Cuál es el rol del cerebro y del estado de ánimo en nuestra respuesta inmune

«He pasado los últimos 30 años preocupándome por cómo el cerebro interactúa con el sistema inmunológico y cómo el sistema inmunológico interactúa con el cerebro», dice Daniel Anthony, profesor de neuropatología experimental en la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

La misma inquietud la ha tenido Jonathan Kipnis, profesor de patología e inmunología en la Universidad Washington en San Luis, Estados Unidos.

«Mi obsesión es entender cómo el cerebro y el sistema inmunológico se comunican en la salud y en la enfermedad».

En Medio Oriente, Asya Rolls, investigadora y docente en el Technion-Instituto de Tecnología de Israel, también lleva tiempo buscando respuestas.

«Intuitivamente somos conscientes de que el cerebro afecta la inmunidad», dice la página web del laboratorio que lidera.

Y es que, indica, «en general, se supone que el cerebro está envuelto en todo lo que pasa en el cuerpo porque es el regulador central de todas las reacciones».

Pero lo cierto es que, según Kipnis, «recién ahora estamos aprendiendo sobre cómo interactúan los dos sistemas».

«Es muy emocionante, pero estamos en el comienzo», le advierte a BBC Mundo.

La doctora Cristina Koppel, neuróloga del Hospital Kings College y profesora del Imperial College de Londres, cree que «de la misma manera que estamos empezando a entender las redes sociales y que el mundo está mucho más conectado, así es la complejidad de una red de mensajes que se transmiten mutuamente el cerebro y el sistema inmunológico».

Con la ayuda de estos expertos exploramos lo que se sabe del rol del cerebro en la respuesta inmune.

El comportamiento

«En el mundo clínico, en el hospital, vemos muchos pacientes con problemas neuroinmunológicos», dice Koppel.

«Y en el mundo académico, uno sabe que ambos sistemas están hablando, que los mismos transmisores les pueden hablar a células inmunes y a células neuronales, pero aún tenemos mucho que descubrir».

Anthony coincide en que la relación entre el cerebro y el sistema inmune es bidireccional.

Si contraemos gripe o covid-19, muchos nos sentiremos mal y cambiaremos nuestros comportamientos, los cuales son descritos en las investigaciones como «estereotípicos».

«Interrumpes tu sueño, no quieres ver gente ni socializar, comienzas a mostrar toda una serie de comportamientos que son muy característicos de algo denominado comportamiento de enfermedad».

«Te vuelves anhedónico, es decir, dejas de hacer las cosas que te gustan, las actividades hedonistas, como beber, comer dulces, divertirte».

Desde una perspectiva evolutiva, explica el experto, esto tiene dos beneficios:

«Tal vez te ayude a recuperarte de la infección. Pero además de eso, también le manda una señal a las personas que te rodean».

Y se trata de algo que se ve entre animales, en mamíferos en particular: cuando estamos enfermos, el cerebro altera nuestro comportamiento y empezamos a repriorizar lo que hacemos.

«Cuando estás resfriado no te pones a resolver complejos problemas matemáticos porque estás cansado», señala Kipnis.

«Un animal se retira porque no quiere contagiar al rebaño, tú también te apartas, no quieres contagiar a la Tierra».

El estrés

Hans Selye fue el fisiólogo y médico austrohúngaro que acuñó el término estrés en la década de los años 40.

Demostró que el estrés social y ambiental, además de la infección, también cambia nuestros comportamientos y afecta la forma en que el sistema inmunológico funciona.

Por. Margarita Rodríguez