El falso secuestrado de las FARC

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Es muy posible que todos los colombianos, al menos una vez en los últimos dos años, hayan visto a Emmanuel, el niño nacido durante el secuestro de Ingrid Betancourt y Clara Rojas a manos de las FARC y cuya identidad tiene en vilo a media comunidad internacional. Cada noche su rostro apareció en los anuncios que por ley pasan los canales de televisión de Colombia y que muestran niños abandonados que «buscan su hogar». Minutos antes de las siete de la noche, la hora de máxima audiencia para los telediarios, se oye una canción infantil que sólo tiene una estrofa que se repite sin fin: «Para que los niños del mundo tengan todos un hogar, vamos todos a cantar». Y con esa música de fondo, un desfile de fotografías de niños y niñas con los datos de nombre, edad, padres y procedencia.
Emmanuel estuvo ahí, frente a todos. El instituto de Bienestar Familiar, ICBF, entidad oficial encargada del cuidado de los niños en Colombia, publicaba al lado de su rostro blanco, de finos rasgos y de cabello negro, el que hasta ahora ha sido su nombre: Juan David Gómez Tapiero, tres años de edad, padre desconocido y con una madre que nunca existió llamada Martha Gómez.
Emmanuel lo había bautizado su madre, Clara Rojas, secuestrada por las FARC en febrero de 2002 cuando acompañaba a su gran amiga, la entonces candidata presidencial Ingrid Betancourt, por las carreteras del departamento de Caquetá. Clara, una mujer de 42 años, reservada, tímida y vulnerable, quiso que su hijo, producto de una relación casual con un guerrillero, llevara el nombre que significa, según términos bíblicos, El salvador.
Cuando el fiscal general de Colombia, Mario Iguarán, leyó el pasado viernes en conferencia de prensa los resultados de las pruebas de ADN que prácticamente confirman la identidad del niño, terminó una historia que muchos dieron por falsa el 31 de diciembre, cuando el presidente Álvaro Uribe la reveló ante una delegación internacional y en directo a todo el país.
Uribe, indignado por el curso que había tomado la publicitada operación Emmanuel que había montado el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, salió al corte para desmentir la versión según la cual las FARC no entregaban a los secuestrados porque había operativos gubernamentales en el área de la liberación. Uribe dijo que las FARC no podían entregar a Emmanuel, como habían prometido a Chávez, porque sencillamente no lo tenían, porque el niño estaba en Bogotá en manos del Instituto de Bienestar Familiar.
Hacia el 28 de diciembre, a los teléfonos de información del Gaula, grupo anti secuestro del Ejército, había llegado la llamada de un informante anónimo que aseguró que de uno de los hogares de paso del ICBF, ubicado en un barrio al sur de Bogotá, querían llevarse a un niño proveniente de San José del Guaviare, con papeles falsos. Juan David Gómez empezaba a ser Emmanuel…
En el registro de ingreso al hospital de San José del Guaviare, el 15 de junio de 2005, un hombre llamado José Crisanto Gómez dejó al niño hospitalizado con un cuadro clínico complejo. Dijo ser su tío abuelo y alegó que la madre había desaparecido y que él lo tenía bajo su cuidado desde los cinco meses. El mal estado de salud del niño, que pasó más de 13 días bajo atención médica, alertó a los médicos, que decidieron reportar el caso a la capital y hacerse cargo del menor. Según consta en la ficha, no solo padecía leishmaniasis y paludismo. Presentaba signos de maltrato.
El 30 de diciembre llegó el dato final que cerró el círculo de la hipótesis del Gobierno. El supuesto tío abuelo ahora se presentaba como padre del niño y reclamaba con urgencia su custodia. La Fiscalía entró en acción. El hombre, un humilde mecánico de 39 años que vivía en el municipio de El Retorno, un polvoriento paraje que en los 90 fue epicentro de la venta de hoja de coca y aun hoy vive de este cultivo ilegal, confesó que no era el padre del niño y tampoco su tío abuelo. Dijo que el niño era de las FARC, que lo habían dejado a su cuidado y que ahora, bajo amenaza de muerte, debía devolverlo. José Crisanto, su esposa y sus siete hijos, forman ya parte del programa de protección a testigos del Gobierno.
Las FARC han demostrado que poco le importa su imagen o el costo que puedan tener las acciones que atentan contra el derecho internacional humanitario o los derechos humanos. En el 2006 asesinaron sin ninguna explicación a 11 diputados del departamento del Valle que permanecían secuestrados desde 2001 y, al término de este año, dejaron a Chávez con su palabra empeñada ante varios países que decidieron avalar la operación que él mismo bautizó Emmanuel, y en la que las FARC se habían comprometido a liberar además del niño, a su madre Clara Rojas y a la ex congresista Consuelo González de Perdomo.
Chávez, que insiste en que el operativo continúa bajo confidencialidad, admite que será necesario pedirle una seria explicación a las FARC. Para el mandatario venezolano no será fácil descabalgarse de su papel de gestor humanitario frente a los familiares de los secuestrados, que depositaron en él toda la confianza. Y más difícil será que continúe tachando de mentiroso a Uribe después de descubrirse el paradero de Emmanuel y destaparse una mentira más de las FARC.

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