La herencia genética y el entorno pueden determinar nuestro carácter y nuestra forma de comportarnos

Psicólogos, psiquiatras y neurocientíficos han investigado y discutido durante siglos si influye más en la construcción de la personalidad la genética o el entorno (vivencias, ambiente, experiencias y relaciones).

Lo cierto es que es posible encontrar investigaciones que avalan ambas posibilidades. De hecho, aunque el entorno juegue un papel relevante, tal como asegura el psicólogo José Miguel Sánchez, la mayoría de los estudios sitúa la influencia de los genes entre el 20% y el 50%.

Lo que sí que conviene aclarar, tal como propone el experto, es a qué nos referimos cuando hablamos de la herencia genética, pues esta incluye, por un lado, lo que transmiten nuestros antecesores más recientes (padres y abuelos, principalmente) pero también ha de incluirse, según matiza Sánchez, una herencia más lejana de la que obtenemos conductas basales relacionadas con la vivencia intrínseca de nuestros ancestros y que tienen que ver con miedos, emociones, formas de pensar y de actuar…

y que en realidad pueden arrastrarse durante generaciones. Un ejemplo para entender esta premisa es, según apunta el experto, el sentido del respeto hacia los mayores y hacia las tradiciones que tienen los asiáticos y que perdura durante generaciones como rasgo distintivo de su sociedad.

En cuanto a la influencia del entorno se incluye, según el psicólogo, todo aquello que percibimos a través de los sentidos y lo que imitamos o modelamos de otros, así como nuestras propias experiencias y aprendizajes. En este sentido el experto afirma que una de las partes adquiridas más relevantes es la que se da en la infancia (hasta los 7-9 años), pues influye principalmente en los comportamientos más nucleares como seres humanos: valores, creencias, emociones y formas de pensar.

El conjunto de la genética y el entorno, por tanto, conforma el modelo mental desde el que vemos la realidad y en función de esa visión, que en realidad es más una percepción, nos comportamos como seres humanos de una o de otra manera. «Por ejemplo, si una persona siempre ha visto en casa que los problemas se resuelven charlando e intercambiando opiniones de manera tranquila y sosegada será más probable que cuando sea mayor y tenga que resolver conflictos su primero comportamiento sea gestionarlos desde la calma», argumenta Sánchez.

¿Se puede cambiar la personalidad?

Aunque es posible cambiar partes de la personalidad, eso conlleva tal esfuerzo, según matiza Sánchez, que la mayoría de las personas o no saben o no entienden o no están dispuestas a llevar a cabo. Eso sí, el experto asegura que cuando se logra los resultados son excepcionales, especialmente cuando se cambian los comportamientos que hacen daño. «Muchas personas acaban cambiando por necesidad, pero siempre invito a que comiencen el cambio antes de que sea necesario», apunta. Por eso el psicólogo prefiere evitar las expresiones relaciondas con adaptarse o gestionar el cambio y utilizar el concepto «vivir el cambio», pues este implica que esa persona tiene la flexibilidad, la tolerancia, la anticipación y la vulnerabilidad para atreverse a cambiar todo aquello que no le hace bien.

A la hora de analizar la personalidad el experto indica que la mayoría de los estudios hablan de cinco dimensiones: amabilidad, sinceridad, conciencia de uno mismo, extroversión y neuroticismo (inestabilidad emocional). «Dentro de cada una de ellas habría diversos niveles que orientan hacia un comportamiento totalmente de acuerdo con esa dimensión o con su contraria», precisa. Por ejemplo, la dimensión de la extroversión en sus niveles más bajos indicaría que estamos ante una persona con tendencia a comportarse de una manera introvertida.

Cuatro rasgos de la personalidad de los más exitosos en el trabajo

Según la experiencia de José Miguel Sánchez, psicólogo especialista en entornos empresariales, la clave del éxito de una persona en el trabajo, independientemente del ámbito en el que se encuentre, tiene que ver con los siguientes factores:

– Empatía para entender a los demás, captar sus necesidades y conectar con ellos de una manera mutuamente beneficiosa.

– Comunicación para ser capaz de influir positivamente en otras personas y generar ese liderazgo que las inspire a querer hacer cosas juntos.

– Humildad para conocerse bien y saber gestionar tanto los puntos fuertes como las áreas de desarrollo. Esto implica también saber mostrarse vulnerable cuando la situación nos coloca en ese punto.

– Constancia para no cejar en el empeño y para hacer el esfuerzo necesario para conseguir los objetivos que se proponen.