El polémico traje de la tenista Venus Williams en el Roland Garros

El objetivo de los fotógrafos busca una cosa: lo que se oculta bajo la falda de la estadounidense Venus Williams. A ella, que se diseña la ropa, que es quien ha decidido competir disfrazada con un corsé estilo tutú como si homenajeara a una obra estrenada en el parisino Moulin Rouge, le parece bien. Lo disfruta, lo comenta con las amigas, y se ríe de que los fotógrafos lleven casi seis meses, (desde el Abierto de Australia) intentando descifrar si va vestida o desnuda.

«El diseño no tiene nada que ver con mi trasero, simplemente ocurre que tengo uno muy bien desarrollado», se sonríe Venus, que sobre su negra piel viste oscurísimosshorts. «Es todo genética. Si miran a mi madre o a mi padre, verán lo mismo. Si miran a mi hermana, igual. Es genético…pero mi vestido trata de la ilusión, ese ha sido el motivo de este año. Obviamente, establece la ilusión de que no hay nada debajo», añade. «Sabía que el encaje no se había utilizado nunca en el tenis y llevaba mucho tiempo deseando utilizarlo. Me divierte haber diseñado algo que tiene tanto éxito», prosigue. «Mucho de eso, claro, ha tenido que ver con buscar la ilusión del desnudo. Me pongo retos dentro y fuera de la pista… y se trataba de empujarme a algo más como diseñadora».

El código de conducta del tenis femenino obliga a las tenistas- de las que a veces se habla más por su aspecto que por su juego- a vestir «un atuendo apropiado para jugar al tenis». No es una regla muy concreta. La estadounidense Bethanie Mattek Sands, por ejemplo, disfruta probando sus límites y arriesgándose a una multa en cada torneo. Hace cinco años debió pagar por esa afición 10.000 dólares en el Abierto de EE UU, donde intentó jugar con sombrero. Luego, 2.000 por llevar una camiseta que dejaba pocas cosas a la imaginación. Y, desde entonces, para evitar males mayores, los supervisores de los torneos se han preocupado de que les presentara sus vestidos antes de salir a la pista. A Venus le vigila otra persona, su hermana Serena y número uno del mundo, que un día le llevó una foto en la que se veía de todo menos su cara. «Gracias a Dios que estoy en forma», pensó.

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