La maternidad sigue siendo mortal en los países en vías de desarrollo

_45379322_parto3.jpgLas mujeres que viven en países en desarrollo tienen 300 veces más posibilidades de morir durante el embarazo o el parto que las mujeres de los países industrializados, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
En su informe «Estado Mundial de la Infancia 2009: un balance sobre la mortalidad materna», la organización también destaca que cada año medio millón de mujeres fallecen en el mundo como resultado de complicaciones derivadas del embarazo o el parto, 70.000 de ellas niñas y jóvenes de entre 15 y 19 años.
Además, según UNICEF, los niños y niñas de los países pobres tienen 14 veces más probabilidades de morir durante su primer mes de vida que los niños nacidos en países desarrollados.
Según cálculos de la organización, desde 1990, año de referencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, diez millones de mujeres han muerto a consecuencia de complicaciones derivadas del parto u el embarazo.
El informe también señala que el riesgo que padece una mujer durante toda su vida de morir por causas relacionadas por la maternidad en los países pobres es de 1 entre 76, en comparación con la probabilidad de 1 entre 8.000 de los países industrializados.
Es por ello que el 99% de las muertes en el mundo derivadas de la maternidad se producen en los países pobres.
Las elevadas tasas de mortalidad materno infantil se pueden atribuir, entre otras causas, al deficiente acceso de mujeres y niños a atención médica y sanitaria -el 80% de las muertes se dan en medios rurales- y a consideraciones sociales y culturales».
Todavía hay millones de niñas que son obligadas contraer matrimonio.
Además, según la UNICEF, existen estigmas en muchos países en cuanto a la educación de las mujeres.
Cuando se educa a una mujer el nivel de supervivencia de sus hijos es mucho más alto y esos niños tienen unos índices de nutrición, salud y educación mucho más elevados que los de madres analfabetas.
Los diez países donde el riesgo de mortalidad materna durante toda la vida es mayor son Níger, Afganistán, Sierra Leona, Chad, Angola, Liberia, Somalia, la República Democrática del Congo, Guinea-Bissau y Malí.
Según datos de UNICEF, en 2005 alrededor de 15.000 mujeres perdieron la vida en América Latina y el Caribe por causas relacionadas con el embarazo y el parto, 6.000 menos que las estimadas en 1990.
En su informe, la organización destaca que la región se caracteriza por las grandes diferencias entre países. Mientras que en Chile se registra una de las tasas más bajas de mortalidad materna, con 16 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, Haití tiene una de las más altas del mundo, con 670 por cada 100.000.
La principal causa de mortalidad materna en América Latina y el Caribe son los trastornos hipertensivos, algo que según UNICEF podría evitarse si se supervisara la presión arterial de la mujer antes y durante el embarazo.
El informe también señala que existen disparidades importantes en el acceso a asistencia especializada en el parto.
Por ejemplo, las mujeres que viven en una ciudad en Guatemala tienen más del doble de posibilidades que las mujeres del medio rural de contar con ayuda calificada durante el parto.
Otro de los problemas que sufren las mujeres latinoamericanas y caribeñas es la maternidad precoz.
UNICEF asegura que por lo menos el 20% de las mujeres entre 15 y 49 años de la región informaron que fueron madres antes de cumplir 18 años.
En el lado positivo, el informe destaca que los niveles de atención prenatal en la región son elevados, ya que el 94% de las mujeres consultan por lo menos una vez con un profesional sanitario calificado durante el embarazo.
Además, el 86% de las mujeres da a luz en un centro sanitario, lo que supone un aumento del 13% con respecto a los datos de 1990.
UNICEF cree que el 80% de las muertes maternas se podrían prevenir si las mujeres tuvieran acceso a servicios básicos de salud.
Según Paloma Escudero de Unicef, los gobiernos deben «garantizar la prioridad de inversión en infancia».
«En la lucha contra la pobreza es esencial que haya una asignación específica de inversión pública en salud, en educación y en el desarrollo de políticas que garanticen la protección de los niños y de las mujeres», resalta Escudero.
La mejora en el sistema sanitario, la implicación de las comunidades, la atención debida de los embarazos por personal cualificado, la adecuada nutrición de las madres y de los recién nacidos y una educación a las niñas que les permita decidir sobre su propio futuro y el momento en el que deben quedarse embarazadas.
Además, hay que garantizar la asistencia médica adecuada de cualquier menor hasta su quinto año de vida.
En el mundo cada año mueren más de nueve millones de niños por causas evitables y eso se produce por falta de acceso a medicamentos y a sistemas de salud.

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