¿Cómo aprendemos a distinguir qué grupos de personas ostentan el liderazgo y qué grupos son los que tienen el control efectivo de la situación?

La conclusión principal de la investigación es que tendemos a creer que los grupos grandes son los que tienen el control real. Y, a medida que tenemos más edad, gana peso en nosotros la creencia de que el liderazgo recae en grupos pequeños.

En un estudio liderado por investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago, con la colaboración del investigador postdoctoral Jesús Bas, del Centro para el Cerebro y la Cognición (Center for the Brain & Cognition, CBC) de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) en Barcelona, se ha examinado cómo las personas se forman su opinión sobre quién tiene el control en una situación de conflicto y quién ejerce un liderazgo.

Los seres humanos tendemos a formar grupos sociales. Dentro de estos grupos, se forman diferentes roles, por ejemplo, algunos individuos o grupos tienen un mayor control sobre los recursos compartidos y otros tienen una mayor capacidad para liderar a los demás. “Pero cada grupo es diferente al resto, tiene sus propias características y estas se configuran de una manera completamente específica”, explica Bas, del Laboratorio de Percepción y Adquisición del Habla del CBC, “por eso decidimos estudiar dos características y ver cómo interactuaban. Estas son: el tamaño del grupo y el estatus social”.

El tamaño del grupo puede influir en las expectativas de cada grupo. Por ejemplo, en una situación donde hay un conflicto, los grupos más grandes poseen una mayor «fuerza en número» y, por lo tanto, es más probable que sean los que controlen lo que ocurra si se da lugar un conflicto. Sin embargo, con otras variables de la jerarquía social el tamaño no suele ser el factor más importante y no siempre el grupo más grande es el que tiene un estatus social más alto. Es el caso del liderazgo. “Las jerarquías basadas en el liderazgo adoptan a menudo una estructura piramidal, con un grupo numéricamente más pequeño de individuos que ocupan la posición más alta, tal como indican los autores del estudio.

En el estudio participaron 384 niños de edades entre los 3 y los 10 años y 610 adultos. A los sujetos de estudio se les mostraban imágenes con dos grupos de diferente tamaño. Se les mostraron grupos con proporciones diferentes (1:19; 2:18; 5:15; 8:12). A continuación, se les preguntaba qué grupo creían que tenía el control o qué grupo creían que lideraba.

En los adultos las respuestas fueron muy claras: los grupos más pequeños se encargaban de tomar las decisiones y de liderar. Pero si se trata de conseguir alguna cosa más, el grupo grande era el que tenía el poder de hacerlo.

Con los niños, las respuestas fueron menos claras. Los niños de todas las edades daban siempre por hecho que el grupo que tenía el control era el grupo más grande, tal como lo creían los adultos. Pero diferían de los adultos cuando se les preguntaba sobre el liderazgo: los investigadores encontraron que ese concepto no era igualmente compartido por todos los niños. Se observó que la edad de los participantes y el tamaño relativo de los grupos presentados influía en las respuestas: a mayor edad y mayor diferencia entre los grupos, más tendencia a pensar como los adultos.

Las conclusiones del estudio reflejan que la forma en la que se entiende o se infiere el estatus social de un grupo es muy variada. En determinadas situaciones, son el tamaño y la fuerza los componentes estructurales del estatus social; en otras, pueden ser cualidades que no se ven a simple vista, como la inteligencia o la capacidad de liderazgo.

“Todos los grupos de edad estudiados admiten sin variación que el tamaño es clave para saber quién es el que controla una situación de conflicto”, continúa Bas. “Pero con el liderazgo no ocurre lo mismo, es menos intuitivo. Vemos que es un concepto más difícil de entender y que se va aprendiendo con el tiempo; esto pasa porque las razones para que un individuo o grupo pueda liderar son más sutiles”.

Desde una edad muy temprana, los niños detectan y prestan atención a diferentes características de los grupos sociales (por ejemplo, el género, la raza, el idioma, la nacionalidad, etcétera). Este estudio muestra que también son sensibles al tamaño relativo y al estatus social de los grupos. Esto es muy importante, ya que el razonamiento que los niños hagan sobre los grupos sociales que les rodean puede influir en la forma de interactuar con ellos.

El siguiente paso en la línea de investigación de Jesús Bas y sus colegas será trabajar con otras variables y ver la interacción entre ellas. “Este estudio es solo el primer paso, especialmente porque los grupos no suelen tener únicamente dos características. La idea es incluir posteriormente más variables como el género o la edad y obtener datos más completos”, concluye el investigador.

El estudio se titula “Small groups lead, big groups control: Perceptions de numerical group size, power, and status across development”. Y se ha publicado en la revista académica Child Development. (Fuente: UPF)