En ocasiones la economía en el consumo de un turbodiésel no es tan evidente

mejor-chevrolet-salon-automovil-aires_6_761209 Sin excepción alguna y a igualdad de tamaño, los motores turbodiésel necesitan menos combustible que uno de gasolina. Sin embargo, la generosa respuesta se puede convertir en enemigo del ahorro

Por Fernando Santos Morales 

Todos conocemos las ventajas de un diesel, especialmente si es moderno: ruido y vibraciones a la baja, economía, y el generoso par motor que entregan desde bajas revoluciones los hace muy atractivos. Varios de 4 y 6 cilindros despegan con prontitud y llegan con facilidad a las 4000 – 4500 vueltas, otros pisan las 5000 y hasta las superan con relativa facilidad, algo inaudito e inimaginable pocos años atrás.

La eficiencia térmica o mejor, la energía que entrega cada galón de diesel es superior a la de uno de gasolina. En gran parte de allí viene la economía que podemos botar a la basura, sino sabemos conducirlo adecuadamente. ¿Que a igualdad de tamaño, un diesel ahorre poco frente al de gasolina? Ha sucedido y seguirá sucediendo, salvo que no nos emocionemos con el acelerador.

¿Por qué? La enorme fuerza que entrega un turbodiésel desde bajas revoluciones lleva a que al avanzar, no tengamos que bajar al cambio anterior como nos tocaría en el de gasolina. De esa manera, con las rpm bajas  -el motor suena menos-,  mientras aceleran tranquila y rápidamente, algunos conductores se sienten más seguros gracias al mayor poder de la máquina y, sin tener que tocar los cambios, se emocionan y aprietan más el acelerador de lo debido.

De repente se ven afrontando cuestas a velocidades altas sin darse cuenta de lo rápido que avanzan, superando y ‘’humillando’’ al popular gasolina que dejan atrás con relativa facilidad. En altas velocidades en carreteras planas y rectas, es donde se saca más partido a la economía diesel.

En la ciudad y en cuestas, debemos ‘’regular’’ con mayor cuidado el movimiento del pie sino queremos tener cifras de consumo mediocres lejos de las que esperamos, al compararlas con la diferencia que debería haber con el de gasolina.

Hay que ser pacientes esperando por ejemplo, (un par de segundos, tres a lo sumo) sin pisar tanto el acelerador, mientras el turbo sopla a presión suficiente para que el aluvión de fuerza nos saque rápido de donde queremos; de ésta manera, sin mover el pie más allá, se llega a las cifras.

Dejar que ruede en un cambio mientras llega al semáforo en rojo (hay corte de inyección, no se entrega combustible con las revoluciones arriba de lo mínimo sin pisar acelerador), y evitar aceleraciones y frenadas frecuentes son viejos trucos que ayudan.

Ya sabemos que por más turbodiésel de última tecnología que haya, la notoria economía no estará en el conjunto de cualidades, mientras no regulemos con el pie, la potencial generosa entrega de fuerza que nos hará ir más rápido de lo previsto, aminorando así una de sus grandes ventajas.

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