La maldad humana ‘extrema’ tiene un origen natural

Un científico argentino afirma que existen elementos en la composición biológica del hombre que determina el grado de perversidad

Cuando una madre asesina a sus hijos, un notario falsifica unas escrituras, un hombre tortura a una mujer o un amigo se da la media vuelta se le llama “hijo de puta”, asegura Marcelino Cereijido, doctor en fisiología, quien cree que todo ser humano tiene un grado de hijoputez.

Inquieto por investigar el origen de esta conducta, el investigador argentino hurgó en estudios científicos y de comportamiento para ofrecer un primer acercamiento conceptual sobre lo que define como “maldad compleja” en el libro Hacia una teoría general sobre los hijos de puta (Tusquets).

Su investigación no es etimológica ni histórica; más bien, explica en entrevista, es un desglose de la existencia del mal en la humanidad a escala mundial, pues asegura que existen “hijos de puta” igual en México, que en Japón.

“Yo leo dos periódicos en la mañana y lo que resalta es que nueve de cada diez dramas se debe a la hijoputez; si buscas un común denominador en los hechos encuentras la maldad, es decir, cómo puede ser que la hijoputez sea un factor tan grande en la sociedad y nadie lo estudia, pero es un problema ideológico”, dice.

Cereijido, experto en fisiología celular y molecular, dice tener evidencias de que la maldad en extremo tiene orígenes biológicos. Primero, porque es una conducta universal, igual que dormir o comer, pero también porque mucho de nuestro comportamiento está definido desde la gestación.

“Venimos de una tradición de humanistas, una visión antigua, que piensan que todas las cosas se atribuyen a la ética; se creía que cuando te estás gestando en el vientre de tu mamá es un armado mecánico como un ventilador y después lo enchufas y ya funciona, pero no es así, y yo creo que hay razones biológicas para ser hijo de puta”, agrega.

Esto lo lleva a considerar que todo ser humano reprime su maldad; que debe existir algún elemento en la composición biológica del hombre que determina el grado de perversidad, pues sino “cómo explicas tanta hijoputez en el mundo, genocidios, incendios en guarderías, homicidios a mujeres”.

Sin embargo, reconoce que no todo se le puede atribuir a la naturaleza y mucho influye el contexto social de las personas para desarrollar la maldad o la interpretación que tienen de ella en cada sociedad; e incluso justifica algunos actos; por ejemplo, si una madre roba para alimentar a su hijo.

“Que alguien sea un hijo de puta depende de cómo interpretamos los hechos, depende del concepto que cada quien tenga de maldad, en mi caso es una interpretación científica. Pero es cierto que muchas acciones se deben a las circunstancias o circunstancias que te llevan a cometer hijoputeces”, comenta.

Cereijido también trata de averiguar qué sentido tiene la frase “hijo de puta” y por qué es una de las ofensas más desdeñables en la cultura mexicana, e incluso juega con preguntar si es cierto que las prostitutas tienen hijos malvados.

Pero al final confiesa que todavía falta investigación para determinar el origen del mal.

 

 

 

 

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