Investigadores desarrollan una tinta “viva” que se imprime en 3D y se reproduce

Impresión 3D con bacterias como tinta

Tendrá aplicaciones en medicina, ecología, viajes espaciales y arquitectura entre otras

La impresión en 3D tiene un enorme potencial por su capacidad para ahorrar tiempos, facilitar la creación de prototipos y recurrir a diferentes materiales para crear productos. Una de las claves de la industria es investigar en nuevos materiales para usar como tinta, más allá de los polímeros convencionales. Ahora, un equipo de la Universidad de Northeastern han creado una tinta “viva”, desarrollada a partir de microbios, que es capaz de reproducirse, lo que tendría numerosas aplicaciones. De acuerdo con Neel Joshi, líder del desarrollo, la idea es imitar el comportamiento de la naturaleza utilizando las impresoras 3D.

“Un árbol – explica Joshi en una entrevista – tiene células incrustadas en su interior y pasa de ser una semilla a un árbol al asimilar los recursos de su entorno para construir una estructura. Lo que queremos hacer es algo similar, pero proporcionando ADN en la tinta”.

Ese ADN al que se refiere Joshi es la propia tinta, creada a partir de una modificación genética de la bacteria Escherichia coli. Gracias a ello y al igual que sucede en los árboles, la tinta produce dos tipos distintos de polímeros, capaces de reticularse entre sí (es decir, de formar una red tridimensional) para crear estructuras. Lo interesante, al igual que sucede en la naturaleza, es que esta tinta puede aumentar su tamaño (crecer) y curarse a sí misma (regenerarse).

“Hay que pensar en esta tinta como una plataforma para construir muchas cosas diferentes, no solo ladrillos – añade Joshi –. Inspirados en la biología es posible hacer cosas maravillosas. El pelo, por ejemplo, está formado por queratina, una proteína que también forma los cuernos de un ciervo o de rinocerontes. Es decir, están hechos de materiales similares, pero tienen funciones muy diferentes. Así, la biología ha descubierto cómo ajustar propiedades mecánicas utilizando un conjunto limitado de bloques de construcción”.

Los investigadores aseguran que, con las condiciones adecuadas, las células del gel microbiano podrían reproducirse. “A diferencia de las estructuras de hormigón o plástico, por ejemplo, los sistemas vivos serían autónomos – afirma Joshi –, se adaptarían a las señales del entorno y serían capaces de regenerarse. Esto podría llevar a edificios que se reparan a sí mismos”.

Todo esto serviría, por ejemplo, para elaborar materiales capaces de liberar un medicamento contra el cáncer cada vez que se encuentra con cierto estímulo químico y otro pensado para atrapar el tóxico Bisfenol A (el famoso BPA). También se podría usar para la industria espacial, sobre todo en entornos donde los materiales disponibles no dan mucha amplitud para crear estructuras habitables.