Como disfrutar Nueva York con poco dinero

images (3)Manhattan, uno de los destinos turísticos más importantes del mundo, tiene mucho por ofrecer gratis o a precios muy bajos

Que Nueva York puede resultar una ciudad muy cara es verdad. Pero también lo es que pocas metrópolis ofrecen tanto para ver y disfrutar sin desembolsar un peso. Una vez que solucione el alojamiento -los hospedajes más económicos son los hostales, en los que se comparte habitación y baño con otros viajeros, y cuestan alrededor de 60 dólares la noche, aunque hay uno para jóvenes (el International Students Center) muy bien ubicado y recomendable por sólo 40 dólares diarios- es más que posible recorrer la Gran Manzana sin gastos excesivos, armando todos los días un plan diferente.

Manhattan, la isla y distrito núcleo de Nueva York, donde se encuentra lo más icónico y reconocible de la ciudad, es en realidad muy pequeña: un rectángulo de diez cuadras por unas cien (su superficie tiene 87 kilómetros cuadrados), en el que viven casi dos millones de personas. Sin embargo, más allá de los puntos con gran concentración de gente o tráfico, tiene amplias avenidas, callecitas arboladas, plazas y espacios verdes -en particular, el imponente Central Park, que merece un capítulo aparte (ver recuadro)- que la vuelven muy amigable para recorrer a pie.

En cualquier barrio de Manhattan el visitante se sentirá en constante déjà vu, ya que no hay esquina que no haya servido de locación en decenas de películas o series de TV. Nueva York es parte del imaginario cultural aún entre aquellos que nunca pisaron Estados Unidos.

La famosa Quinta Avenida, larguísima arteria que atraviesa la ciudad de Norte a Sur, cambia de panorama según su tramo. Al Este de Central Park, se convierte en la milla de los museos, pues es donde se ubican el prestigioso Metropolitan Museum of Art (MET) y el Guggenheim.

Perderse una visita al MET teniendo tiempo libre en Nueva York es imperdonable. El precio de la entrada es «a voluntad», ya que el visitante puede pagar lo que desee, incluso un solo dólar. Eso sí: para recorrerlo necesita varias horas, y aun así es difícil que llegue a apreciarlo en su totalidad. Su colección es de las más importantes del mundo: alberga dos millones de obras. Arte egipcio, asiático, medieval, contemporáneo, moderno, pinturas, esculturas, instrumentos musicales, fotografías, arquitectura, audiovisuales; su universo es vasto y maravilloso. Siempre hay alguna colección itinerante y cada tanto también es escenario de espectáculos.

También en la Quinta Avenida, pero unas cuadras más al Sur, descansa la Biblioteca Pública de Nueva York, un diamante menos visitado por los turistas. Sin embargo vale la pena acercarse, ya sea para consultar el inagotable material que tiene para todo público o para, al menos, admirar la majestuosidad del edificio por dentro.

Si quiere ver la Estatua de la Libertad pero no le interesa acercarse demasiado, su mejor opción es tomarse el ferry a Staten Island que cada 30 minutos parte desde la terminal al Sur de Manhattan. Es gratis y podrá ver el monumento a unos 300 metros de distancia. Claro que también hay tours hasta la isla Libertad, donde está enclavada la estatua, desde 18 dólares.

Por la zona Sur del distrito no querrá perderse tampoco el famoso barrio financiero de Wall Street. Además de la propia calle que da nombre a la zona, lo más visitado es el monumento del toro embistiendo –el Charging Bull– que representa la fuerza y el poder. Aunque está allí apenas desde 1989, es todo un símbolo de Wall Street y siempre tiene un enjambre de turistas.

Por supuesto que en la misma zona otro atractivo es el memorial y museo de los atentados del 11S, que abrió sus puertas este año donde antes se alzaban las Torres Gemelas. Tiene entrada libre los martes; de lo contrario, el ingreso cuesta 25 dólares.

También bastante reciente es la High Line. Se trata de un parque urbano construido sobre unas antiguas vías de tren elevado. En la plataforma, que dejó de usarse en 1980, se inauguró en 2009 el espacio verde que tiene por ahora dos kilómetros de largo -cuando terminen de acondicionar su último tramo sumará más longitud- y recorre desde Gansevoort Street hasta la calle 34, al Oeste de Manhattan. Está repleto de árboles, bancos, reposeras, miradores, puestos de comida y artesanías, y buenas vistas al río Hudson. La entrada es libre.

Por allí se encuentran algunos barrios con atractivo propio. East Village es una zona de excelencia para salir, pues está repleta de bares y restaurantes. A la noche, la movida se nota más, con jóvenes en las calles entrando y saliendo de los locales, que están a metros de distancia uno de otro. A los que no quieren dejar Nueva York sin haber entrado a un club de jazz, es recomendable conocer el famoso Fat Cat. Es un lugar extraño: queda en un sótano gigante colmado de mesas de pool, mesas de ping pong y futbolitos, entre otros juegos (algunos de los cuales son inidentificables para un uruguayo), más juegos de mesa disponibles. En el medio hay un living para escuchar jazz profesional y amateur. La entrada cuesta 3 dólares y la cerveza es barata.

Aledaño a East Village está Hell`s Kitchen, donde hallará varios escenarios de stand up, incluido el National Comedy Theater, cuyos shows suelen ser accesibles.

Por supuesto que un amante de los buenos espectáculos no dejará de visitar Broadway, la calle famosa por su prestigioso circuito teatral, pero en este caso es difícil entrar gratis. La opción es conseguir entradas remanentes para distintos shows en la boletería de Times Square, soportando larguísimas colas. O tener suerte en las «loterías» que se organizan en la puerta de algunos teatros dos horas antes que empiece la función, donde los favorecidos pueden llegar a pagar 25 dólares por entradas de 300.

El mismo mecanismo funciona para los espectáculos deportivos, sobre todo para ver partidos de la NBA. De lo contrario, vale la pena ir a ver baseball, aunque no en Manhattan: el estadio de los Yankees, en el Bronx -otro de los cinco distritos neoyorquinos-, es uno de los más visitados y suele haber entradas desde 15 dólares. Aunque no entienda el juego, estará viviendo una típica experiencia estadounidense. Si es aficionado al deporte, un partido de hockey en el mítico Madison Square Garden es otra alternativa.

Otro inequívoco símbolo de la ciudad es el Empire State. Sobre la Quinta Avenida, es tal vez la atracción clásica más costosa: subir al mirador cuesta 42 dólares. Puede dejarlo pasar. Nueva York igual lo sorprenderá con rincones para todos los bolsillos.

Central Park, el oasis verde en medio de la metrópolis

Es el parque urbano más famoso del mundo. Y uno de los más grandes. Núcleo rectangular de Manhattan, de cuatro kilómetros de Norte a Sur por ocho cuadras de Este a Oeste, Central Park es el pulmón verde de la ciudad tanto como un foco inagotable de entretenimiento. Tiene tantos rincones que resulta un universo aparte, imposible de recorrer en un día. A veces, ni siquiera varios viajes permiten conocerlo en su totalidad.

En su zona Suroeste, casi frente al hotel Plaza, alberga al Zoológico de Nueva York, cuya entrada cuesta 18 dólares para adultos y 13 dólares para niños entre 3 y 12 años.

Si bien gran parte del parque parece natural, contiene varios lagos artificiales -que se vuelven pistas de patinaje sobre hielo en invierno-, entre ellos el enorme estanque Jacqueline Kennedy Onassis. A su alrededor hay una pista para correr de 2,5 kilómetros de longitud. Los fines de semana da la impresión de que todos los neoyorquinos están por allí, o en otras áreas del parque habilitadas para ejercicio, haciendo footing o andando en bicicleta. El parque es también un popular oasis para aves migratorias, lo que lo convierte en un lugar concurrido por observadores de pájaros, a quienes se puede ver cargando sus lentes fotográficos. Un activo teatro de títeres y un auténtico castillo victoriano son otros de sus atractivos escondidos. Pero además está colmado de puentes, senderos, esculturas y glorietas. Los curiosos notarán que todos los bancos del parque tienen placas referidas a personas o relaciones. Es una de las formas que tiene Central Park de financiarse: la gente paga por grabar nombres o dedicatorias.

Brooklyn y el barrio de los hipsters

El puente de Brooklyn, construido a fines del siglo XIX, es uno de los paseos más populares de turistas y neoyorquinos que no dudan en caminar este emblema de la ingeniería. Con casi dos kilómetros de longitud, el puente une Manhattan con Brooklyn, el distrito más poblado de Nueva York, y uno de los más grandes. Entre sus múltiples barrios se destaca Williamsburg, que en los últimos tiempos se ha convertido en el lugar de moda. Hogar de una pujante comunidad artística, con tiendas recicladas y murales pintados, es punto de reunión de la cultura hipster, asociada a un estilo de vida indie y alternativo.

 

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