La depresión es más que sentirse triste, desilusionado o estresado.

La depresión es1.5 a2.5 veces más común en mujeres que en hombres.

Por: Margaret Ojalvo

En por lo menos en el 30% de los episodios depresivos, los pacientes no responden adecuadamente a un tratamiento antidepresivo de primera línea. Ninguna clase de antidepresivos ha probado ser más efectiva o tener mayor rapidez de acción que otra. Después de un periodo de 2-4 semanas del tratamiento con un antidepresivo se debe evaluar la respuesta, si esta es insuficiente, se deben implementar estrategias de optimización del tratamiento. Por lo menos de 8-10 semanas pueden requerirse para la completa reducción de síntomas.

El Trastorno Depresivo Mayor “TDM” es una enfermedad común, seria y debilitante que a menudo es mal comprendida en la comunidad. La depresión es más que sentirse triste, desilusionado o estresado. Es una condición generalizada de baja de autoestima, hace sentir a la persona sin ningún valor, y menoscaba las ideas, actividad y funciones normales.

El Trastorno Depresivo Mayor  es a menudo, una condición a largo plazo, incluso cuando se trata en forma efectiva, con frecuencia repite. Es por eso que según las nuevas guías sobre la depresión del Instituto Nacional de Excelencia Clínica (NICE) en el Reino Unido, anotan que los estimados mundiales de prevalencia varían ampliamente.

La cifra más probable para la depresión que ocurre en cualquier momento durante la vida de una persona varían desde 4% (1 de cada 25) hasta 10%  (1 de cada 10). Otro 2.5% a 5% tendrá Distimia (síntomas depresivos crónicos de bajo grado).

El NICE considera que, en cualquier punto de tiempo aislado, alrededor del 2.5% de los adultos estarán experimentando un verdadero episodio depresivo. La proporción aumenta a más de 10% cuando se usa una categoría más laxa de ‘depresión ansiedad mezcladas’.

La depresión es de1.5 a2.5 veces más común en mujeres que en hombres. Ocurre en niños, pero la incidencia se eleva continuamente en los adultos jóvenes. La mayoría de la depresión mayor comienza a finales de los 20, sin embargo a pesar de un incremento en el número de personas diagnosticadas con depresión y el uso de tratamientos, incluyendo antidepresivos, es probable que muchas personas con depresión permanezcan sin ser diagnosticadas.

En 1990, la depresión fue la cuarta causa más común de años de vida perdidos ajustados a discapacidad (AVAD) (DALYs, por su sigla en inglés) en el mundo. Para el año 2020, se proyecta que se convierta en la segunda causa más común.

Por definición, la depresión causa sufrimiento a la persona que experimenta la enfermedad. También afecta sus relaciones sociales y desempeño en el trabajo y en otros roles tales como el de padre o cuidador. Los costos económicos tangibles incluyen pérdida de productividad, pérdida de ingresos, incremento en los costos de cuidado de la salud y mayor dependencia de servicios sociales.

La depresión está estrechamente relacionada con una declinación en la salud física, que puede ser tan grande como la de una persona con enfermedades crónicas mayores tales como angina, artritis, asma o diabetes. Puede exacerbar el dolor, estrés y discapacidad asociados con enfermedades físicas, como también afectar en forma adversa los desenlaces del tratamiento.

Muy rara vez, la depresión puede conducir a actos de violencia contra otros, que pueden hasta incluir homicidio. Sin embargo el suicidio es responsable de casi el 1% de todas las muertes, y casi dos terceras partes de los suicidios ocurren en personas con una historia de depresión. Tener depresión– de cualquier severidad– incrementa cuatro veces el riesgo de suicidio comparado con personas sin depresión, elevándose a 20 veces más en aquellos con enfermedad más severa.

A menudo, las relaciones maritales y familiares son afectadas en forma adversa. La depresión de los padres puede desencadenar en una seria negligencia con los hijos, particularmente la depresión posparto que afecta a una nueva madre.

Se acostumbraba a considerar la depresión como un trastorno limitado por el tiempo, que duraba cuatro a seis meses con recuperación completa en seguida. No obstante, ahora es claro que es común la recuperación incompleta y recidiva posterior.

En un estudio mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre trastornos mentales, alrededor de la mitad de pacientes con depresión todavía estaban deprimidos un año más tarde, y por lo menos el 10% tuvo depresión persistente o crónica. Como mínimo, el 50% de las personas tendrán por lo menos un episodio más después de su primer episodio de depresión mayor, elevándose el riesgo a 70% y 90%, respectivamente, después del segundo y tercer episodio. La depresión de aparición temprana (20 años de edad o menores) y la que ocurre a edad avanzada están asociadas con un riesgo significativamente aumentado de recidiva.

Por lo tanto, aunque los prospectos para recuperación de un primer episodio son buenos, la perspectiva es más pesimista a más largo plazo.

SÍNTOMAS  DE “TDM”

Un síndrome depresivo es un conjunto de síntomas persistentes y característicos, que reflejan lo que a menudo se denomina ‘depresión clínica’. Dichos síndromes constituyen un trastorno mental específico, y usualmente requieren tratamiento.

De acuerdo con la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM-IV) los síntomas frecuentes en personas que padecen TDM son:

• Afecto deprimido según lo indicado por reporte subjetivo (por ejemplo se siente triste o vacío) u observación hecha por otros (por ejemplo luce lloroso)

• Interés marcadamente disminuido

• Pérdida de peso significativa sin hacer dieta, o aumento de peso o disminución o incremento en el apetito

• Insomnio o sueño excesivo

• Lentitud mental y física o inquietud

• Fatiga o pérdida de energía

• Sentimientos de minusvalía, o culpabilidad excesiva o inapropiada

• Habilidad disminuida para pensar o concentrarse, o indecisión

• Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor de morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan específico, o un intento de suicidio, o un plan específico para cometer suicidio.

Para identificar el TDM la persona debe tener por lo menos cinco de los nueve síntomas nombrados, durante, por lo menos, dos semanas y deben incluir afecto deprimido o una pérdida de interés o sentir  placer.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

El reto que se le presenta a los médicos en sus consultorios es saber diferenciar entre los pacientes que tienen altibajos emocionales que no desbordan las barreras de lo clínicamente normal y de aquellas personas que tienen una enfermad seria que requiere de un tratamiento adecuado ya que están en riesgo de sufrir graves consecuencias, una de ellas: el suicidio.

Aunque hay criterios acertados para el diagnóstico, tales como el DSM-IV, generalmente  identificar el Trastorno Depresivo Mayor se basa en características subjetivas, incluyendo severidad, persistencia, la presencia de otros síntomas, y el grado de deterioro funcional y social.

El tratamiento efectivo de la depresión depende de una efectiva asistencia psicológica, que – en contraste con la medicación – son muy dependientes de la forma en que sean administrado, recalcando que el objetivo siempre será el mismo: aliviar los síntomas, restaurar el desempeño de las funciones y evitar la reaparición de la enfermedad  después de la convalecencia.

RESISTENCIA AL TRATAMIENTO

El concepto de ‘resistencia la tratamiento’ en la depresión se ha definido tradicionalmente de manera muy estrecha como fracaso en la respuesta a por lo menos dos antidepresivos administrados durante un tiempo adecuado a una dosis apropiada. De acuerdo con las guías NICE 2009.

TERAPIAS DE AUMENTO Y ADYUVANTES.

LOS MEDICAMENTOS UTILIZADOS PARA AUMENTAR O COMPLEMENTAR EL EFECTO DE LOS ANTIDEPRESIVOS INCLUYEN LOS SIGUIENTES:

• El estabilizador del afecto, litio, está bien establecido como un agente aumentador en pacientes con TDM quienes no hayan respondido lo suficiente a un antidepresivo individualmente.

• Los antipsicóticos atípicos se han usado cada vez más en asociación con antidepresivos. Se usan específicamente para controlar los síntomas de la depresión psicótica, y también, más generalmente para mejorar el afecto.

• Algunas veces, las benzodiazepinas se usan para ayudar con el sueño y controlar la ansiedad y agitación, especialmente durante las primeras semanas de tratamiento antidepresivo. No se deben usar a largo plazo debido al riesgo de dependencia, y de efectos colaterales adversos como sedación diurna excesiva y embotamiento cognitivo.

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