Es posible producir energía con nuestros desechos… corporales

El biogás generado por las bacterias en la materia fecal podría alimentar hasta 10 millones de hogares.

Sí, hablamos de orina y materia fecal. Y el potencial es mucho mayor del esperado.

La tan mentada crisis energética ha hecho que muchas personas comiencen a pensar soluciones creativas ante un eventual apagón. Aunque los expertos señalan que no ocurrirá, la realidad es que si quisiéramos podríamos convertir nuestros desechos corporales en energía. De hecho, ya lo hacemos.

A diario, los seres humanos producimos más de un millón de toneladas de materia fecal, pero no pensamos en ello mucho. Y ese quizás es el problema. Las bacterias presentes en la materia fecal, producen un “biogás” rico en metano que se puede aprovechar para obtener energía. De hecho, las plantas de aguas residuales de todo el mundo desarrollado aprovechan esta energía recuperable para compensar por sus gastos de energía… algunas de ellas llegan a obtener hasta un 50% de su gasto energético gracias a la caca.

Esto es vital ya que las aguas residuales mal gestionadas conducen a la contaminación de los suministros de agua, lo que afecta la salud de las personas y la de los ecosistemas locales. El problema es que apenas el 39% de la población tiene acceso a sistemas de saneamiento de los desechos corporales. Más de 4.000 millones de personas defecan al aire libre o al menos sin disponer de un sistema de recogida.

En 2015, un informe de la ONU vio una posible solución. Calculó que si se recolectara la caca producida por estos 4.000 millones de personas, se podrían generar al menos 200 millones de euros solo en producción de metano, suficiente para abastecer a 10 millones de hogares. Solo con lo que tiramos al retrete.

El informe citó a Uganda como un ejemplo. Este país africano comenzó a utilizar esta fuente de energía en las escuelas de la capital, Kampala, desde 2014. Los responsables de diferentes áreas acordaron financiar un plan de conversión de residuos en energía para diez escuelas. Desde entonces Kenia y Tailandia han seguido su ejemplo. En el Reino Unido, por ejemplo, el biogás obtenido por este medio se destina al transporte público.

Este tipo de iniciativa ha tenido tan buena acogida y resultados que la Fundación Bill y Melinda Gates ha financiado a Peter Janicki, quien ha diseñado el procesador Omni, capaz de separar el agua potable limpia de los desechos humanos y convertir estos últimos en energía. El procesador es capaz de producir 66 toneladas de biosólidos y generar suficiente energía para unos 200 hogares.

El mayor obstáculo, de acuerdo con Linda Strande, del Instituto Federal Suizo de Ciencia y Tecnología Acuáticas, es un abastecimiento constante y eficaz de esta fuente de energía.

La otra opción es la orina. Y la inspiración también llega de África. En Nigeria, un grupo de alumnas de una escuela de Lagos, ha creado una batería que utiliza las sales en la orina para generar hidrógeno. El único obstáculo es que para el proceso de conversión es necesario contar con energía previa, de modo que la orina sola no basta para generar electricidad. Las autoras del proyecto están reuniéndose con diferentes empresas para solventar otro de los obstáculos: cómo almacenar hidrógeno de forma segura. Si resuelven esto la crisis puede terminar en un pispás.