Este programa informático puede predecir cómo evolucionarán las especies

Anolis

Un grupo de investigadores ha desarrollado un modelo matemático capaz de calcular la influencia que tiene la distancia y los accidentes geográficos en la división de una especie en dos

Dejemos a un lado esos pensamientos New Age acerca de que todo está conectado y nuestras vidas se entretejen con las del planeta entero. No hay fundamento para estas afirmaciones espirituales. Sin embargo, ahora que hemos eliminado toda posible confusión, cabe defender que existe una visión científica que resuena vagamente con este concepto. No hay alma que nos conecte con una piedra, pero lo que sí podemos encontrar son relaciones bastante estrechas entre la biología, la geografía y el clima, por ejemplo. Hace mucho que entendemos los rudimentos por los cuales las montañas, los ríos o los cambios climáticos pueden condicionar que una especie desaparezca o se divida, evolucionando en dos o más diferentes.

De hecho, el mismo Darwin plantó estas relaciones cuando empezó a desenmarañar qué mecanismos concretos podían explicar la ya añeja idea de que unas especies “se convertían” en otras. Sus pinzones eran un ejemplo perfecto. Pájaros pequeños claramente emparentados, pero que se habían diferenciado para explotar diferentes recursos, aprovechando lo que había en cada isla. Por supuesto, los pájaros no estaban completamente aislados, ya que podían volar de una a otra, pero el intercambio de especímenes entre las islas era menor que si estuvieran separados por unos pocos kilómetros de tierra, lo cual contribuyó a que tomaran caminos separados. Podríamos decir que este concepto del aislamiento geográfico es al menos tan antiguo como el darwinismo, pero faltaba algo clave. Aunque los expertos aceptan que existe esa relación, no terminan de ponerse de acuerdo con cuál es el grado en el que influye, por ejemplo, un río, una montaña o una distancia determinada. Por suerte, la informática está ayudando a resolver esta cuestión, y gracias a un nuevo estudio empezamos a poder predecirlo.

Un nuevo modelo para predecir lo imposible

La mayoría de los expertos están de acuerdo en que es imposible anticiparse cómo van a evolucionar las especies que ahora nos rodean. Son demasiados los factores que intervienen y, ante nuestra incapacidad para tener en cuenta todos ellos y seguir en detalle los complejos procesos bioquímicos implicados en la mutación, podríamos decir que, en la práctica, nos enfrentamos a un azar bastante indomable. Lo que plantea este estudio es diferente. No buscan predecir cómo serán las nuevas especies que surjan, sino cuánto influyen los accidentes geográficos y la distancia en la división de una especie en varias nuevas.

Para estudiar esto, los investigadores acotaron sus esfuerzos en torno a un único género de lagartos conocidos como anolis. Al ojo inexperto pueden parecer simples lagartijas de morro puntiagudo, ya sean de color verde, pardo o incluso azulado. La sorpresa se esconde bajo su garganta, donde hay un abanico de piel colorada que algunas especies despliegan al ritmo que hacen flexiones. Algunas especies reciben el sobrenombre de camaleones de Sudamérica por cómo se mueven sus ojos, pero, sobre todo, por la capacidad de su piel para cambiar de color.

El truco de predecir el presente

Su distribución geográfica los hacía especialmente interesantes para esta investigación, así que diseñaron un modelo matemático que plasmara cuánto debían de estar afectando distintos accidentes geográficos. Finalmente encontraron uno que encajaba relativamente bien con la realidad. Dicho de un modo más sencillo: sus predicciones encajaban bastante con la información que tenemos ahora sobre cómo se distribuyen las diferentes especies de anolis. Tal vez pensemos que esto es como decir que podemos predecir el tiempo que está haciendo ahora mismo, un sinsentido teniendo la posibilidad de, simplemente, sacar la cabeza por la ventana sin tantas matemáticas ni tanta gaita. No obstante, esto se trata de una prueba. Si el modelo es capaz de predecir más o menos cómo se han distribuido en el presente las especies, podemos asumir que no es descabellado que sea capaz de predecir cambios en un futuro reciente.

Por supuesto, siempre es más preciso comprobar la fiabilidad de un modelo predictivo haciendo predicciones de lo que todavía está por llegar y esperando a ver si se cumple. Podemos hacer eso con los modelos meteorológicos, pero uno sobre cómo evolucionan las especies requeriría esperar tanto tiempo que no puede plantearse así.

Perogrulladas, pero con rigor

Según han resumido los propios investigadores, el modelo no parece gran cosa a simple vista, porque viene a decir que el agua supone una barrera para los lagartos, al igual que las distancias largas. Dos poblaciones separadas por una masa de agua o suficientes kilómetros terminarán divergiendo, no hay grandes sorpresas en eso. La clave está en que han podido cuantificar el grado en que afectan estas barreras geográficas. Por ejemplo, dos poblaciones separadas por una determinada distancia por agua están unas tres veces más aisladas que si esa misma distancia fuera por tierra.

El modelo filogenético de biogeografía (FIG), que así se llama, cuantifica por primera vez cuán aislantes son realmente estas peculiaridades del terreno y nos ayuda a comprender mejor cómo afecta esto a la variabilidad genética y la dinámica de poblaciones, dos aspectos claves para entender y prevenir el impacto de la deforestación y el cambio climático.

Aunque pueda parecer sencillo tomar este modelo y adaptarlo a otras especies, dependerá enormemente de la especie de la que estemos hablando. Un caso extremo sería el nuestro, donde los accidentes geográficos se han vuelto muchísimo más sorteables y, ahora hay ciudades separadas por miles de kilómetros que intercambian más personas que algunos pueblos distanciados por apenas una decena de kilómetros.

Por: Ignacio Crespo