Dubái, ayer orgulloso pavo real, hoy humilde plumero

Po: Josè Infante Ferrucho

Hace un año, Dubái estaba en los titulares de prensa por razones enteramente distintas a las actuales.

Era la fiesta de inauguración del hotel Atlantis, la atracción estrella de la isla artificial en forma de palmera localizada en esta ciudad.

Los organizadores gastaron millones de dólares en los juegos artificiales y aún más en las celebridades.

Pero al tiempo que la elite de Dubái tomaba sus copas de champagne, la crisis financiera estaba empezando a causar efectos en Occidente. Para Dubái, esa fue la última noche de extravagancia antes de la llegada de la recesión global.

Y así, doce meses después, los titulares de prensa son muy distintos.

Pero, ¿quién aguó la fiesta? Y, ¿cómo lo hicieron?

en Dubái todo el mundo tiene una teoría distinta.

Algunos dicen que era la tormenta perfecta: una burbuja de propiedad raíz a punto de estallar, con los precios aumentando día a día, impulsados por una especulación rampante.

Además, todo financiado con dinero prestado.

Nadie preguntó cómo iban a pagarse esas deudas, o si era posible pagarlas.

En medio de la euforia, se dejaron de lado los estudios sobre la capacidad de pago de los deudores y otras prácticas responsables.

Los medios locales confiadamente aseguraron que Medio Oriente era inmune.

«Dubái a salvo de la tormenta», decía un titular.

Qué equivocados estaban.

Otros sugieren que el problema radicó en la falta de transparencia.

Los negocios privados y oficiales se hacen aquí a puerta cerrada.

Los nombramientos en los puestos gubernamentales y corporativos influyentes obedecen más a conexiones que a credenciales.

Y con pocas estadísticas oficiales para tranquilizar a los inversores, es frecuente en cambio el rumor y la especulación.

Ese ha sido uno de los mayores problemas de Dubái.

La ciudad ha sido criticada por los medios internacionales, pero en vez de defenderse con hechos, Dubái decidió emprender una masiva campaña de relaciones públicas.

«Dubái se recupera», gritaban los periódicos locales, mientras que sus contrapartes extranjeros decían «Adiós Dubái».

Con mensajes tan contradictorios, no es de extrañar que los inversores locales y extranjeros hayan encontrado tan difícil el ambiente de negocios en Dubái.

Y entonces, ¿qué tan preocupada está la gente aquí con el anuncio de los problemas financieros de Dubái Word?

Aparentemente, no mucho. La vida cotidiana de la gente cambia poco. Dado que el anuncio se dio en medio de una temporada de vacaciones, las notoriamente congestionadas calles de Dubái están calmadas.

Esta es, tal vez, la razón por la que el gobierno escogió esta semana para dar las noticias.

Le da tiempo a los residentes y a los negocios acá para digerir las noticias y entender lo que significan.

El impacto global no ha pasado desapercibido, pero si se observa el número de personas disfrutando del sol en la playa, parece que esas preocupaciones pueden esperar.

También existe la sensación de que ya pasó lo peor.

Aquellos que sobrevivieron el verano, caracterizado por un desempleo creciente y una caída en los precios de la propiedad, sienten alivio, por supuesto.

Los que se quedaron, siguen esperando que Dubái tenga éxito, por que para muchos, la idea de que el sueño de Dubái haya terminado es demasiado difícil de contemplar.

En la comunidad financiera de Dubái, sin embargo, la reacción ha sido más discreta.

En parte porque muchos negocios están cerrados por vacaciones, y en parte porque ya sabían mucho de lo que iba a pasar.

No era ningún secreto que Dubái estaba fuertemente endeudada y que estaba teniendo dificultades para honrar esas deudas. La petición de aplazar los pagos, presentada esta semana, fue simplemente la confirmación oficial de lo que ya estaba en el ambiente.

Y para algunos, la idea de que Dubái está reconociendo el peso de sus deudas es un gran paso adelante.

«Ahora que han aceptado la deuda, pueden hacer algo al respecto», dice un hombre de negocios local.

«Antes estaban en negación, esto es lo que todo el mundo necesitaba escuchar».

Pero la pregunta que sigue sin respuesta es si el vecino emirato de Abu Dhabi vendrá al rescate.

El emirato ciertamente tiene el efectivo, pero ya antes había rescatado a Dubái con US$10.000 millones. Puede estarse preguntando a dónde fue a parar ese dinero.

Mucho se ha discutido acerca de la relación entre las dos ciudades-estado, tanto aquí como en el extranjero.

Tienen mucho en común, incluyendo los lazos familiares de los dos gobernantes.

Pero entre los dos, Dubái es el hijo travieso.

Se llevó los titulares, se endeudó, y ahora vuelve sombrero en mano a pedir un rescate.

Parece que Abu Dhabi no está todavía listo a perdonar y olvidar.

Sin evidencias reales, ya está aumentando la especulación acerca de sus posibles motivos.

Abu Dhabi podría estar forzando a Dubái a sufrir su recuperación, a poner en orden su casa antes de recibir más dinero.

O más preocupante aún, el emirato de Abu Dhabi podría necesitar el efectivo para él mismo.

Estos escenarios probablemente representarán dificultades de corto plazo para Dubái, y especialmente para su reputación internacional.

Pero en el largo plazo, ponen a Dubái en terrenos más sólidos.

La fiesta del año pasado se trataba de decirle al mundo que Dubái había nacido.

Ahora, al poner sus asuntos financieros en orden, se trata de decirle al mundo que finalmente ha madurado.

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