Esta pequeña y poco conocida isla de África compite con el Caribe

Playa de Santa María, en la isla de Sal

La isla de Sal, en Cabo Verde, ofrece resorts todo incluido y un paisaje de playas, buena temperatura, exotismo y paz

Kilómetros de playas de arena blanca, buen tiempo y una temperatura del agua del mar que oscila entre los 22° y los 28,° son algunos de los atractivos de la isla de Sal, en el archipiélago africano de Cabo Verde. Aunque lo que realmente marca la diferencia en estas tierras es la simpatía y la hospitalidad de sus gentes. Compiten como destino con el Caribe una vez que además de tener aguas cristalinas se ha generalizado en los resorts la oferta de todo incluido. Tienen a su favor la seguridad de sus calles, con una apuesta clara por un turismo que integre las zonas locales. Es también un lugar idóneo para practicar deportes acuáticos, desde surf, windsurf, kitesurf, buceo y pesca.

Sal es una isla de 30 kilómetros de longitud y 12 kilómetros de ancho, plana, a pesar de su origen volcánico, y con un clima cálido y seco tropical. Se suele decir que llueve 3 días al año, si llega, lo cual permite disfrutar de la playa en cualquier momento del año, aunque su época alta va de octubre a marzo, coincidiendo con el invierno de Europa. Hasta no hace muchos años esta tierra, al igual que las otras nueve islas caboverdianas, no estaba en el mapa turístico. El país, antigua colonia portuguesa, logró su independencia en 1975 y años antes, en 1968, inauguró su primera posada, Morabeza, que con el paso del tiempo se convertiría en un hotel que fue el punto de partida del turismo internacional.

Morabeza es una palabra que no tiene traducción exacta al castellano, aunque en líneas generales significa la hospitalidad y amabilidad que caracteriza a este pueblo. Fue en este hotel donde empezaron a llegar las tripulaciones y técnicos de los aviones que volaban de Suráfrica a Estados Unidos y gracias a los cuales la pequeña posada se convirtió en un hotel de 80 habitaciones. La decisión de Ronald Reagan de cancelar estos vuelos al ser contrario al régimen de apartheid imperante en Suráfrica dio un rumbo nuevo a la historia de esta isla. Con 80 cuartos vacíos sus responsables viajaron a Portugal y Alemania para empezar a promocionar la isla, dando así comienzo a lo que entendemos hoy por turismo.

En 2005 comenzaron a abrir resorts, el primero de ellos de la cadena española RIU, y ya son muchas las cadenas internacionales como el Hilton que se encuentran en esta isla, concentrados en Santa María, la ciudad más al sur. Allí, en el pontón, se reúnen cada día los pescadores para vender a particulares y restaurantes lo que han logrado capturar y nunca falta el atún. Allí mismo otros caboverdianos cuentan con pequeños puestos de pulseras y es muy habitual encontrar a aquellos que esculpen figuras con piedras blancas muy abundantes en la zona. En el centro de la ciudad hay pintorescos hoteles como Odjo d’Agua donde se refleja el espíritu criollo sabiendo transmitir la historia del país y de sus gentes.

La playa de Santa María es la menos ventosa porque la ciudad actúa de barrera y el mar en esta playa es de un azul turquesa muy intenso. Las calles son tranquilas, con algunos edificios más coloridos y cuidados que otros, buena oferta de restauración y algunas tiendas que ya son internacionalmente conocidas. Entre ellas la del surfista caboverdiano Mitu Monteiro, creador del estilo Strapless Freestyle. Toda una referencia en el mundo del kitesurf y ha lanzado una colección de ropa deportiva que está teniendo mucho éxito.

Las pequeñas dimensiones de la isla facilitan los desplazamientos para conocer los puntos más atractivos. Visita obligada es Buracona, una zona con piscinas naturales donde se encuentra la gruta conocida por Olho Azul (Ojo Azul). El reflejo del sol en el agua parece un ojo de azul intenso. Igual de sorprendente es la visita a la Bahía de Parda donde se puede caminar por el agua cristalina y estar cerca de tiburones bebés. Unos zapatos de goma que allí se alquilan te permiten adentrarte al agua de poca profundidad para disfrutar de la experiencia. Tampoco se debe saltar la visita a las Salinas de Pedro Lume, para flotar como si estuviésemos en el Mar Muerto. Las salinas dieron nombre a la isla ya que tuvieron un importante papel en la economía local. La zona se ha ido dotando de más infraestructuras y en las inmediaciones de las salinas es posible tomar una ducha de agua dulce. Hay también vestuarios y un bar.

Espargos en la capital de la isla, donde se encuentran la mayoría de los servicios, con el aeropuerto muy próximo Y Palmeira es la villa de pescadores donde se encuentra el principal puerto de la isla y por donde entran la mayoría de los productos que allí se consumen. Ya en Murdeira se encuentra una reserva natural de vital importancia para la protección de algunas especies de tortugas marinas además de ser parte del hábitat natural de algunas aves marinas únicas.

Sal es un destino tranquilo, donde se come bien (el atún es una de las especialidades y la cachupa el plato más famoso) y disfrutar de un rico acervo musical, mezcla de tradiciones musicales portuguesas, brasileñas y africanas.