Cuando el Fiat 147 fue el responsable de movilizar a muchos, y de traer montones de diversión a otros

fiat_147_en_estado_excelente_una_joya_97969978400775406Éste pequeño hatchback auto del año europeo en 1972, era un hábil correcaminos que dejó agradables recuerdos para quienes lo vivimos, y no muy buenos para las billeteras de los que lo mantuvieron

Por Fernando Santos Morales Apenas estaba empezando la adolescencia, cuando ya entre todos los modelos me llamaba la atención el bonito Fiat 147 que se armó en la planta de la recién extinguida CCA en Bogotá, desde 1979 hasta 1984. Fiat, en ese momento, con Renault y Chevrolet, eran los autos para las masas colombianas (que eran prácticamente todos los colombianos) puesto que para tener vehículos de otras marcas se debían importar a cuentagotas a precios astronómicos que los hacían ver a todos como autos de lujo. El 147 vino con 2 motores un 1.050 litros y el 1.3 con el que cerró su ensamblaje. Con cercanos 3.6 metros de longitud   -lo que mide el último Chevrolet Spark, llamado GT en Colombia-,   menos de 1.60 de ancho, movía una masa cercana a los 800 kilos, bien por debajo de lo que un citycar actual pesa, por la ausencia de equipamiento de seguridad y confort. La idea de Fiat fue hacer un todo adelante (motor, caja y transmisión dispuestos de forma transversal), dejando el resto del espacio para los ocupantes y el maletero. La distancia entre ejes que puso lo más importante para la habitabilidad, supuso para la época un esfuerzo al grupo de ingeniería y diseño a pesar de estar mucho más de 10 centímetros por detrás de la del Spark. Mi primera toma de contacto a fondo fue con el 1050 del año 1981, de la hermana de un amigo que no lo empezó a prestar. La sorpresa fue mayúscula cuando al primer toque de acelerador de mi amigo (yo no tenía aún la edad ni el tamaño para conducir….) salía casi disparado (basándome en las referencias de la época), y nosotros, cual orates en libertad, tomábamos la carrera quinta y parte de lo que hoy es la avenida de circunvalación bogotana las cuales siempre han sido peligrosas, más para unos ‘’bebes’’ que la cogen a toda en curvas, bajadas y subidas. Se agarraba al pavimento de manera genial y con cada giro de la pesada dirección, se movía con interesante agilidad; la corta distancia entre ejes ponía de su parte. Las suspensiones eran casi independientes   -hacia lo deportivo por la rigidez-,    porque las 2 llantas delanteras iban sobre McPherson, pero las de atrás estaban semi unidas por un curioso elemento elástico transversal: la ballesta, como en el legendario Chevrolet Corvette y los antiguos Simca. Conducirlo era un placer y un reto a la vez. El control de cambios era un modelo de imprecisión, lentitud y ‘’anti’’ ergonomía, como lo era la posición de manejo, con una silla que parecía haber sido diseñada por cualquiera, menos por alguien de una reputada firma de vehículos. Definitivamente el peso y las buenas relaciones del cambio sin apartarnos de los buenos motores, eran su fuerte para acelerar con entusiasmo. Atrás era razonablemente amplio, y el baúl era aceptable para un 5 puertas de esa longitud, además porque la rueda de repuesto iba en el compartimiento del motor. Los últimos modelos con el 1300 de 61 caballos, tenían un torque muy agradable, y traían espejos graduables desde el interior, tacómetro que devoraba rápidamente, mejores telas en el interior, y stops con señal naranja para las direccionales y luz de neblina roja atrás. Bien presentado, muy bonito Pocos autos de la época reunían todo esto para redondear un perfecto coctel ……que rompía la copa!! La calidad del 147 era regular por no decir mala en todos los países del mundo en donde se vendió y Colombia no fue la excepción. Era crónico de todos los Fiat, la aparición del óxido: los estribos se podrían, en los pasos de rueda el mal estado era evidente desde el exterior. Se iba comiendo el auto poco a poco; ninguna lámina de acero se salvó, ni estando en ciudades lejanas del mar como en Bogotá, y aparecía a los 3 años de comprado. El sistema eléctrico parece haber tenido como prioridad en su concepción, fallar por siempre, con el muy frecuente cambio de platinos y condensador, y las averías de alternador, casi desde nuevos. Cerca de los 50.000 kilómetros de distancia recorrida y con frecuencia, los amortiguadores, y especialmente las juntas homocinéticas de los ejes, presentaban desgaste. Había pronto fugas de aceite del motor, y el control de cambios, si tenían suerte, duraba funcionando con su precaria originalidad 80.000 kms. Su ensamblaje terminó hace 30 años y aunque muchos lo recordamos con entusiasmo, la calidad general, especialmente de la inexistente protección contra la corrosión en toda la carrocería, hace que se vean andando muy pocos por las ciudades colombianas. Los pocos que se ven, tienen miles de soldaduras y masilla ‘’after market’’, que no dejan oculto el mal estado de conservación.