La iluminación nocturna de las calles podría estar afectando nuestro sueño

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La contaminación lumínica es de tres a seis veces más intensa en las ciudades con más de medio millón de habitantes

Dormir es una parte esencial de nuestro ciclo vital. Y es que los seres humanos, como ocurre con todos los seres vivos, necesitamos descansar. Sin embargo, la calidad de nuestro sueño puede verse afectada por numerosos factores tanto propios como ajenos, caso del desarrollo tecnológico. Y es que como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Stanford (EE.UU.), el alumbrado nocturno de las calles, muy especialmente en las grandes ciudades, puede interferir con nuestro sueño y provocar que nuestro descanso no sea suficientemente reparador. O dicho de otra manera, si el vecindario en el que reside cuenta con una buena iluminación nocturna, quizás no esté durmiendo bien.

Como explica Maurice M. Ohayon, director de esta investigación que se presentará en el marco de la 68ª Reunión Anual de la Academia Americana de Neurología (AAN) que se celebrará en abril en Vancouver (Canadá), «nuestro mundo se ha convertido en una sociedad 24/7, es decir, funcional durante las 24 horas de los siete días de la semana. Y para ello, utilizamos el alumbrado nocturno en las calles para, así, poder ser más activos durante la noche e incrementar nuestra seguridad. El problema es que esta iluminación nocturna ha reducido nuestra exposición a la oscuridad y podría estar afectando a nuestro sueño».

Noches de luz

Para llevar a cabo el estudio, 15.683 personas respondieron a un cuestionario telefónico diseñado por los investigadores para conocer sus patrones de sueño e identificar posibles enfermedades tanto físicas como mentales. Además, los autores analizaron los datos de los satélites meteorológicos para determinar la exposición lumínica nocturna en las áreas de residencia de cada uno de los participantes.

Los resultados mostraron que las personas residentes en las grandes ciudades, definidas como aquellas con una población no inferior al medio millón de habitantes, se exponían a una iluminación nocturna entre tres y seis veces más intensa que aquellos que convivían en ciudades más pequeñas o en áreas rurales. Y como consecuencia de ello, las personas de las grandes ciudades tenían una probabilidad un 6% mayor de dormir menos de seis horas diarias.

El resultado es que, como indican los autores, «las personas que vivían en las áreas con mayor intensidad lumínica tenían una mayor probabilidad de sentirse insatisfechas con la cantidad o calidad de su sueño. Concretamente, el porcentaje de población insatisfecha fue de un 29%, frente a un 16% en las zonas con menor intensidad lumínica».

Iluminados y somnolientos

Es más; la mayor intensidad del alumbrado nocturno también se asoció con una mayor percepción de fatiga o cansancio (9% frente a 7%), con un menor promedio de horas de sueño (412 minutos por noche frente a 402 minutos), y con una mayor somnolencia (6% frente a 2%). Y a todo ello se aúna un mayor riesgo de interrupciones del sueño con sensación de confusión, de un 19% en las poblaciones con mayor contaminación lumínica y de un 13% en aquellas con alumbrados nocturnos de menor intensidad.

Como concluye Maurice Ohayon, «la contaminación lumínica está presente en casi todas las ciudades del mundo. Sin embargo, la exposición excesiva a la iluminación nocturna puede alterar nuestra funcionalidad diurna e incrementar el riesgo de una somnolencia excesiva. Por tanto, y de confirmarse esta asociación en otros estudios, la gente debería considerar el uso de antifaces para dormir o de otras opciones para reducir esta exposición».