La apreciación de las monedas debido al flujo de capitales especulativos ha perjudicado la competitividad de los países latinoamericanos

América Latina es una de las regiones que más está sufriendo las consecuencias de la guerra de divisas, que ha contribuido a una apreciación significativa de las monedas en casi toda la región.

Brasil, México y Argentina han adelantado que pedirán un acuerdo en Seúl, en el marco de la cumbre del G20, para contrarrestar el problema.

El país que con más insistencia se ha pronunciado al respecto es Brasil, pero la mayoría de las naciones de la región enfrentan presiones importantes sobre sus monedas.

En Colombia, el peso subió a niveles históricos a mediados de septiembre en relación con el dólar. Algo similar ha sucedido en Perú y Chile. Mientras tanto en México, el peso ha aumentado en un 9% desde 2009, según informes de prensa, y entre las economías pequeñas, en Costa Rica, el dólar ha caído 15% en 15 meses.

Felipe Larraín, ministro de Hacienda de Chile, dijo en un artículo publicado en el diario británico Financial Times, que economías emergentes como las asiáticas y las de América Latina «se llevan la peor parte» en la guerra de divisas.

El problema, según comentó Daniel Titelman, jefe de la Unidad de Estudios del Desarrollo de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), es que las economías emergentes de la región están recibiendo un gran influjo de capitales especulativos de corto plazo, los llamados capitales golondrinas.

«Esto se está manifestando en apreciaciones cambiarias muy importantes en las monedas, lo cual tiene un impacto negativo sobre la competitividad de la región y la capacidad de diversificar las exportaciones», explicó Titelman.

En parte, la apreciación de las monedas es resultado del buen desenvolvimiento de las economías latinoamericanas, que este año se espera que crezcan un promedio de entre el 4% y el 5%, dijo Isaac Cohen, ex director de la CEPAL.

«El hecho de que las economías de América Latina están creciendo lleva a que sean muy atractivas para inversionistas que están buscando rendimientos, porque los beneficios a las inversiones en los países desarrollados están realmente bajos», agregó Cohen.

No obstante, Titelman recordó que «esa entrada brusca de capitales de corto plazo genera desequilibrios, porque no está reflejando un aumento de la productividad».

Y eso es lo que dicen también los sectores exportadores que en diferentes países de la región han puesto el grito en el cielo.

Los exportadores colombianos hablan de decenas de miles de puestos perdidos debido a la valorización de su moneda.

El ministro de Hacienda de Chile recordó en su artículo del Financial Times que la carga es particularmente fuerte para las naciones que dependen de las exportaciones de materias primas como el cobre y otros minerales con fuerte demanda en China.

También está el caso de México y de otros países que enfrentan una fuerte competencia con los chinos. El peso mexicano se ha apreciado un 9% desde 2009 en comparación con un 3% del yuan.

Esto significa que México tiene cada vez más presión para competir con productos de China, y la situación empeorará si la tendencia continúa.

Un efecto inmediato en la región ha sido el abaratamiento de las importaciones procedentes de Estados Unidos, lo que -según afirmó Cohen- en el corto plazo beneficia a los consumidores.

De hecho, en Chile los diarios hablan de una reducción de al menos un 7% en promedio de los precios de bienes electrónicos, así como de la ropa y los alimentos importados.

En Colombia, los concesionarios de vehículos reportaron un aumento en el volumen de sus ventas.

Los bancos centrales de varios países latinoamericanos han intervenido en los mercados para contrarrestar la presión alcista de sus monedas.

Brasil introdujo a principios de octubre un impuesto a las operaciones financieras de inversiones extranjeras que inicialmente era del 2%, pero que posteriormente elevó a un rango de entre 4% y 6%.

Esto está dirigido a frenar la entrada de los capitales especulativos.

En septiembre, el Banco Central de Colombia, por ejemplo, decidió comprar dólares en el mercado en un intento por frenar la revaluación del peso.

Perú ha comprado unos US$8.000 millones este año para atenuar el problema.

Además, desde septiembre los bancos extranjeros están obligados a mantener niveles de encajes mucho más altos para los flujos de capital de corto plazo, según la agencia de noticias Bloomberg.

Pero estas son medidas paliativas y es poco probable que el problema se resuelva a menos que haya un acuerdo para frenar la guerra de divisas.

Y como dice el ministro de Hacienda de Chile, «América Latina es una de las regiones que tiene más que perder si la crisis en torno a las monedas no se resuelve pronto».

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