Esta es la ‘matusalén’ de las mariposas

Mariposa limonera – Wikicommons

La mariposa limonera anuncia a los espectadores avisados que la primavera está muy próxima

Lo que conocemos habitualmente como mariposa no es sino el estado adulto (imago) de un orden de insectos conocidos como lepidópteros, un nombre compuesto por la combinación de las palabras griegas lepis (escama) y pteron (ala).

Estos animales, después de las abejas, son los más numerosos e importantes polinizadores que hay en la naturaleza. Con sus viajes nómadas y erráticos, al tiempo que infatigables, se nos muestran como heraldos de sueños y esperanzas.

Se estima que hay unas 165.000 especies de mariposas en todo el planeta, con una media de peso situada entre 0,005 y 0,006 gramos, y un tamaño que oscila entre los tres milímetros, para los ejemplares más pequeños, y los treinta centímetros, para los mayores (Ornithoptera alexandrae).

La pregonera de la primavera

Habitualmente las mariposas tienen una vida muy corta, siendo una excepción que confirma la regla la limonera (Gonopterys cleopatra). Se trata de un lepidóptero elegante, aristocrático y de movimientos desconcertantes, es de gran tamaño –entre 5 y 6 cm de envergadura alar- y de colores vistosos. Su hábitat se encuentra en Europa, Asia y el norte de África.

La fase de oruga de las limoneras es de color verde o amarillento, lo cual supone un excelente camuflaje para pasar desapercibida en sus plantas alimenticias, y su cuerpo es alargado o cilíndrico, con una cabeza pequeña sin espinas. Se alimentan fundamentalmente del aladierno (Rhammus alaternus) y del arraclán (Fragula alnus).

La crisálida se efectúa en la propia planta, quedándose fijada con hilos de seda, los huevos eclosionan en el mes de julio y los adultos pueden llegar a vivir hasta mayo del siguiente año. Una vez alcanzada la fase adulta o imago es una de las especies más longevas de todas las mariposas.

En verano apenas se nota su presencia, suelen mantenerse en reposo durante el estío, realizando cortos vuelos en los meses otoñales en busca de un lugar en el que poder invernar hasta la llegada de la primavera.

Las limoneras son muy tempraneras y algunas empiezan a ser volanderas a finales de febrero o comienzos de marzo. El motivo de que alcen sus alas con esa prontitud es que les permite gozar de una enorme ventaja evolutiva, ya que las aves cantoras que se alimentan de insectos no vuelven de sus fondas de invernación hasta mediados del mes de abril. Estas mariposas, al ser de colores llamativos, serían una presa muy apetecible y fácil para estas aves.

Maestras del disfraz

La Gonopterys cleopatra pertenece a la familia de las Pieridae, que cuenta con más de mil especies a lo largo de todo el mundo, y de las cuales cincuenta habitan en Europa. En nuestra península se ha verificado la existencia de, al menos, veinticuatro especies.

La mariposa limonera presenta un claro dimorfismo sexual que permite al observador avisado diferenciarlas de forma sencilla. El anverso de las alas de los ejemplares machos es de color verde, entreverado con tonos amarillentos y con una mancha de color anaranjado en la celda de ambas alas, la cual no aparece en sus congéneres femeninos. Otro rasgo distintivo que ayuda a su diferenciación es que las hembras suelen presentar una coloración verdosa mucho más pálida.

Las mariposas limoneras hembras se parecen bastante a las mariposas de la col, un lepidóptero venenoso al que suelen respetar las aves debido a que contiene glucosinolatos tóxicos. Con este mimetismo la limonera avisa a sus posibles depredadores de que no son “aptas para el consumo”.

Pero ¿y qué pasa con los machos? ¿No están protegidos? Es muy posible que sí, lo que a nuestros ojos se nos muestra de diferente cromatismo, a las aves, gracias a su extraordinaria sensibilidad al color y a su captación de la luz ultravioleta, les parece de tiene una tonalidad verdosa similar. En otras palabras, a las aves les costaría más trabajo que a nosotros distinguir entre machos y hembras, y diferenciarlas, por tanto, de las temidas mariposas de la col.

Por: Pedro Gargantilla M.D.