Hace dos siglos los condones había que remojarlos en leche antes de usarlos

Mientras los trabajadores del Archivo Histórico Nacional de Toledo, España, analizaban documentos de hace dos siglos se toparon con algo que parecía un papiro, sólo que uno de sus extremos, redondeado, apuntaba a otra cosa: eran dos condones de la época, dos preservativos elaborados con intestino de cerdo.

Los ejemplares, clandestinos y reutilizables, pertenecen a unos años en que el temor a las enfermedades venéreas era cosa viva.

«Fue una sorpresa. Estábamos estudiando la correspondencia del Ducado de Béjar entre 1814 y 1830, cuando encontramos el paquete.

No sabemos a quién pertenezcan pero es probable que procedan de Francia. Su uso era algo común entre la gente pudiente», explica Arantxa Lafuente, directora de la sección Nobleza del archivo.

Estos preservativos estaban diseñados para reutilizarse y, más que como anticonceptivos, eran utilizados como escudos contra la sífilis o la gonorrea.

Había que remojarlos en leche para ablandar su aspereza y luego, una vez usados, se desinfectaban con agua tibia y se llenaban de polvos de talco o fécula de papa hasta el siguiente uso.

En un extremo estaban cosidos y en el otro tenían una cuerda para ajustarse al propietario. Podían ser de tripa de cerdo o de cordero.

Aunque exóticos, no es la primera vez que aparecen. Hace un par de años se encontraron dos en un libro de medicina de la biblioteca de la Universidad de Salamanca. Unos años antes, el Museo Británico había organizado una exposición de preservativos de 450 años de antigüedad.

«En 1992 la casa Christie’s subastó uno de principios del siglo XIX, de origen francés, que medía veinte centímetros y que tenía dibujada a una religiosa semidesnuda designando a su amante entre tres eclesiásticos en erección», señala Jean Louis Guereña, catedrático francés que investiga la evolución de la prostitución en España.

«No sólo era un objeto de lujo sino que se utilizaba mucho en ambientes de prostitución como medida de higiene», agrega Margarita Becedas, directora de la biblioteca histórica de Salamanca.

Allí se expone como curiosidad uno de los ejemplares hallados dentro de una hoja de periódico de 1859.

En sus investigaciones, Guereña ha encontrado que, hacia 1900, los preservativos se fabricaban de forma semiclandestina en zonas de prostíbulos como el barrio chino de Barcelona. Incluso se ofrecían en anuncios publicitarios.

«El Caimán está fabricado con cauchú y seda sin soldadura de ninguna clase, y afelpado después por un nuevo procedimiento; este preservativo es del más gracioso efecto; y de una fineza extremada y una dulzura sin par al usarlo, no produciendo irritación alguna», recoge el experto en uno de sus estudios sobre la historia del preservativo en España.

Este tipo de preservativos seguían utilizándose a pesar del descubrimiento de la vulcanización en Estados Unidos, que permitió producir condones de caucho en forma industrial a finales del siglo XIX, especialmente desde el Reino Unido.

«La popularización del condón no es obra de los médicos ni mucho menos de los poderes públicos.

Antes bien, desaconsejaban, por lo general, su utilización, más por razones morales que estrictamente médicas.

A pesar, de todo desde principios del siglo XIX venía confirmándose la función del condón como contraceptivo y profiláctico», subraya Guereña.

 

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