Científicos dicen que estamos más cerca que nunca de rejuvenecer el cerebro con fármacos

Imagen de altar resolución mostrando en fluorescencia roja un gran número de nuevas neuronas producidas en el hipocampo de ratones de edad media que habían sido tratados con ABT-263 para eliminar sus células madre senescentes

Un nuevo estudio ha conseguido reactivar la producción de nuevas neuronas en cerebros de ratones

Eso de que las células del cerebro no se reproducen es simple y terminantemente falso. Lo habremos escuchado cientos de veces en sus no tan diversos formatos. Que si morimos con las mismas neuronas que nacemos, que si neurona que se pierde neurona que no vuelve, en fin, que hemos asimilado el dogma de que, a diferencia de nuestra piel, el cerebro está hecho por ladrillos que solo pueden romperse y degradarse, pero nunca repararse. Esto ha hecho que entendamos a nuestro cerebro como un órgano muy dependiente del tiempo, asociando la vejez con un deterioro cerebral inevitable. Y, sin embargo, a pesar de cuán profundo hayan penetrado esos conceptos en nuestra población, hace años que sabemos que no es cierto.

Tenemos alrededor de 86.000 millones de neuronas en nuestro cerebro. O, mejor dicho, en nuestro encéfalo, que es el término correcto para referirse al cerebro cuando incluimos esa protuberancia bajo nuestra nuca llamada cerebelo y el tronco del encéfalo, que une el cerebro con la médula espinal. Eso son muchas células, tantas que si le diéramos una neurona de nuestro cerebro a cada persona del planeta todavía te sobrarían para proveer a otros 10 planetas como el nuestro. Si con esto fuera poco, hay otras células cerebrales olvidadas, siempre a la sombra de las mediáticas neuronas. Son las células de la glía y su número es equivalente al de neuronas. Todas son fundamentales para que nuestro cerebro funcione correctamente y sabemos bastante bien que las células de la glía se multiplican, se “reponen” a medida que pasa el tiempo. Con las neuronas… la historia es mucho más compleja, pero un nuevo fármaco parece hacer lo impensable con ratones.

Madres desentendidas

Aquello de que las neuronas no se multiplican tiene un punto de verdad, porque no podemos negar que se “reponen” con menos ahínco que otras células. Una lesión cerebral y una lesión idéntica en el hígado no tendrán el mismo pronóstico. La clave está en que eso no significa que no se produzca ni una sola nueva neurona durante la vida. El proceso se llama neurogénesis y existir existe, aunque pase desapercibido. Tal vez, los lugares del cerebro donde sea más detectable son los relacionados con la memoria a corto plazo (los hipocampos) y, al menos en animales, algunas partes implicadas en el olfato. Y, si bien la capacidad de producir nuevas neuronas suele ser muy baja, entre eso y que no produzcamos ni una sola nueva neurona durante toda la vida hay una diferencia importantísima. Porque si hay neurogénesis, aunque sea poca, podemos preguntarnos qué la frena y así potenciarla.

Esto es lo que ha estado intentando un grupo de investigadores del Instituto Canadiense de Investigación en Salud. Asumieron que, tal vez, había algo frenando esta multiplicación de las neuronas. Algo que impedía que las células dañadas o muertas fueran repuestas. Su hipótesis, en concreto, culpaba a las células madre, esas capaces de dividirse casi sin fin y dar lugar a células de aspectos y características muy variadas. Porque, a pesar de que normalmente las imaginamos inagotables, llega un momento en que rendimiento, por decirlo así, disminuye, y ya no son tan capaces de aportar a los tejidos las nuevas células para que se mantengan en un buen funcionamiento. Sin embargo… ¿Qué pasaría si los achaques acumulados con el tiempo fueran afectando a su rendimiento hasta que entorpezcan más de lo que ayudan? Hablamos de células madre senescentes, que así se llaman cuando, en lugar de morir y quitarse de en medio, una célula dañada decide “detenerse” para no causar más daños. El objetivo estaba claro, eliminar a esas células madre “desentendidas” y ver cómo reaccionaba el cerebro.

Eliminando madres

A la hora de diseñar el experimento había dos cosas meridianamente claras. La primera es que no podíamos eliminar una a una esas células de forma manual, por lo que haría falta una sustancia que las localizara y eliminara de forma selectiva, concretamente a las células madre más añosas. Por otro lado, un experimento así no podía hacerse directamente con humanos. La hipótesis era demasiado especulativa y los efectos tan poco anticipables., al menos no de buenas a primeras, por lo que tendría que hacerse en ratones. El fármaco utilizado fue el Navitoclax (ABT-263), utilizado normalmente para erradicar células cancerosas, pero con conocidos efectos contra células senescentes. Era la sustancia adecuada y los resultados así lo afirman, porque, tal y como los investigadores sospechaban, parece que eliminar estas células madre senescentes estimula la neurogénesis del hipocampo, por ejemplo, aumentando notablemente la producción de nuevas neuronas en esa estructura relacionada con la memoria a corto plazo.

Hará falta tiempo y muchísimos más estudios para saber si estos resultados pueden extrapolarse a nosotros, como humanos que somos. Y lo que es más, harán falta otros tantos para comprender cuáles son exactamente los beneficios (y riesgos) que puede reportarnos. Lo que está claro es que, aunque queden décadas, estamos más cerca que nunca de “rejuvenecer” el cerebro con fármacos y, por supuesto, de todo lo que eso pueda conllevar.

Es muy pronto para poder sacar conclusiones firmes sobre este estudio, pero los últimos avances en el campo parecen apuntar todos en esta dirección, sugiriendo que la eliminación de células senescentes ayuda al resto a “rebrotar” con más fuerza, como si fuera un arbusto que hay que podar.