficie hacia la cosa y extraían agua infrasaturada de las profundidades hacia la corteza continental y en algunos casos hacia las aguas superficiales.
“Lo que se proyectaba que ocurriría en los modelos de mar abierto a finales de siglo, vimos que estaba ocurriendo ahora mismo en toda nuestra plataforma continental en lo que estábamos observando”, dijo Feely. “Esto coloca el problema en el presente en lugar de en el futuro”.

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