Hacer deporte envejece: ¿mito o realidad?

Si no tomas las precauciones necesarias el ejercicio puede ponerte años encima, aquí te explicamos qué hay de cierto en estas afirmaciones y cómo prevenirlo

No hay duda de que el ejercicio es clave para mantener la figura, estar en forma y segregar buenas dosis de endorfinas que ayudarán a que mentalmente también estemos más relajados y felices. Pero como cualquier disciplina, si no se realiza con cierto cuidado lo más probable es que surjan efectos adversos. Y no solo los relacionados con las lesiones, sino también los que tienen que ver con la estética.

Desde hace algún tiempo en redes sociales, y en especial en las cuentas de Instagram de determinados gurús del fitness, se está comentando que hacer deporte envejece. Una afirmación que ha levantado cierta polémica y que ha hecho que muchos se pregunten qué tiene de cierto. Aunque parezca algo arriesgado exponer esta idea, habría que realizar un ejercicio de análisis y observar el estado físico -o mejor dicho, estético- de muchos deportistas de élite que llevan entrenando toda su vida; o incluso nuestra cara después de una intensa sesión de entreno. Parece que ahora no suena tan descabellado, ¿o no?

Los responsables de este envejecimiento prematuro serían los radicales libres, que son moléculas que se forman durante el metabolismo de las células que, entre otras cosas, son los responsables de que el sistema inmunológico trabaje correctamente. El problema surge si se acumulan en exceso ya que pueden provocar un desorden en el organismo que puede ir desde el envejecimiento prematuro hasta incluso enfermedades.

Dichos radicales libres pueden aumentar notablemente con la contaminación, rayos ultravioleta, el estrés, el tabaco, el alcohol o la vida sedentaria; pero también con altas dosis de ejercicio sin control. La explicación reside en que el organismo los produce en el simple proceso de obtención de energía para nuestras funciones vitales, y mientras se realiza una actividad física este trabajo es mucho mayor, con su consecuente aumento de radicales libres.

A esto hay que sumarle que la mayoría de las disciplinas suelen realizarse al aire libre, lo que hace que se esté expuesto al sol de una forma más intensa y que, sin la protección adecuada, los rayos UVA penetren en la piel provocando entre otras cosas sequedad y manchas (y potenciando aún más el incremento de dichos radicales). El no estirar antes y después de la sesión de deporte también hace que esto se potencie ya que durante este proceso los vasos sanguíneos se oxigenan mejor se permite a los vasos sanguíneos se oxigenen y lleven nutrientes de una manera más eficiente.

¿Cómo prevenirlo?

Estas revelaciones no deben suponer un cambio en la agenda deportiva de cada uno, simplemente lo que más convendría sería tomar una serie de precauciones para minimizar sus efectos a través de pequeños cambios en la rutina de belleza que marcarán la diferencia y que se basan en la adquisición de una serie de sencillos hábitos. El principal consiste en el aumento de antioxidantes, tanto en la dieta como en los cosméticos, pues tienen el poder de frenar la producción de los radicales libres.

Resultan clave las vitaminas C y E, así como los betacarotenos (presentes en las frutas y hortalizas de color anaranjado), pero también se encuentran presente en los frutos rojos, la soja o el té verde y los alimentos ricos en Omega 3.

Para que estas medidas surtan efecto resulta imprescindible además un descanso adecuado, durmiendo una media de siete horas con un sueño de calidad.