¿De dónde viene el gas que exporta Rusia?

Vista general de la planta de gas natural licuado operada por Sakhalin Energy en Prigorodnoye, en la isla del Pacífico de Sajalín, Rusia 15 de julio de 2021. REUTERS/Vladimir Soldatkin

La respuesta parece obvia, de Rusia. Ahora bien, este gas no apareció por arte de magia en las estepas del enorme país del Este, si no que comenzó su viaje hace millones de años en las profundidades del fondo marino. Te contamos cómo se formó.

El gas natural, al igual que el petróleo, se produjo mayoritariamente debido a la fosilización de plantas y animales microscópicos que vivieron en los océanos del mundo durante el período Carbonífero, una división geológica que comprende entre hace 300 y 360 millones de años. Este periodo era muy activo geológicamente hablando, ya que se formó el supercontinente Pangea, que aglutinó prácticamente todas las masas de tierra firme en un mismo lugar. Además, inmensas selvas con árboles de hasta 40 metros de altura cubrían prácticamente todo el continente, lo que elevó la concentración de oxígeno atmosférico hasta alcanzar un 35%, niveles nunca vistos anteriormente (actualmente apenas llegamos al 21%). Las nuevas características de La Tierra favorecieron la aparición de insectos gigantes y, para no quedarse atrás, los anfibios y reptiles también comenzaron a dar sus primeros pasos.

Pero esta explosión de vida venía con un problema importante en uno de los eslabones cruciales de los ecosistemas. La presencia limitada de organismos descomponedores de madera provocaba que cuando un árbol moría, sus restos quedasen en el suelo durante mucho tiempo. Entonces, por cambios en el clima o eventos catastróficos que produjesen el colapso de los bosques se crearon enormes acumulaciones de material biológico que, por movimientos de tierra quedaban sepultados y eran sometidos a gran presión y temperatura durante largos períodos de tiempo. De esta forma se crearon los estratos con grandes concentraciones de carbón que encontramos por el mundo. Estos estratos característicos fueron los que -gracias a los geólogos William Conybeare y William Phillips- dan nombre a este periodo: carb? y fer?, portador de carbón.

Irse por las ramas y que se conviertan en carbón

A pesar de la importancia de este carbón y lo que ha supuesto en el desarrollo de la tecnología, hemos empezado comentando sobre la vida marina y plantas oceánicas, porque en este artículo vamos a dejar el carbón de lado un momento para centrarnos en la formación del gas natural. Los vegetales que acabaron formando el petróleo y el gas natural probablemente se parecerían más a las algas que colonizaban lo que en aquel momento sería el Océano de Tetis. El metabolismo de aquellas plantas no debía ser muy diferente a las actuales, ya que se valían de la fotosíntesis para absorber la luz solar y utilizar esa energía para fijar el CO2 de la atmósfera. Fijar el carbono permitía utilizarlo para crear compuestos orgánicos necesarios para crecer y reproducirse, completando así su ciclo de vida. Pero todas las vidas tienen un fin y cuando les tocaba a estas plantas, acababan en el fondo marino, donde iban acumulándose en capas. Con el paso del tiempo, las capas acabaron convirtiéndose en un material polimérico e insoluble llamado querógeno. Este compuesto se mezcló con arena, arcilla y minerales e iba creando estratos que, al engrosar y someterse a una presión cada vez mayor, formaron rocas sedimentarias con querógeno en su interior.

Como resultado de las altas temperaturas y las enormes presiones que experimentó el material polimérico al ser enterrado en las profundidades de la tierra, el querógeno se convirtió en petróleo, gas o ambos, dependiendo de la composición inicial del querógeno y de las condiciones a las que se expuso. La clave está en que cuanta mayor profundidad y más alta es la temperatura a la que se expone el querógeno, más ligeros son los hidrocarburos que acaban produciéndose. En el caso del querógeno predominantemente vegetal y de las temperaturas más altas, el resultado final suele ser gas natural, formado mayoritariamente por metano. Este proceso que ha llevado durante miles de años culmina con el filtrado del gas en los poros de la roca que lo rodean, por lo que queda almacenado a una alta presión, como el gas de una lata de refresco, pero a lo bestia.

A lo largo de las escalas de tiempo geológicas, las rocas que contenían los hidrocarburos fueron moviéndose con la deriva de los continentes y sufrieron una gran variedad de cambios en su posición y morfología. Si esta roca acababa cerca de la superficie, los compuestos orgánicos podían acabar escapando y formar piscinas de petróleo o incorporándose a la atmósfera en el caso del gas. Pero en otros casos quedaban bajo una capa de roca lo suficientemente impermeable como para contenerlos, formando los yacimientos que conocemos hoy en día. Estos depósitos son la principal fuente de suministro de petróleo y gas en la actualidad.

Pero hablemos de Rusia

Recordemos que Rusia es un país enorme, con más de 17 millones km². Esto es más de un 10% de la superficie continental, por lo que no es raro que contenga reservas enormes. Pero es que contiene mucho más del 10%, las estimaciones indican que Rusia posee al menos el 25% del gas mundial debido al reparto desigual causado por la deriva continental. Los yacimientos de rocas sedimentarias de la zona, sumando a una orografía y climatología proclive al acúmulo del gas han favorecido la creación de los depósitos. Los principales yacimientos se encuentran sobre todo en Siberia occidental, al este del Golfo de Ob, situado en el Círculo Polar Ártico. También en Urengoy, la segunda mayor reserva del mundo, con al menos 15 yacimientos distintos.

¿Y cuánto gas queda en el mundo?

Actualmente se estima que quedan unos 185 km³ de gas alcanzable, es decir, si juntásemos todas las reservas de gas del mundo, formarían un cubo de 185 km de largo, por 185 km de ancho por 185 km de alto. Cuesta encontrar equivalencias a tal enorme escala, pero para que nos hagamos una idea, la capacidad total de todos los embalses de España juntos es de 56,1 km³, es decir, necesitaríamos más de 35 veces (recordemos que estamos comparando volúmenes) todos los embalses de España juntos para contener las reservas de gas mundiales. Al ritmo de consumo actual y si no se encuentran más depósitos, las reservas se agotarán en unos 52 años.

Esto son estimaciones y, por tanto, hay que tomarlas como tal. Es cierto que llevamos más de 50 años escuchando que los combustibles fósiles se agotarán dentro de 50 años, pero no conviene llegar al final del contador sin tener un “plan b”. La adopción de renovables y otras fuentes de energía limpia son necesarias si queremos mantener el nivel de vida actual, así que invertir en la investigación y desarrollo de estas es una de las claves para el futuro que, poco a poco, se acerca.

No todo el gas del mundo se formó en el Carbonífero, de hecho, los grandes depósitos de Rusia son en su mayoría más jóvenes, de la Era Mesozoica. Incluso hay zonas con varios depósitos de gas unos encima de otros donde los más antiguos se encuentran más abajo.
Esta forma de creación de gas natural es la más habitual, pero no es la única. El gas natural se puede formar junto con el carbón, petróleo u otras rocas como la pizarra. Por eso en las minas es tan importante contar con dispositivos que indiquen si hay algún escape de gas, porque puede venir de depósitos inesperados.

Por. Daniel Pellicer Roig