Conoce cuáles son los efectos que producen en la piel el exceso de azúcar y de alimentos con un alto índice glucémico

Una piel que ha perdido turgencia y elasticidad, que luce deshidratada, con arrugas y flacidez, y con un aspecto pardo o grisáceo es una piel envejecida, según afirma la doctora Gema Pérez Sevilla, cirujana maxilofacial y experta en medicina estética facial, pues éstas son señales de que ha perdido el aspecto lustroso y radiante que caracteriza a la juventud.
Son muchos los agentes externos que pueden influir en el envejecimiento de la piel y algunos resultan difíciles de controlar. Con otros, como es el caso de la alimentación, podemos tener un mayor margen de maniobra. De hecho, uno de los factores que más pueden afectar a la piel es tomar un exceso de azúcares o de alimentos con un alto índice glucémico.
La explicación está, según precisa los expertos en los dos efectos que produce ese exceso: la glicación y el aumento de la insulina. Veamos con detalle las implicaciones de cada uno de ellos.
Por un lado, el aumento de glucosa hace que esta se pueda unir a proteínas como el colágeno o la elastina y eso produce glicación o glicosilación, un fenómeno que provoca la aparición de AGEs (Advanced Gycation End Productos) y con ello inflamación, oxidación y deterioro a nivel celular. «Cuando el colágeno se glicosila, su estructura se altera y la piel se muestra menos elástica y turgente apareciendo la flacidez y las arrugas», explica la Dra. Pérez Sevilla.
Y por otro, ese consumo excesivo de azúcares provoca un aumento de la insulina (y del factor de crecimiento similar a la insulina) que favorece la producción de sebo y el aumento de hormonas andrógenas que, según revela la experta, facilitan la obstrucción de los poros y el empeoramiento de problemáticas como la rosácea o el acné.
Sin obsesiones, pero bajo control
Es cierto que, tal como aclara la Dra. Pérez Sevilla, podemos consumir azúcares con moderación pues parte de la glicación que se produce puede ser compensada por el organismo. Pero el problema puede surgir cuando la cantidad que tomemos sobrepasa esos mecanismos de compensación. Y también importa el tipo de dulces o de azúcares que consumamos pues los que elevan más el nivel de glucosa en sangre, como es el caso de los azúcares refinados o procesados, son los más peligrosos. «Lo que diferencia a los azúcares procesados es que, al estar compuestos por glucosa y fructosa, una cantidad pequeña puede ocasionar grandes glicaciones de las proteínas de la piel y, por tanto, mayor daño. Los azúcares naturales de los alimentos como la lactosa de la leche o la fructosa de la fruta son, comparativamente, menos malos porque suelen aportar agua, fibra (que hace más lenta la absorción de la glucosa), minerales, vitaminas y antioxidantes que, por sí mismos compensan la glicación y protegen la piel», argumenta.
Los alimentos que protegen la piel
Tanto por la salud de la piel en particular como del organismo en general lo ideal es llevar un alimentación equilibrada y variada. La Dra. Pérez Sevilla aconseja, no obstante, que incluya vitamina B1 (alimentos integrales, huevos, carne, guisantes o nueces) y B6 (salmón, pollo, avellana, nueces, hígado…), que inhiben la glicación y contribuyen a frenar el envejecimiento de la piel que provoca el exceso de azúcar.
También recomienda los alimentos con vitamina C que intervienen en la formación del colágeno, son antioxidantes y ayudan a la síntesis de nuevas fibras que compensen las dañadas. Además, como precisa la experta, es una molécula antiinflamatoria que frena el envejecimiento y favorece la eliminación de fibras de elastina dañadas. Podemos encontrar esta vitamina en alimentos como los cítricos (naranja, limón, pomelo, mandarinas), el kiwi, las fresas, los pimientos o el brócoli.
En el otro lado de la balanza estarían, como ya se ha citado, los productos ultraprocesados que contengan azúcares añadidos y harinas refinadas (bollería, galletas, pasteles, dulces industriales, algunas salsas…) y también los alimentos con un alto índice glucémico como la cerveza, el puré de patatas, la miel, la zanahoria cocida, el arroz blanco cocido, el arroz hinchado (conocido como cereales para desayuno), el pan de molde blanco, el pan de hamburguesa, la harina de trigo, la harina de maíz y las bebidas isotónicas.
Cómo combatir los daños del azúcar en la piel
Aunque el tratamiento más adecuado dependerá tanto de la edad, como del tipo de piel y el estilo de vida, la experta explica que, en líneas generales, la mesoterapia de vitaminas, aminoácidos y estimulantes del colágeno y el láser no ablativo se pueden usar a partir de los 30 años. El láser de C02 (que regenera la piel eliminando las capas lesionadas y estimulando la producción de colágeno y elastina) podría usarse a partir de los 40 años, si bien aclara que los tratamientos deben personalizarse pues los hábitos (dieta, protección solar, cuidados y limpieza…) influyen mucho. «Una piel puede estar más envejecida a los 30 que a los 40», comentan los dermatologos.