En Arabia Saudita las mujeres hacen campaña para que haya vendedoras en las tiendas de ropa interior

_45516502_mu.jpgUn local de lencería atendido exclusivamente por hombres resulta extraño en cualquier país del mundo.
Pero en Arabia Saudita -una nación ultraconservadora donde los hombres y las mujeres solteros no pueden estar a solas en una habitación a menos que estén emparentados- esto es aún mucho más raro, pero igual ésta sigue siendo la regla general por varios factores.
Las mujeres, que se ven forzadas a discutir sus compras más íntimas con hombres extraños, consideran que esta situación es vergonzosa y están exigiendo ahora que este sistema cambie.
Para la población de cualquier parte del mundo moderno, la forma en la que se vende la ropa interior en Arabia Saudita es, sencillamente, inaceptable», dice Reem Asaad, profesora de Economía en la Universidad para mujeres de Jeddah, Dar al-Hikma, quien encabeza la campaña para que las mujeres reemplacen a los hombres en estas tiendas.
Es una zona muy sensible del cuerpo de la mujer», dice Assad. «Tu tienes que discutir sobre la medida, el color, las opciones más atractivas y claro que no quieres mantener una discusión de esta índole con un extraño, y menos que menos si es un hombre, aunque él sólo tenga la intención de venderte la prenda».
Para Rana Jad, una estudiante de 20 años de Dar al-Hikma y una de las alumnas de Asaad que participa en la campaña, «las mujeres no se sienten cómodas cuando un hombre que les vende ropa interior les dice qué talla necesitan, o cuando les dicen que les queda pequeña o grande».
«Él las está mirando con otras intenciones. Eso no está bien, especialmente aquí, en nuestra cultura».
Nura, una secretaria que trabaja en la misma universidad, dice que ya no compra ropa interior en Arabia Saudita.
Es muy incómodo. Tratan de hacerte comentarios como ‘esto te puede quedar mejor que aquello’. No creo que sea ético».
Para ser justos con los empleados hombres, hay que decir que muchos de ellos se sienten tan incómodos como las mujeres.
Están en una encrucijada, dice Asaad, tratan de cumplir con su obligación como vendedores, pero a la vez tienen mucho cuidado de no actuar de forma incorrecta y este equilibrio es a veces muy difícil de lograr.
«Como tenemos la opción de reemplazar a los vendedores hombres por vendedoras mujeres, no veo por qué no podemos hacerlo».
Asimismo, como el contacto físico entre las mujeres y hombres solteros está prohibido en Arabia Saudita por estrictas leyes de segregación, los hombres no pueden tomarles las medidas a las mujeres para determinar su talla.
Peor aún, la policía religiosa prohíbe que las lencerías tengan probadores.
Si una clienta quiere medirse una prenda, tiene que pagar por ella primero y luego ir en busca de un baño público para probársela.
Si no le queda la puede devolver, pero la mayoría de las mujeres se siente tan humillada con esta experiencia que se queda con la prenda, aunque no le siente bien.
Asaad inició su campaña en la red social Facebook y rápidamente llamó la atención del público. Ahora, incluso la prensa saudita -dominada por el sexo masculino- está comenzando a prestarle atención.
Pero lo frustrante de la situación es que ya existe una legislación sobre el tema.
En 2006 el gobierno saudita aprobó una ley que establece que las mujeres pueden trabajar en tiendas que venden ropa u objetos para mujeres.
Sin embargo hasta el momento la ley no sido implementada.
Las autoridades no han dado ninguna razón oficial, pero una causa probable es que si se contrata a personal femenino muchos hombres quedarían sin trabajo, algo que no resultaría muy popular en un país donde 13% de los hombres están desempleados.
También están los clérigos musulmanes, que tienen una gran influencia en el reino y consideran aún que el ámbito de la mujer es el hogar.
La oposición entre aquellos que quieren modernizar Arabia Saudita y los que quieren preservar las tradiciones conservadores ha creado un callejón sin salida, aunque los tradicionalistas parecen por el momento estar ganando.
Por esta razón la campaña impulsada por Asaad dejó de lado al gobierno y a los establecimientos religiosos para presionar directamente a las tiendas, organizando un boicot contra los negocios de lencería atendidos por hombres.
«La idea de que sean mujeres las que venda ropa interior para mujeres es tan natural, que cualquier otra opción no tiene sentido», concluyó Assad.
 

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