Investigan en Argentina los beneficios de las ranas de la región para el desarrollo de nuevos medicamentos

_44473695_anfibiorana.jpgLas ranas y sapos argentinos podrían ser una herramienta muy importante en el desarrollo de nuevos antibióticos contra la tuberculosis.
Investigadores en ese país afirman que las secreciones de la piel de los anfibios contienen compuestos capaces de combatir agentes patógenos, entre ellos el causante de la tuberculosis.
Se trata de una serie de sustancias que protegen a los animales de bacterias, virus y hongos.
Y que en los humanos podrían actuar también como una barrera protectora contra estos microorganismos.
«Todos los organismos vivos son capaces de producir compuestos que forman parte de sus sistema de defensa natural» dijo la doctora Georgina Tonarelli, investigadora de la Facultad de Química y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en Argentina.
«Nosotros estamos trabajando con los compuestos de especies de ranas características de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos (en el este del país)», agrega.
Según la investigadora el objetivo es derivar estos compuestos para utilizarlos en nuevos medicamentos, particularmente antibióticos.
Los antibióticos tradicionales tienen la desventaja de la resistencia que se ha generado por el amplio uso que se les ha dado.
Por eso, científicos en todo el mundo están trabajando en la búsqueda de nuevos compuestos con actividad antimicrobiana.
Los anfibios viven expuestos a una serie de microorganismos y por las características de su piel resultarían muy fácilmente afectados por estos patógenos.
Por eso generan secreciones glandulares que actúan como barrera antimicrobiana.
«Entre estos compuestos -explica la científica- llamados péptidos, son moléculas con potenciales aplicaciones como terapéuticos».
Los científicos obtienen las secreciones de los anfibios por medio de estimulaciones eléctricas.
Esas secreciones son posteriormente evaluadas para medir su capacidad de inhibir el crecimiento de bacterias patógenas.
«Hasta el momento hemos encontrado que las secreciones de ciertas especies de anfibios son extremadamente potentes», dice Georgina Tonarelli.
«Y son capaces de inhibir una gran variedad de microorganismos, incluidas las micobacterias entre las que se encuentra el Mycobacterium tuberculosis, que causa la tuberculosis”.
Los investigadores están trabajando en particular con una especie de rana, la Leptodactylus ocellatus.
Y descubrieron que las secreciones de esta especie son capaces de actuar sobre una cepa multiresistente de la tuberculosis.
Esta cepa, la TB MDR, es resistente a al menos dos de los principales tratamientos de primera línea que se usan hoy en día para matar al bacilo de la tuberculosis.
Según la Organización Mundial de la Salud, cada año hay en el mundo cerca de 425.000 nuevos casos de MDR, la mayoría en los países de la antigua Unión Soviética, China e India.
«Hasta ahora ya hemos logrado aislar cuatro péptidos capaces de producir la inhibición del crecimiento del Mycobacterium tuberculoso» explica Álvaro Siano, becario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) que participa también en la investigación.
«Ahora intentaremos identificar cuál de estos cuatro compuestos es el que produce esa inhibición y una vez identificado lo produciremos sintéticamente en el laboratorio».
Según el investigador, «lo más interesante es que se trata de una sustancia que se encuentra naturalmente o sea que no sería tóxico ni perjudicial para el medio ambiente».
Muchos de los medicamentos actuales contra la tuberculosis son altamente tóxicos.
Pero los péptidos de la piel de ranas han demostrado ser mucho más selectivos y menos tóxicos.
Además del bacilo de la tuberculosis, los científicos argentinos están también probando la actividad de los compuestos contra otro tipo de bacterias.
Entre ellas, están el Bacillus aurus, pseudomonas y diphtheriae.
«Otros estudios han demostrado que las secreciones de la piel de rana, además de la actividad antimicrobiana podrían tener actividad antiviral y antitumoral» afirma la doctora Georgina Tonarelli.
«O sea que el espectro de posibilidades que brindan estos anfibios es enorme», dice la experta.

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