Es realmente malo para la salud comer queso, carne y mantequilla

queso-y-mantequillaDurante las cuatro últimas décadas, nos han dicho que nos alejemos de la carne roja, los lácteos y el queso; alimentos altos en grasas saturadas, debido a que la grasa saturada es mala para el corazón.

Pero la investigadora Nina Teicholz dice que este no es el caso.

«Cuando las recomendaciones de dieta salieron en 1961 en las que se dice que la grasa saturada causa enfermedades del corazón, se basaban en colesterol total”, dijo Teicholz. “Pero nuestra comprensión de las enfermedades del corazón evolucionó enormemente”.

Dijo que la ciencia que condena a las grasas saturadas simplemente no está allí. En su nuevo libro, The Big Fat Surprise (La gran sorpresa gorda), Teicholz escribe que la dieta baja en grasas, llena de frutas y vegetales, que pensabas que era saludable no tiene todos los beneficios que afirma.

El médico Walter Willett, director del Departamento de Nutrición en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, advierte a los lectores tomar sus resultados con un grano de; bueno, que no sea de sal.

Tu riesgo de enfermedades del corazón depende del colesterol HDL y LDL; el colesterol bueno y el malo. Y dijo que los científicos saben que la grasa saturada aumenta los niveles LDL no saludables en la sangre.

Willet dijo que la ciencia está allí para mostrar que las grasas saturadas no son saludables. Por supuesto, si comparas las grasas saturadas con todo lo demás en la dieta de una persona, puede que no se vean muy dañinas, especialmente comparadas con, por decir, el azúcar.

Pero la idea de que las grasas saturadas no son tan malas es “solo la mitad de la verdad”, dijo Willet.

Las claves de las enfermedades del corazón
«La grasa saturada ha sido el culpable en la dieta de los últimos 50, 60 años”, dijo Teicholz. “Realmente data de la década de 1950 cuando Estados Unidos estaba en medio de la epidemia de enfermedades del corazón, que aumentaron de la nada para convertirse en el asesino número uno de la nación. El presidente Eisenhower tuvo un infarto en 1955”.

Fue en ese momento que el médico Ancel Keys, un científico de la Universidad de Minnesota en ese país, se embarcó en el destacado estudio “Siete Países”  en el que se examinó la correlación entre el colesterol y las enfermedades cardíacas en casi 13,000 hombres. Lo que Keys encontró se convertiría en la base de las pautas nutricionales que tenemos hoy en día: que los países con dietas altas en grasas saturadas tuvieron mayores tasas de enfermedades del corazón.

“Había otras ideas en esa época, pero Ancel Keys tuvo esa idea y la planteó a la Asociación Americana del Corazón… y fue como, que el resto es historia a partir de allí”, dijo Teicholz. “Nunca fue probada”.

Pero como Tiecholz y otros críticos señalan, Keys escogió selectivamente los siete países que visitó: Estados Unidos, Países Bajos, Finlandia, Yugoslavia, Italia, Grecia y Japón.

¿Notablemente ausentes? Países conocidos por sus alimentos ricos grasos pero sin tasas altas de enfermedades del corazón, como Suiza, Suecia y Alemania Occidental.

Con base en su estudio, Keys promocionó la dieta mediterránea: una dieta alta en frutas y vegetales, junto con pan, pasta, aceite de olivo y lácteos. Pero Teicholz señaló que Keys visitó Grecia durante la Cuaresma, una época en las que las personas se abstienen de comer carne, lo que a su vez sesgó sus datos.

En la realidad, dijo, los datos para respaldar la dieta baja en grasas simplemente no existen.

Toma por ejemplo al seguimiento de 30 años del destacado Estudio Framingham del Corazón. Es uno de los mayores estudios epidemiológicos que evalúan las raíces de las enfermedades del corazón en Estados Unidos.

En el seguimiento, los científicos encontraron que la mitad de las personas que tuvieron infartos tuvieron niveles de colesterol por debajo del promedio. De hecho, los científicos concluyeron que “por cada 1% mg/dL de gota de colesterol, había un 11% de aumento en mortalidad coronaria y total”.

«El colesterol importa, pero en la forma en la que creemos”, dijo Teicholz. “Nuestra comprensión del colesterol ahora es muy diferente de lo que era cuando condenamos a la grasa saturada”.

 

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