Con casi medio siglo bajo el sol, el Porsche 911 S entregaba una de las mejores relaciones precio prestaciones

2013-porsche-911-turbo-16_600x0wEl 911 es un ícono en la historia del motor. La versión S madrugó como inicio de un creciente e interminable grupo de personalización, que hasta hoy vende muy bien

Por Fernando Santos Morales

No creo haber escuchado a nadie ni leído nunca, que un Porsche 911 no sea divertido durante la conducción. Hace un par de años el sempiterno 911 cumplió medio siglo de vida. El año entrante, será el turno de la versión S, que hizo sonreír a muchos con su ‘modesto’ y particular motor de 2 litros.

¿Modesto? Para nada. Con esa capacidad cúbica, como siempre en todo 911 distribuidos en 6 cilindros posicionados a 180 grados, el hito de la historia del automóvil entregaba la friolera de ¡160! caballos, cifra a la que 20 años después llegaban muy pocos; algunos, sin la elasticidad y suavidad que permitía al 911 S entregar una fuerza acorde en bajas revoluciones de manejo tranquilo.

Después de pisar las 5000, se encumbraba sin fatiga hasta las 7200 revoluciones (sí, en 1966, y no se rompía y duraba más que el promedio) donde la turbina de refrigeración deleitaba no particularmente en éste, sino en otros de la familia, acompañada siempre del suave ronquido.

Dos carburadores dobles, árboles de levas con perfiles bien estudiados, ponían una buena dosis de la excelente potencia, que ni con la arquitectura y electrónica mil veces más avanzada, alcanza la mayoría de los motores 2 litros (sin turbocargador), de no hace tanto tiempo.

¿Velocidad tope? 220 kilómetros por hora y una aceleración de cero a cien en torno a los 7 segundos, cifras que superaban de lejos a la gran mayoría de los pocos exponentes de no tantas categorías (por tamaño y formas) en el mercado alemán.

Seducía en las carreteras de montaña de Suiza o en cualquier vía sobre los Alpes, cuando por alta velocidad o corrección de la trayectoria en pleno viraje para no irse de frente, se liberaba el acelerador asomando mucho la cola en plena trayectoria. Claro, al conductor común y corriente, lo dejaba con un vacío en el estómago de nunca olvidar.

Ese comportamiento tiene tradición en los Porsche 911     -mejor, tenía, especialmente los modelos de los últimos 15 años hacia atrás, por arquitectura de las suspensiones, frenos y mejor distribución de masas-,    de hecho es gran parte del argumento de atracción.

El descanso en un parador era recompensado cuando se miraba la cantidad de detalles y la calidad de su manufactura que tanto ayer como hoy están a otro nivel. Los instrumentos eran muy claros y fáciles de leer especialmente en altas velocidades.

No era fácil de conducir en recta (por falta de masa adelante), menos al límite en curvas   -como su predecesor el 356-,   pero los destacados ingenieros aún confían en el motor y tracción trasera que aseguran una buena tracción tanto en pistas como en carreteras.

Fue una buena disculpa con un buen argumento para la esposa, cuando un joven padre de familia quería correr y divertirse con un S de 160 caballos: mientras llegaban los hijos, y durante el crecimiento, los podía llevar en los mini asientos traseros (para nada cómodos, heredados igualmente del 356), y con parte de los utensilios de casa, en el baúl delantero.

Es un deportivo, no es así el más cómodo, grande o espacioso. Cada vez que veo uno como éste 911 S con su sencilla pero igualmente seductora estética de los años sesenta, como transitan unos parecidos por ahí en las calles portando la matrícula de antiguo o clásico, daría lo que fuera por quitarle el polvo, y arriesgarme en una buena carretera de montaña.