Como manejar los celos (teoría y práctica)

Cada vez es más evidente que los celos y el control dejan al descubierto inseguridades. 

Los celos son sensaciones molestas e inquietantes que causan crisis en las parejas, algunas severas e irreversibles. La experiencia se basa en: sospecha seguida de intranquilidad y reclamos de que la persona amada cambie su cariño o amor hacia otra persona. Como los celos forman parte de nuestro mundo afectivo, la expresión de los mismos va desde bajos a altos niveles, en el medio existe una gama de posibilidades. Otro tema es el tiempo que duran: desde un período breve hasta prolongarse (lo cual nos habla de una personalidad predispuesta).

¿De dónde vienen? 

Los celos están presentes en todos los seres humanos (que pertenecen a esta cultura de raíces patriarcales, en donde es muy fácil poner al otro en el lugar de objeto) y remiten a la niñez, específicamente al proceso de individuación, es decir, cuando nos reconocemos como seres autónomos, separados de los demás.

Aceptar que “el otro” tiene una vida propia es un trámite complejo que puede durar toda la vida. A la persona celosa le cuesta aceptar que el otro -mucho más el ser amado- es independiente y puede diversificar sus afectos en diferentes vínculos: hijos, padres, amistades, ex parejas, etc. El celoso quiere exclusividad, ser poseedor único del amor; dicen amar y emocionarse por la presencia del otro, sin embargo no entienden que el amor es autonomía.

Se trata de un «amor» basado en la carencia: el otro completa vacíos fijados en la infancia, fundamentalmente la amenaza del desapego. Todo celoso reprime fuertes sentimientos de inseguridad afectiva, proyectando en la persona cercana la obligación de estar para cubrir sus baches. El celoso ama y odia, obliga a un fidelidad siempre al jaque.

Celos y desconfianza en la pareja

El amor de carencia es una forma de amor pasional que despierta sentimientos ambivalentes. El sentimiento queda subordinado por los impulsos y ansiedades que despierta la sospecha. Y cuando aparecen, la racionalidad no es suficiente para frenar la suspicacia ni las conductas resultantes. Una pareja embargada por los celos pierde la paridad, la equidad que debe existir para aceptar la autonomía, la historia previa de cada uno y los deseos de proyección hacia un futuro. El presente se convierte en un desagradable acto de incomunicación, ocultamiento de acciones inocentes y discursos vanos. Y todo para no despertar la más mínima sospecha.

En el caso de la persona celosa, su preocupación es el afecto que su partenaire puede dispensar a los demás, fundamentalmente alguien atractivo o con dotes de ser una competencia. Los celos recortan la figura del otro a sus aspectos más amenazantes, perdiendo de vista la integridad de la persona. Y aunque sepa que su pensamiento es absurdo, no puede quitárselo de la cabeza.

La personalidad del celoso

Los celos pueden aparecer ocasionalmente, provocados por alguna situación real que los dispara: un comentario, un chat, escuchar a la pareja hablar mucho de un compañero de trabajo, etc. En la mayoría de los casos se habla el tema y se disipa. En las personalidades celosas la sospecha es la regla, vislumbran deslealtades en todos lados. Siempre están pensando que son objeto de alguna trama en su contra. En el encuentro erótico la pareja no puede pedir o sugerir variantes porque pedirán explicaciones de por qué el cambio en la rutina sexual, “¿quién te lo dijo?», «¿dónde lo aprendiste?»

La pareja debe extremar los cuidados de qué decir o no decir para no despertar suspicacias. Esta forma de sobreadaptarse a la conducta del celoso provoca mucho malestar en la persona celada porque debe ajustar toda su vida, perdiendo espontaneidad y libertad para decir y hacer lo que piensa y siente. Los celos se naturalizan pensando que el algún momento el celoso se convencerá de que no existen las amenazas que percibe, que es producto de la infancia que no superó o “es tan bueno y tan buen padre que es lo más importante, los celos me los banco”.

Sexo y sospechas

Cuando en la pareja hay un celoso la sexualidad sufre reveses: disminución del deseo; malestar a la hora de hacer el amor; irritabilidad; condicionamientos por fallidas experiencias anteriores; dificultad para la entrega, la relajación y el goce del sexo. Los celosos se irritan con facilidad, alterando el encuentro sexual. Cuando se instala la sospecha son capaces de organizar pesquisas con el fin de agarrar “in fraganti” al compañero. Revisan mensajes, mails, papeles, y están atentos a cualquier movimiento de la pareja.

A la hora de tener sexo la idea de celotipia puede estimularlos, mezclándose el impulso sexual con ira y desinhibición. Se nutren de la impotencia ajena para estimularse. Sin embargo, cuando la pareja se deja llevar expresando alguna fantasía, vendrá luego el interrogatorio. Muy atrás ha quedado el austero cortejo. El refinamiento de la acción de conquista (generalmente con rasgos de caballerosidad, simpatía, hasta un discurso de “mente abierta”) ha dado paso a un ser inescrupuloso. Rechazan todo tipo de propuestas eróticas del partenaire por considerar que existen intenciones “dudosas” en las mismas. “Me quiere probar”; “quiere hacerme impotente así encuentra motivos para pelear”; “debe tener un amante y me está comparando”.

Tips para mejorar los celos en la práctica

– Los celos cierran la percepción de uno mismo y del vínculo amoroso. Debemos darle un lugar importante a todas las capacidades que tiene la pareja para crecer.

– Todos los vínculos son diferentes. Si existieron infidelidades en historias anteriores no tienen por qué repetirse en la actual. Cada relación es un mundo a descubrir.

– No dejar que la presunción se convierta en certeza. Hablar sobre los temores, las inseguridades y darle un sentido placentero al compartir. En el encuentro erótico es recomendable concentrarse en la relación, dejar de lado supuestos por lo que el otro dice o hace.

– No esperar que se genere un conflicto para aumentar el grado de excitación. No es la mejor manera de incrementar la tensión erótica.

– Aceptar que la sexualidad no debe estar atada a ninguna norma, más que al acuerdo y el respeto mutuo entre sujetos adultos. No dejar que las conductas de celos se naturalicen. Recordar que violencia también es querer controlar, perseguir, poseer al otro en forma exclusiva.

– Los teléfonos móviles, los chats, mails, forman parte de nuestro mundo privado y por nada deberíamos dejar que nadie los controle.

– Los celos pueden ser ocasionales y forman parte del capital de emociones que todas las personas tenemos, incluso puede ser un signo muchas parejas valoran porque indica que el amor está presente y nos preocupa el otro.

– Cuando los celos ocasionan sufrimiento, control, sobreadaptación del otro para no generar conflicto, pérdida de libertad y violencia, han pasado a ser patológicos y requieren de ayuda profesional para revisar las causas.

Por: Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo