Esto es lo que sucede en el cerebro de una abuela cuando esta con sus nietos

Las pruebas sugieren que la participación de las mujeres en el cuidado de sus nietos no es solo una necesidad para el niño, sino también para la abuela

Quiénes han tenido la enorme fortuna de disfrutar parte de su vida con sus abuelas, saben hasta qué punto puede existir un vínculo especial entre dos personas. Las abuelas son esa fuente de amor incondicional que no viene acompañado de la responsabilidad y el estrés de educar. Además, se encuentran en una etapa de su vida que encaja a la perfección con la rutina y necesidades de sus nietos; por lo que su sincronía puede llegar a ser perfecta.

Hay quien piensa que las mujeres tienen una esperanza de vida mayor que los hombres por los beneficios evolutivos que proporcionan a sus nietos. Es lo que se conoce como “hipótesis de la abuela”.

Y es una conjetura que cada vez coge más fuerza, porque cada vez son más las pruebas que apuntan a que la participación de las abuelas en la crianza de sus nietos está asociada a que los niños tengan mejores resultados; tanto en el terreno académico, como en el de la salud o en el de su conducta.

De hecho, hay un estudio sobre el pueblo Hadza de Tanzania (una tribu situada en las llanuras del Serengueti), que sugiere que la participación de las abuelas en el cuidado de sus nietos mejora notablemente el estado nutricional de los niños, permite la ampliación del periodo de la infancia y aumenta la capacidad de las madres para tener más hijos.

Un equipo de antropólogos y neurocientíficos de la Universidad de Emory (Estados Unidos) ha escaneado el cerebro de varias mujeres para ver, en directo, cómo se refleja ese amor incondicional en sus cerebros. Y la verdad es que ese dibujo del amor es verdaderamente especial:

Las zonas del cerebro que se activan al mirar una imagen de su nieto no son las mismas que se activan al ver una imagen de su hijo. Al observar las reacciones de su mente, los neurocientíficos pudieron observar cómo las mujeres procesaban de una forma mucho más “cerebral” las imágenes de sus hijos; mientras que, a la hora de mirar una fotografía de su nieto, las zonas del cerebro asociadas a la empatía emocional resplandecían. Es el retrato de la pura empatía.

Esto significa que las abuelas están programadas para sentir lo mismo que sienten sus nietos: si el niño sonríe, ellas sienten su alegría… y si el niño llora, ellas sienten su angustia como si fuera suya. Es muy diferente a lo que sucede cuando miran a sus hijos, porque en ese momento, lo que se aprecia es cómo tratan de entender qué es lo que están pensando o sintiendo, pero no desde un punto de vista emocional, sino racional.

“Un hijo adulto no tiene el mismo ‘factor tierno’, por lo que puede no provocar la misma respuesta emocional”, explica James Rilling, el profesor de antropología que dirige el estudio. “Es probable que los niños pequeños hayan desarrollado rasgos para poder manipular no sólo el cerebro materno, sino también el cerebro de sus abuelas”.

Las abuelas que interactúan con los nietos ofrecen un nuevo territorio neuronal, dice Rilling “La neurociencia está demostrando que existe un sistema global de cuidados parentales en el cerebro. Y nosotros queríamos ver cómo las abuelas podrían encajar en ese patrón”.

Imagen habitual de unos abuelos con sus nietos tras ir a buscarles al colegio.

Los seres humanos son criadores cooperativos, lo que significa que las madres reciben ayuda para cuidar a sus hijos, aunque las fuentes de esa ayuda varían tanto entre las sociedades como dentro de ellas. Y en algunos casos, las abuelas son las principales ayudantes.

Y parece que no es sólo una necesidad del nieto, sino también de las abuelas. De las 50 mujeres que participaron en el estudio, aquellas que activaban más fuertemente las áreas implicadas con la empatía al ver las imágenes de su nieto, son las que señalaron en el cuestionario que deseaban una mayor implicación en su cuidado.