La pérdida o disminución del olfato podría ser un síntoma de Alzheimer

Cada persona tiene un olor único

«Y una vez en su interior, el perfume iba directamente al corazón y allí decidía de modo categórico entre inclinación y desprecio, aversión y atracción, amor y odio. Quien dominaba los olores, dominaba el corazón de los hombres», escribió Patrick Suskind en El Perfume, denotando la enorme importancia que tienen los olores en la vida humana.

Cuando respiramos, un gran número de partículas olorosas suspendidas en el aire ascienden por la nariz y establecen contacto con los receptores olfativos, que son los encargados de enviar la señal al cerebro para que seamos capaces de percibir olores. Los humanos podemos detectar hasta 10 mil aromas, pero la pérdida o disminución de esta capacidad podría ser un síntoma de la enfermedad de Alzheimer, causante de la pérdida de la memoria.

Algunos estudios científicos en Estados Unidos demuestran que las personas que padecen Alzheimer no identifican olores como el del gas doméstico o el mentol. Este descubrimiento hace suponer que la pérdida de la capacidad olfativa puede ser un indicador temprano de un deterioro progresivo de las funciones cerebrales.

Expertos mexicanos han iniciado una investigación utilizando aromas “nacionales”, es decir, aquellos que son reconocidos fácilmente por la población mexicana. El propósito es evaluar el nivel de percepción olfativa de enfermos de Alzheimer y comparar los resultados con los de sus colegas estadounidenses.

La iniciativa es parte de un nuevo campo de estudio sobre el sistema olfativo, pues a pesar de que es una de las modalidades sensoriales más antiguas, aún falta mucho por conocer acerca de las funciones que desempeña.

Investigadores observaron que en los corderos, tras el parto, la madre husmea a su cría y así guarda el olor en su memoria para reconocerlo entre los de su misma especie. En los humanos, el olfato está activo desde el vientre materno y en las semanas posteriores al nacimiento es de gran importancia. Bebés recién nacidos pueden reconocer el olor de su madre aun cuando se encuentran rodeados por otras mujeres.

Los seres humanos también somos capaces de guardar olores en nuestra memoria y experimentar sentimientos al percibirlos, pues el sistema olfativo está conectado con el sistema límbico, parte del cerebro donde se generan las emociones. Si en la infancia alguien tuvo contacto con un aroma placentero o desagradable, y en la vida adulta vuelve a percibirlo, es capaz de recordarlo y revivir la sensación pasada.

Al igual que otros mamíferos, los seres humanos somos susceptibles a los efectos de las feromonas, que se liberan al ambiente a través del sudor  y las secreciones corporales. Los científicos las definen como señales químicas detectadas por medio del olfato, cuya función es atraer al sexo opuesto.

Cada persona tiene un olor único como resultado de las sustancias que su organismo libera al ambiente, al ser fermentadas por bacterias del exterior, generan el aroma que nos distingue de nuestros semejantes.

 

 

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