El primer sistema de conducción autónoma fue ideado en 1939 y no era un automóvil sino una autopista

.Futurama fue un fenomenal éxito de público con 30.000 visitantes diarios durante 1939 y 1940. FOTO: CORTESÍA DE THE NEW YORK PUBLIC LIBRARY

La visión del “mundo del mañana” que se pudo ver en instalación Futurama de la Feria Mundial de Nueva York de 1939 incluía autopistas automatizadas que se encargaban de conducir el vehículo

Dos años antes de que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial, la sociedad norteamericana estaba deseando mirar al futuro y olvidarse definitivamente de la década de miseria que había traído la Gran Depresión. Esa es una de las razones que explican el fenomenal éxito que tuvo la instalación Futurama exhibida en la Feria Mundial de Nueva York entre 1939 y 1940.

Modelo de Motorcar Number 9, el popular diseño de coche con forma de lágrima de Norman Bel Geddes. FOTO: CORTESÍA DE A. VAN DYKE.

Futurama era un proyecto patrocinado por General Motors, que tuvo un papel determinante en la vertebración de la red de autopistas que se expandió por el país a mediados del siglo pasado revolucionando el transporte y la sociedad. La instalación tenía como propósito no declarado impulsar esa red de “highways” y las inversiones multimillonarias que requerían para dejar atrás las saturadas y peligrosas carreteras que transitaban los vehículos de la época. Y para eso era necesario fijar un ideal en la mente de la sociedad del momento, un ideal ligado a la tecnología en el que los vehículos y autopistas tendrían una importancia fundamental y que introdujo por primera vez al gran público el concepto de conducción autónoma.

General Motors encargó el diseño de Futurama al diseñador industrial Norman Bel Geddes. Geddes, considerado un futurista y pionero del diseño industrial conocido por su estilo “streamlined” (aerodinámico, a falta de una traducción mejor), creó a lo largo de su carrera una amplia variedad de productos comerciales que incluyen objetos icónicos como la radio Emerson 400-3, su “set” para hacer cocktails de 1937, la caja de la computadora electromecánica de IBM Mark I o su popular prototipo de coche con forma de lágrima Motorcar Number 9.

Futurama, conocida con el sobrenombre de The World of Tomorrow, mostraba a los visitantes como sería el estupendo mundo en el que iban a vivir en 1960. La instalación ocupaba una extensión de más de 4.000 metros cuadrados de los que la mayor parte estaban ocupados por una recreación de como serían las ciudades y el paisaje estadounidense dos décadas más tarde. Contenía medio millón de edificios diseñados cada uno de forma individual, un millón de árboles de 13 especies diferentes y unos 50.000 vehículos de los cuáles 10.000 circulaban por una autopista interestatal de 14 carriles. No era una exposición estática, sino que contaba con un gran número de elementos animados mecánicamente.

Ese mundo estaba formado por ciudades repletas de rascacielos y con niveles para peatones que se elevaban sobre los destinados a vehículos. Había plantas de energía, granjas para alimentos modificados artificialmente, plataformas en los tejados para máquinas de vuelo individuales y autopistas multicarril con vehículos controlados remotamente en los que el conductor podía olvidarse del volante. A Geddes se le suele atribuir la autoría del primer coche autónomo, pero lo suyo iba por el lado de automatizar la vía antes que el vehículo y lanzar las ideas que otros tratarían de hacer realidad en las décadas siguientes.

El diseñador imaginó carriles con forma de “trincheras” para que cada vehículo se mantuviera en su propia pista y también con ranuras o rieles, como los del transporte por tren, que se acoplaban a ruedas de acero ocultas en el interior de cada neumático.

Pero la idea más avanzada era la de un vehículo eléctrico guiado por campos electromagnéticos controlados por radio y generados con picos metálicos magnetizados incrustados en la calzada. Un sistema de radio control automático mantendría la distancia de seguridad entre los vehículos.

Casi coincidiendo con la predicción de Geddes, General Motors construyó un prototipo en 1958. El frontal del coche llevaba unos sensores llamados bobinas de captación que podían detectar la corriente que circulaba por un cable incrustado en la carretera. La corriente podía manipularse para indicar al vehículo que moviera el volante a la izquierda o a la derecha.

Los intentos de construir autopistas automatizadas que relevaran de la conducción a la persona continuaron por parte de General Motors y otras compañías durante varias décadas sin lograr ir más allá de prototipos. Fue a partir de los 90 cuando la industria comenzó a virar hacia la idea del vehículo autónomo, independiente de conductor y vía, que es lo que se nos viene encima.