La energía eólica reduce gastos y ayuda al planeta

El interés de Steve Rigoni por la energía eólica data de la década de 1970, cuando Estados Unidos sufría los efectos de una crisis energética y los precios del petróleo se habían disparado. En ese entonces, Rigoni, un ganadero de tercera generación del norte de Nueva York, construyó su propia turbina eólica y, aunque funcionó, admite que no era demasiado confiable y finalmente la desmontó.

Para 2006, Rigoni decidió abandonar la ganadería. “Había sido el sueño de mi abuelo. Practiqué el oficio durante 35 a 38 años. Había llegado el momento de hacer otra cosa”, señala Rigoni, de 55 años de edad, casado y padre de tres hijos mayores. Así que se enfocó en la labranza de cultivos. “Cultivamos maíz, soja y heno para los caballos de residentes locales y pasto para secar el maíz. Hacemos secado [de maíz] de acuerdo a las necesidades de los demás agricultores de la zona”, indica Rigoni.

Rigoni también decidió ese año intentar de nuevo con la energía eólica. Hoy en día, cuando mira el terreno que se encuentra detrás de su casa, ve la turbina eólica Bergey de 10 kilovatios acoplada a una torre de 42,5 metros construida en las tierras de su enorme granja de 240 hectáreas en Pavilion (Nueva York), ciudad que se encuentra aproximadamente a 90 minutos de la frontera con Canadá.

Rigoni es parte de una creciente tendencia en Estados Unidos de propietarios de vivienda, agricultores y pequeños empresarios que generan su propia electricidad por medio de la energía eólica. El reducido mercado eólico ha crecido rápidamente en los últimos años, 78 por ciento tan sólo en 2008, según Ron Stimmel de la Asociación Estadounidense de Energía Eólica. Stimmel afirma que los incentivos del gobierno ayudan a gente, como Rigoni, que busca la independencia energética y una forma de reducir su huella de carbono y administrar a la vez el costo de los sistemas de turbinas eólicas.

Rigoni fue uno de los primeros de su zona en instalar una turbina eólica en sus terrenos para uso personal, pero han aparecido otras en el poblado desde que Rigoni erigió su turbina eólica hace más de tres años. Hasta el distrito escolar de su localidad ha recurrido a la energía eólica, afirma Rigoni.

El sistema eólico de Rigoni costó 55.000 dólares, importe que incluye los gastos de instalación, pero el gobierno federal y muchos gobiernos estatales ofrecen créditos fiscales, descuentos en la tasa de interés y demás incentivos para ayudar a que los estadounidenses se cambien a esta tecnología que respeta el medio ambiente y es más eficaz en el consumo de energía. Estas medidas contribuyeron a que Rigoni decidiera cambiarse a la energía eólica.

La turbina Rigoni genera cerca de 800 kilovatios de electricidad al mes, justo lo necesario para alimentar todos los electrodomésticos de su hogar y oficina. Antes de que Rigoni instalara el sistema eólico, él y su esposa, Susan, tenían una secadora de ropa y un calentador de agua que funcionaban con gas natural. Cambiaron ambos por unos que utilizaban electricidad para aprovechar al máximo la energía generada por la turbina eólica.

La factura de electricidad de Rigoni solía ser de entre 120 y 140 dólares al mes. La turbina eólica hace que esas facturas sean cosa del pasado. Normalmente ahora sólo paga una tarifa básica de unos 16 dólares al mes a la compañía de la luz, National Grid.

Rigone dice que ninguna de las grandes empresas de centrales eólicas se ha comunicado con él para erigir turbinas más grandes en sus tierras, aunque dice que esto sí ha ocurrido con otros agricultores de poblados vecinos. Actualmente, grandes turbinas eólicas de color blanco salpican el horizonte de muchas comunidades del norte de Nueva York que suministran energía eólica limpia a empresas de electricidad.

Aun cuando sus facturas de electricidad estén cubiertas cada mes, todavía tardará cerca de 15 años antes de que se termine de pagar la turbina eólica. Pero Rigoni considera que es importante que los estadounidenses hagan lo posible para reducir la dependencia de petróleo y carbón para electricidad y utilicen más energías renovables como la eólica, la solar y los biocombustibles.

“Considero que la turbina eólica es parte de la diversificación de mi cartera de inversiones”, explica Rigoni. “Invierto en la compra de la turbina eólica ahora y tendré cubierta la factura de electricidad cuando me jubile”.

Si bien señala que la energía eólica sigue siendo “uno de los amores de mi vida”, estos días Rigoni enfoca sus energías en otro tipo de energía alternativa: la biomasa, que es un combustible o calor generado por plantas y por materiales derivados de plantas. En el caso de Rigoni, en vez de utilizar gas propano para secar el maíz quema pasto varilla que cultiva en su granja. En los últimos años, Rigoni has estado construyendo a mano –y aprendiendo de los errores– un sistema para quemar los fardos de pasto varilla seco como  fuente de energía para secar el maíz.

Con respecto a la turbina eólica, Rigoni se emociona cuando explica cómo la construyó, cómo funciona y cómo ahorra dinero y protege al medio ambiente debido a la neutralidad de su dióxido de carbono. Con la quema de pasto varilla, se ahorra cerca de 3.800 litros de propano al día durante la temporada de secado del maíz en el otoño. El propano puede costar por lo menos 50 centavos de dólar el litro, de manera que el ahorro se acumula rápidamente.

Si bien el ahorro es importante, especialmente para un agricultor, para Rigoni gran parte de su proyecto de quema de pasto varilla apunta a convencer a otros a invertir tiempo y dinero en crear más fuentes de energía renovable y mercados correspondientes.

“La oferta y la demanda es un tema que nosotros los agricultores conocemos muy bien”, dice Rigoni, quien añade: “Creo que todos tenemos que aportar nuestro granito de arena para resolver la crisis energética”.

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