En EE.UU. un grupo de científicos planea exterminar poblaciones enteras de mosquitos infiltrando machos estériles

Gracias a la edición genética, podrán crear machos estériles y hembras no voladoras, controlando al animal que más muertes humanas causa al año

Aún es verano y los mosquitos siguen campando a sus anchas. El efecto de sus picotazos dura días y despierta en nosotros cierto resquemor. De hecho, ¿Quién no ha fantaseado durante estas vacaciones con el exterminio de todos los mosquitos? No obstante, muchos habrán echado el freno rápidamente, cayendo en la cuenta de que los mosquitos, como cualquier integrante de nuestro ecosistema, son imprescindibles y, por lo tanto, su extinción desencadenaría un efecto dominó con consecuencias catastróficas para el medio ambiente. Pues bien, llegan buenas noticias porque los propios científicos se plantean hacer una excepción con estos pequeños insectos y han dado con una forma de exterminar a poblaciones enteras.

La investigación ha llegado de la mano de un grupo de investigadores de la Universidad de California-San Diego y, a pesar de ser noticia por haberse publicado hace unos días en Nature Communications, no es una locura transitoria. Muchos grupos de investigación llevan décadas tratando de enfrentarse al control de determinadas poblaciones animales (en especial mosquitos) aplicando la biotecnología. Sin ir más lejos, se han publicado estudios con líneas de investigación tan variadas como las que siguen: envenenar nuestra sangre para acabar con ellos, dejarles ciegos e incapaces de caminar cruzándolos con mosquitos editados genéticamente o, por ejemplo, esterilizándoles e inhibiendo el desarrollo de su boca para que no consigan picarnos y mueran de inanición. Por suerte, la técnica recientemente publicada en Nature Communitions es algo menos agresiva que todo esto y se limita a esterilizar a los machos e inhibir el desarrollo de alas en las hembras.

¿Por qué exterminarlos?

Antes de entrar en el estudio en sí mismo, conviene justificar la drástica medida que los científicos están persiguiendo. Sin duda, deberíamos tener muy motivos antes de plantearnos exterminar deliberadamente a todo un conjunto de especies. En este caso, el motivo principal está muy claro: se estima que los mosquitos son causantes indirectos de 725.000 muertes al año, convirtiéndoles en el animal más peligroso del planeta para nosotros los humanos, 250 menos que los mosquitos. Es más, los humanos causamos “solo” 450.000 muertes anuales de otros humanos.

Al decir “causantes indirectos” se hace referencia a que son los microorganismos patógenos que inoculan con su picadura los responsables inmediatos, pero, por otro lado, estos parásitos y virus en concreto no serían capaces de infectarnos sin la inestimable ayuda de este incordio de dípteros. Malaria, dengue, Chikunguña, fiebre del Nilo Occidental, encefalitis de San Luis, filariasis, etc. Porque claro, si en lugar de muertes hablamos de infecciones, la cifra de afectados asciende hasta los 100 millones.

Otro punto importante es entender que las principales especies de mosquitos responsables de estas muertes han sido moldeadas por nosotros, porque el resto de los mosquitos parecen mucho más flexibles respecto a qué especie vampirizar. Según parece, a medida que fuimos dejando la vida nómada y volviéndonos sedentarios, nuestras comunidades crecieron y las nucleamos en torno a ríos, lagos, pozos, abrevaderos y demás masas de agua donde podían desovar. Con tanta comida y cobijo fácil, provocamos que se adaptaran a nosotros, construyendo a nuestros propios asesinos generación tras generación. Estas especies estrictamente antropófagas son las que se pretende erradicar, esperando que sean sustituidas por el aumento de poblaciones de mosquitos menos especializados, no transmisores de enfermedades y menos agresivos.

Estériles y terrestres

El sistema empleado por los investigadores recibe el nombre de PgSIT y es un método de control genético que, si bien por ahora ha sido probado solo en el laboratorio, promete ser escalable para aplicarlo en entornos abiertos sobre grandísimas poblaciones de mosquitos. Y esta escalabilidad no es pura especulación, sino que se basa en detalladas simulaciones matemáticas donde se calculan la dinámica de una población de mosquitos mixta entre aquellos editados y los salvajes. Los resultados de estos modelos computacionales son muy prometedores. Concretamente, aprovecha la tecnología de edición genética CRISPR-Cas, la cual recibió el Nobel de Fisiología o Medicina en 2020.

Su sencillez y bajo coste hacen de CRISPR-Cas una verdadera revolución biotecnológica. La idea es editar embriones de mosquito para que los machos nazcan estériles y las hembras sin alas. Al ser estériles los machos, una vez se liberen en la naturaleza serán una suerte de cortafuergos que reduzca la natalidad. Las hembras, por su contra, como son las que pican para obtener sangre con la que nutrir a sus retoños (y aumentar su fertilidad), serán privadas de su capacidad de vuelo gracias a esta edición genética. Los huevos modificados genéticamente se transportarán hasta la zona en cuestión y allí serán incubados en instalaciones especialmente preparadas para ello, liberándolos en la naturaleza para que controlen la población.

Otro punto importante para subrayar es que este sistema se autolimita, evitando que se propague más allá de nuestro control. En otras palabras, sus efectos tienen fecha de caducidad mientras no mantengamos las poblaciones editadas genéticamente introduciendo a nuevos ejemplares. Porque la precaución es indispensable cuando planteamos poner en marcha una medida tan radical, tan indispensable como abordar las 725.000 muertes anuales.

El cambio climático es una realidad, y algunas enfermedades tropicales parecen estar extendiéndose a zonas templadas. El motivo es, en parte, que los huevos de determinados insectos vectores de enfermedades sobreviven mejor a los inviernos por ser estos menos fríos.