Cada vez más empresas recurren a la «máquina de la verdad» el polígrafo, para elegir a nuevos empleados. Pero hay dudas sobre si es fiable y si usarla viola las garantías individuales

¿Cómo saber si un candidato a un empleo dice la verdad en su curriculum vitae o en una entrevista laboral? Éste es uno de los grandes desafíos que enfrentan los departamentos de recursos humanos de las compañías.

En el mundo hay algunas empresas que han comenzado a utilizar el polígrafo (o «máquina de la verdad») para comprobar la honestidad de sus potenciales trabajadores. Sin embargo, hay países en los que la justicia no reconoce este aparato como una herramienta fiable y en los que hay cuestionamientos sobre si se violan o no los derechos individuales.

En el pasado, para poder saber si algún jornalero mentía se le aplicaba la llamada «prueba del burro». Ésta consistía en que los trabajadores debían tocar la cola de un asno y éste, como por arte de magia, sabía quién estaba mintiendo y quién no.

Lo que no sabían los jornaleros era que sus capataces impregnaban la cola del animal con polvos negros. Así, aquellos que querían ocultar una mentira no tocaban la cola por miedo a ser descubiertos y sus manos quedaban limpias. De modo que se delataban y declaraban culpables por sí mismos.

En China también tenían su propio método. Ponían un poco de arroz en la boca de las personas sospechosas de mentir.

Desde hace tres años, la firma Omnis efectúa exámenes con ese aparato para más de 50 empresas en España, a unos 700 euros por sesión.

«La fiabilidad de la prueba es del 98%», asegura el director de marketing de la compañía.

El polígrafo, un dispositivo que cuesta aproximadamente 9.000 euros, mide variables como la frecuencia cardíaca y la electricidad que corre por la piel.

Sus defensores argumentan que puede medir las respuestas fisiológicas de algunas emociones. Así, dicen, es capaz de demostrar físicamente cuando una persona miente.

En cambio, los detractores de este método afirman que puede dar por «mentirosa» a una persona que dice la verdad, porque la mera intranquilidad de someterse a la prueba puede producir las mismas respuestas fisiológicas que detecta el aparato. También se ha demostrado que es posible entrenarse para vencer al polígrafo.

Asimismo, hay quienes consideran que su uso viola las garantías individuales.

Uso como prueba

En América Latina, el polígrafo es utilizado como prueba judicial en Guatemala y Panamá.

En Estados Unidos, 18 estados admiten su empleo en un juicio bajo estipulación, es decir, cuando fiscal y el abogado defensor están de acuerdo.

También se usa como prueba en países como Japón, Sudáfrica e Israel.

Pero en España, donde opera la empresa Omnis, el sistema judicial no reconoce la validez del polígrafo. Según el juez Augusto Morales, de la Audiencia Nacional, «la ley española no lo acepta porque los legisladores no le dan fiabilidad técnica».

Morales insiste en que la fiabilidad se ve comprometida por el nerviosismo del individuo ante un juicio, que también es captada por el aparato: «Las personas suelen estar muy nerviosas, pero eso no implica que estén mintiendo».

Según el magistrado español, el hecho de que el polígrafo se utilice en otros países puede explicarse por las fuertes presiones de asociaciones como la APA (American Polygraph Association): «A los poligrafistas les puede interesar que se conozca esa presunta gran fiabilidad del método. Si se lo admitiera en juicios en más países, harían un gran negocio».

Los defensores del procedimiento, por su parte, niegan que haya presiones e insisten en que los resultados del aparato hablan por sí mismos.

En el trabajo

Pero a pesar de las dudas sobre el carácter fidedigno del polígrafo, cada vez más grupos multinacionales contratan a firmas como Omnis para llevar a cabo sus procesos de selección de personal.

Según David Fierro, «Omnis no trabaja para descubrir a los mentirosos, sino para saber quien dice la verdad».

Y asegura que en ningún momento del proceso invaden la intimidad de la persona, «porque no se le pregunta ni sobre su vida sexual, ni sobre su orientación política o religiosa».

Sin embargo, Fierro admite que sí se la interpela sobre «cualquier cosa relacionada con irregularidades que haya cometido». Y prosigue: «Luego depende de cada uno si prefiere decir la verdad o no».

Precisamente en este punto los críticos afirman que se entra en una zona peligrosa, ya que puede vulnerarse el derecho del postulante: ¿es la prueba realmente voluntaria? y ¿es posible que haya coacción del empleador?

Rodolfo López, un abogado español especializado en derecho laboral, dice: «Nunca te dirán que no te van a dar el trabajo por no presentarte a la prueba del polígrafo, que es voluntaria. Si te niegas, es fácil, te marcan en una casilla y basta».

Y añade que, en términos jurídicos, la dificultad reside en demostrar que se ha discriminado a alguien por no aceptar hacer el test, ya que no hace falta explicarle por qué no se lo elige. «Pero en caso sea posible demostrarlo, podría ser un delito contra el derecho de los trabajadores».

¿Y la información?

Para López, también hay que tener en cuenta el uso que se haga de los datos obtenidos por medio del polígrafo. «Si la empresa en cuestión vendiera esa información, estaría atentando contra el derecho a la intimidad de las personas».

Por eso, en 1988 se aprobó en Estados Unidos una ley para la protección del empleado contra la prueba del polígrafo, que prohíbe el uso directo o indirecto de la «máquina de la verdad» por parte de empresas.

Sin embargo, en España y en varios países de América Latina no hay leyes que regulen la utilización de este aparato en el ámbito privado. Por lo tanto, utilizar el polígrafo en entrevistas de trabajo continúa siendo legal.

Ello no ha impedido que en esas partes del mundo haya habido denuncias por presunta violación del derecho a la intimidad en el ámbito de las empresas.

Tal es el caso de algunas empresas españolas que operan en América Latina, como la atunera Calvo y la energética Unión Fenosa, y firmas en países como México, El Salvador, Guatemala o Colombia, aunque los implicados suelen negar el uso indebido de la «máquina de la verdad».

Mientras proliferan los argumentos a favor y en contra del polígrafo, hay quienes sacan a relucir lo que alguna vez dijo el escritor francés Anatole France: «Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento».

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