El triunfo o la derrota parecen no depender sólo de las virtudes del deportista, sino también de los hinchas

_44806024_080704crowdarbitro.jpgGanar o perder, quizás no dependa de los deportistas, sino de los mismos espectadores que los animan o los abuchean.
En uno de los últimos partidos disputados en el torneo de tenis de Wimbledon, en Inglaterra, el jugador británico Andy Murray iba perdiendo el partido contra el francés Richard Gasquet.
Sin embargo, apoyado por la mayoría de los animados espectadores que se encontraban en las gradas, Murray consiguió dar vuelta a los resultados, y acabó ganando el partido.
¿Pudieron los espectadores haber influenciado el resultado?
De momento, en el mundo de la psicología del deporte hay desacuerdo sobre cuánto pueden influenciar los espectadores.
No es necesario recurrir a un estudio o encuesta para saber que la gran mayoría de aficionados creen en la ventaja que otorga jugar en casa, y están convencidos del papel crucial de esa ventaja.
«Hay muchos estudios que afirman que los espectadores tienen un efecto en el rendimiento del atleta», asegura Matt Jevon, psicólogo del deporte que trabaja con estrellas del golf, deportes de motor, rugby y tenis.
En términos futbolísticos, a los espectadores a menudo se les llama el «jugador número 12», por el poder que tienen las gradas para amplificar las capacidades del equipo local y de debilitar al equipo extranjero.
El club de fútbol holandés Feyenoord fue más allá e incluso dedicó una camiseta, la número 12, a los hinchas.
Hay ciertos estadios de fútbol conocidos por el ruido que generan los aficionados de casa que llega a abrumar a los hinchas contrarios.
Este es el caso del estadio de Mestalla en Valencia, España, el Anfield de Liverpool, Inglaterra, o la Bombonera en Buenos Aires, Argentina.
Sin embargo, hay muchos que dicen que la ventaja de jugar en casa se debe al aumento de la testosterona en los propios jugadores más que al ruido que puedan generar los espectadores.
«No son realmente los espectadores los que tienen el mayor efecto, es el aumento de la testosterona que tiene uno al jugar en casa», asegura la psicóloga deportiva Sandy Wolfson.
El aumento de la testosterona comienza a aparecer mucho antes de que lleguen los espectadores, y podría relacionarse con un sentido primitivo de territorialidad.
En conflictos contra sus rivales, algunos animales se desempeñan muy bien al defender su territorio y no tan bien atacando en territorio extranjero.
Además también influye la fatiga del viaje, la desorientación, la poca familiaridad con las características del campo: debe considerarse el conjunto de factores.
Sin embargo, hay muchos que dicen que la ventaja de jugar en casa se debe al aumento de la testosterona en los propios jugadores más que al ruido que puedan generar los espectadores.
«No son realmente los espectadores los que tienen el mayor efecto, es el aumento de la testosterona que tiene uno al jugar en casa», asegura la psicóloga deportiva Sandy Wolfson.
El aumento de la testosterona comienza a aparecer mucho antes de que lleguen los espectadores, y podría relacionarse con un sentido primitivo de territorialidad.
En conflictos contra sus rivales, algunos animales se desempeñan muy bien al defender su territorio y no tan bien atacando en territorio extranjero.
Además también influye la fatiga del viaje, la desorientación, la poca familiaridad con las características del campo: debe considerarse el conjunto de factores.
Otro factor que podría explicar la ventaja que genera el hecho de jugar en casa no es el efecto sobre los espectadores, sino en los árbitros.
«En fútbol, son los árbitros los que hacen la diferencia. Si hay una entrada dura, los espectadores gritan y el árbitro reacciona», asegura el profesor Ellis Cashmore, autor de Deporte y Psicología del Ejercicio.
Es común ver que a un árbitro se le pasa una falta cometida contra un jugador del equipo A. Tras darse cuenta de su error y ser abucheado reacciona mostrándose blando con los jugadores del equipo A por algunos minutos.
Un estudio realizado por la Universidad de Harvard el año pasado sugiere que en 5.000 partidos jugados en la Liga Inglesa de fútbol a los equipos visitantes se les concedieron menos penaltis.
Los espectadores tuvieron un efecto particularmente pronunciado en los árbitros inexpertos.
Ocasionalmente en el boxeo se ha sugerido que subconscientemente los jueces favorecen al pugilista de casa. Por ejemplo, en un combate en Las Vegas, el árbitro acabará favoreciendo involuntariamente al boxeador estadounidense sobre su contrincante extranjero.
En tenis, por supuesto, las decisiones son demasiado claras para que entre en juego el subconsciente.
Sin embargo, en el partido de Wimbledon entre Murray y Gasquet una decisión crucial favoreció al británico.
El francés quería desesperadamente postergar el partido por falta de luz, e iniciarlo por la mañana del día siguiente.
Los espectadores habrían reaccionado con ira si se hubiese suspendido.
Tanto al árbitro como a los espectadores les parecía que la luz era adecuada para que el juego continuase.
En el partido Murray vs. Gasquet, el jugador francés estaba visiblemente molesto por el ruido que provocaban los espectadores entre los saques y la adjudicación de los puntos, y esto ocurrió muy a menudo durante el quinto set del partido.
Gasquet tiene reputación de ser un jugador psicológicamente frágil, así que es realista pensar que esto le afectó el juego negativamente.
Durante los dos primeros sets, Gasquet manutuvo a los espectadores bastante silenciosos», explica Jevon. «La gente, sentada en las gradas, debía estar pensando que se trataba de otra derrota británica».
«Tan pronto los espectadores comenzaron a hablar, gritar, a hacer ruido, Gasquet no fue lo suficientemente fuerte para resistirlo», agrega Matt Jevon.
Lidiar con la repentina recuperación de Murray fue duro pero esto, junto al ruido generado por los espectadores, se convirtió en algo problemático para el jugador francés.
«Uno no puede ser humano y no notar este tipo de cosas», asegura el psicólogo Jevon.
«Cuanto más intenta uno bloquear algo, más tiene uno que lidiar con eso».
En el golf, otro deporte donde los competidores están acostumbrados al silencio, se ha dicho que cuando un jugador es abucheado, como le ha pasado a menudo al británico Colin Montgomery en Estados Unidos, su rendimiento puede verse afectado.
Durante el partido Italia-España de la Eurocopa 2008, el delantero italiano Antonio Di Natale fue abucheado por los espectadores mientras estaba «lesionado» y fuera de la cancha; luego, se lanzó al campo para tratar que el árbitro parara el juego y por lo tanto frenara el ataque de los futbolistas españoles.
Cuando a Di Natale le tocó patear un penalti, su esfuerzo fue más bien pobre entre silbidos y burlas, y el arquero español paró el balón.
También se cree que demasiado apoyo puede ser contraproducente.
Hay al menos un estudio que sugiere que es una ventaja patear un penalti delante de los hinchas contrarios. La teoría es que la presión llega a ser demasiado grande para patearlo delante de los propios aficionados.
«Hay pruebas de laboratorio que demuestran que el apoyo de la mayoría de los espectadores, puede tener un efecto negativo», afirma Sandy Wolfson.
«Los atletas piensan siempre que el apoyo de los espectadores puede influenciar positivamente, pero no siempre es así».
Y si uno quiere que lo animen cuando está más bien triste, y consigue tener detrás a los espectadores, y luego consigue recuperarse, uno todavía busca retener ese exceso de ruido que le puede afectar la concentración.
«Uno tiene que tener la certeza como equipo de que si se estimula ese tipo de apoyo por parte de los espectadores, se tiene que saber lidiar con él», dice Matt Jevon.
En el partido de tenis entre Murray y Gasquet, los comentaristas notaron que el jugador francés se centraba en ciertas personas que se encontraban entre los espectadores para motivarse.
Ese uso controlado de la energía que desprenden los espectadores podría ser la respuesta.

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